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Ciencia

El agujero de ozono de 2025 fue el quinto más pequeño desde 1992

El agujero de la capa de ozono sobre la Antártida registró en 2025 uno de sus episodios menos severos de las últimas décadas. Aunque las condiciones meteorológicas influyeron favorablemente, los científicos señalan que detrás de la tendencia de recuperación existe un factor fundamental: la reducción mundial de los compuestos químicos que destruyen el ozono gracias al Protocolo de Montreal.
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Cada primavera austral, la capa de ozono sobre la Antártida atraviesa un período de fuerte disminución. Sin embargo, durante 2025 el fenómeno fue notablemente menor que en muchas temporadas anteriores.

Según NASA y NOAA, entre el 7 de septiembre y el 13 de octubre el agujero presentó una superficie media de 18,71 millones de kilómetros cuadrados, lo que lo convirtió en el quinto más pequeño registrado desde 1992. Su extensión máxima se produjo el 9 de septiembre, cuando alcanzó 22,86 millones de kilómetros cuadrados.

La Organización Meteorológica Mundial también señaló que tanto la profundidad como la extensión del agujero estuvieron muy por debajo del promedio observado entre 1990 y 2010.

El Protocolo de Montreal empieza a mostrar sus resultados

La recuperación no ocurrió de un año para otro.

Durante décadas, sustancias como los clorofluorocarbonos o CFC, utilizadas antiguamente en refrigeradores, sistemas de aire acondicionado, aerosoles y espumas, liberaron cloro y bromo en la estratósfera. Allí, estos elementos participan en reacciones químicas capaces de destruir moléculas de ozono.

El Protocolo de Montreal, adoptado en 1987, impulsó la eliminación progresiva de estos compuestos. Su aplicación permitió retirar alrededor del 99% de las sustancias controladas que agotan la capa de ozono.

El efecto ya puede medirse. Según NOAA, la concentración de sustancias destructoras de ozono en la estratósfera antártica ha disminuido aproximadamente un tercio desde su máximo cercano al año 2000.

Eso no significa que el problema esté resuelto. Muchos de estos compuestos permanecen en la atmósfera durante décadas o incluso siglos.

El clima también ayudó en 2025

El tamaño del agujero varía considerablemente de un año a otro debido a las condiciones meteorológicas de la estratósfera.

En 2025, un vórtice polar más débil durante agosto favoreció temperaturas relativamente elevadas y contribuyó a limitar la destrucción del ozono. Por eso, los científicos advierten que un año especialmente favorable no debe interpretarse por sí solo como prueba de recuperación completa.

Sin embargo, cuando se observa la evolución de varias décadas, la tendencia sí apunta hacia una recuperación progresiva.

Otro indicador utilizado por los investigadores es el déficit de masa de ozono, que calcula cuánto ozono tendría que añadirse para elevar la columna atmosférica hasta un nivel de referencia de 250 Unidades Dobson. En 2025 alcanzó un máximo de 36,7 millones de toneladas, más de un 25% por debajo del promedio registrado entre 1990 y 2010.

Uno de los grandes éxitos ambientales internacionales

La importancia de la capa de ozono va mucho más allá de la Antártida. Situada en la estratósfera, funciona como un escudo natural que absorbe gran parte de la radiación ultravioleta UV-B procedente del Sol. Su recuperación ayuda a reducir riesgos de cáncer de piel y cataratas y protege cultivos y ecosistemas acuáticos y terrestres.

El Protocolo de Montreal también terminó teniendo consecuencias climáticas positivas, ya que muchas de las sustancias eliminadas eran potentes gases de efecto invernadero. Además, su Enmienda de Kigali incorporó la reducción progresiva de los hidrofluorocarbonos, que no destruyen el ozono pero poseen un elevado potencial de calentamiento.

La capa de ozono todavía necesitará décadas para recuperar las condiciones anteriores a su deterioro. Pero los datos de 2025 ofrecen una señal especialmente clara: cuando la ciencia, la regulación internacional y el seguimiento a largo plazo trabajan conjuntamente, incluso un problema ambiental de escala planetaria puede comenzar a revertirse.

 

 

Fuente: Noticias Ambientales.

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