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Ciencia

El “gusano del diablo” vive a 1,3 kilómetros bajo tierra y nadie sabe exactamente cómo llegó hasta allí

Un diminuto nematodo fue descubierto en agua caliente atrapada bajo una mina sudafricana, donde casi nadie esperaba encontrar animales. Su genoma revela adaptaciones al calor y al poco oxígeno, pero continúa abierto un misterio fundamental: cómo alcanzó semejante profundidad.
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A 1,3 kilómetros bajo la superficie de Sudáfrica, la oscuridad es absoluta, el espacio disponible es mínimo y el agua que circula por las grietas de la roca alcanza unos 37 °C. Durante mucho tiempo se pensó que un entorno así solo podía albergar microorganismos.

En 2011, un descubrimiento obligó a revisar esa idea. Un equipo internacional encontró allí un nematodo microscópico desconocido para la ciencia, al que llamó Halicephalobus mephisto, en referencia a Mefistófeles, el demonio asociado al mundo subterráneo.

El animal, conocido como el “gusano del diablo”, se alimenta de bacterias y puede reproducirse sin necesidad de aparearse. Su existencia demostró que los ecosistemas profundos no están ocupados únicamente por organismos unicelulares, sino que también pueden sostener animales completos.

Encontraron uno después de filtrar miles de litros

El ejemplar apareció en el agua de una fractura rocosa accesible desde la mina de oro Beatrix. No procedía del agua utilizada por las operaciones mineras: los análisis indicaron que vivía en el sistema subterráneo natural.

El hallazgo tuvo una enorme dosis de suerte. Los científicos filtraron más de 6.480 litros de agua y recuperaron un solo individuo de esta especie. El proceso rompió su cola, una lesión mortal, pero antes de morir la hembra depositó ocho huevos viables. Sus descendientes permitieron mantener una población en laboratorio y realizar los estudios posteriores.

El agua que habitaba llevaba aislada durante miles de años. Las dataciones con carbono 14 la situaron entre los 3.000 y 12.000 años de antigüedad, aunque eso no demuestra que el mismo linaje de gusanos haya permanecido allí durante todo ese periodo.

Un genoma preparado para soportar el calor

En 2019, los investigadores secuenciaron su genoma y encontraron una expansión extraordinaria de genes relacionados con la respuesta al estrés.

Entre ellos aparecieron 126 dominios de proteínas Hsp70, frente a solo 15 en el nematodo de laboratorio Caenorhabditis elegans. Estas proteínas actúan como asistentes moleculares que ayudan a reparar o replegar otras proteínas dañadas por las altas temperaturas. También se detectaron numerosas copias de la familia AIG1, posiblemente relacionada con la supervivencia ante otras condiciones extremas, aunque su función concreta todavía no se conoce.

Su metabolismo también parece haberse adaptado al calor constante. Un estudio de 2024 descubrió que la citocromo c oxidasa —el complejo IV de las mitocondrias— funciona de manera óptima alrededor de los 37 °C, pero prácticamente se apaga a 20 °C. A esa temperatura, el consumo de oxígeno cae más de cuatro veces y el ciclo vital del gusano tarda aproximadamente cuatro veces más en completarse.

Lo que para otros animales sería un ambiente sofocante constituye para este nematodo su temperatura preferida.

El misterio de cómo descendió tanto

Que pueda sobrevivir allí no explica cómo llegó. Una posibilidad es que sus antepasados fueran transportados desde la superficie por agua que penetró gradualmente en grietas y fallas.

Una investigación posterior encontró evidencias de que algunos animales microscópicos presentes en minas profundas estaban emparentados con poblaciones de ríos superficiales. Los movimientos sísmicos pueden abrir temporalmente fracturas, aumentar la circulación del agua y arrastrar organismos hacia nuevas zonas de la corteza.

Sin embargo, esa explicación no se ha demostrado específicamente para H. mephisto. Solo se ha recuperado un ejemplar silvestre, por lo que resulta difícil reconstruir su origen, conocer el tamaño de su población o determinar si todavía vive en otros puntos de la mina.

Un pequeño animal que amplió los límites de la vida

El gusano del diablo no vive cerca del núcleo terrestre ni entre roca fundida. Habita pequeñas cavidades llenas de agua dentro de la corteza, donde encuentra oxígeno escaso, temperaturas elevadas y bacterias de las que alimentarse.

Aun así, su descubrimiento cambió nuestra visión del subsuelo. Los investigadores encontraron nematodos en aguas de fractura situadas entre 0,9 y 3,6 kilómetros de profundidad, demostrando que los animales pueden ocupar espacios mucho más profundos de lo que se consideraba posible.

La incógnita ya no es solo cómo sobrevive un animal tan abajo. También es cuántas formas de vida compleja permanecen ocultas en los kilómetros de roca que todavía no hemos explorado.

Fuente: BBC News.

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