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Ciencia

El esqueleto de un bebé neandertal está obligando a replantear su evolución. Su cuerpo revela algo incómodo: no crecían como nosotros y su desarrollo empezaba a ser distinto desde los primeros meses de vida

Un bebé enterrado hace más de 50.000 años está reabriendo una de las preguntas más incómodas de la evolución humana. El análisis de sus huesos sugiere que los neandertales no solo eran distintos como adultos: su forma de crecer ya seguía otro ritmo desde los primeros meses de vida.
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Durante años, la imagen de los neandertales fue cambiando poco a poco. De especie torpe y primitiva pasaron a ser vistos como humanos cercanos, con cultura, lenguaje y hasta vínculos con nuestros propios ancestros. Pero hay algo que sigue marcando una distancia clara. Y empieza mucho antes de lo que se pensaba.

Un bebé que no encaja del todo con nuestra forma de crecer

El esqueleto de un bebé neandertal está obligando a replantear su evolución. Su cuerpo revela algo incómodo: no crecían como nosotros y su desarrollo empezaba a ser distinto desde los primeros meses de vida
© Cortesía de la paleoantropóloga Erella Hovers.

Amud 7 es el nombre que recibe un bebé neandertal encontrado en una cueva cerca del mar de Galilea, en Israel. Vivió hace entre 51.000 y 56.000 años y, aunque fue descubierto en los años 60, no ha sido hasta ahora cuando su cuerpo se ha analizado en profundidad.

El estudio, publicado en Current Biology, reconstruye gran parte de su anatomía a partir de 111 huesos recuperados. Y es ahí donde aparece el primer problema: su edad no encaja con su desarrollo. Según sus dientes (uno de los indicadores más fiables en bebés) Amud 7 tendría alrededor de seis meses. Pero su esqueleto cuenta otra historia, explica el diario El País. El tamaño de sus huesos largos y el volumen de su cráneo, estimado en unos 879 centímetros cúbicos, corresponden más a un bebé humano moderno de varios meses más.

No es una diferencia enorme. Pero es suficiente para cambiar la interpretación.

Crecer más rápido no es solo crecer antes

Si se acepta que la edad dental es la más precisa, entonces Amud 7 no era un bebé “más grande”, sino un bebé que se desarrollaba a otro ritmo. Más rápido en términos corporales y cerebrales. Y ese patrón no parece ser una excepción.

Comparaciones con otros restos infantiles neandertales muestran la misma tendencia: cuerpos más desarrollados para edades equivalentes. Eso sugiere una biología distinta, no solo una variación individual. En otras palabras, los neandertales no solo crecían. Crecían de otra manera.

Diferentes desde el inicio, no por el entorno

Durante mucho tiempo, parte de la explicación de estas diferencias se apoyaba en el entorno. Los neandertales vivieron en Eurasia bajo condiciones más duras, con climas extremos y recursos variables. Era lógico pensar que su cuerpo se adaptaba con el tiempo. Pero Amud 7 apunta a algo más profundo.

Incluso en sus primeros meses de vida, ya muestra rasgos característicos de su especie: huesos más robustos, proporciones distintas en las extremidades, una estructura craneal particular. No son cambios adquiridos con el crecimiento. Están ahí desde el principio. Eso indica que la diferencia no es solo adaptación. Está integrada en su desarrollo biológico.

Una diferencia pequeña… con consecuencias enormes

El esqueleto de un bebé neandertal está obligando a replantear su evolución. Su cuerpo revela algo incómodo: no crecían como nosotros y su desarrollo empezaba a ser distinto desde los primeros meses de vida
© Ella Been.

Genéticamente, neandertales y humanos modernos son sorprendentemente parecidos. Se diferencian en apenas un centenar de genes. Sin embargo, lo que este estudio sugiere es que la clave podría no estar tanto en los genes en sí, sino en cómo se activan durante el desarrollo.

Pequeñas variaciones en la regulación genética podrían haber generado ritmos de crecimiento distintos. Y eso, a su vez, habría influido en aspectos fundamentales como el metabolismo, el gasto energético o incluso la forma en que se desarrollaba el cerebro. La diferencia, vista así, deja de ser superficial.

La pregunta que deja este hallazgo es difícil de ignorar

El caso de Amud 7 no solo añade información sobre los neandertales. También obliga a mirarnos a nosotros mismos desde otro ángulo. Porque si ellos crecían más rápido, la comparación es inevitable.

¿Eran ellos los que tenían un desarrollo acelerado… o somos nosotros los que seguimos un ritmo más lento? La respuesta no es sencilla. Pero lo que sí parece claro es que las diferencias entre ambas especies no empiezan en la adultez, ni en la cultura, ni siquiera en el comportamiento. Empiezan en algo mucho más básico. Empiezan en cómo crece un bebé.

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