Según reportó Okdiario, José Antonio Pérez, presidente de la Federación de Cofradías de Pescadores de Galicia y patrón mayor de Ribeira, confirmó una baja real en las capturas respecto del año anterior, que atribuye en parte a una veda biológica más corta que la de la campaña previa (dos meses en lugar de tres) y a un invierno de fuertes temporales que dificultó el desarrollo del pulpo en la costa exterior.
El matiz geográfico lo aportó Miguel Salvande, técnico de la Consellería do Mar de la Xunta de Galicia: no hay un descenso homogéneo en todo el litoral gallego. De Finisterre hacia el norte, en el mar Cantábrico, la producción sí cae de forma marcada. De Finisterre hacia el sur, en las Rías Baixas, se mantiene dentro de los promedios habituales para una especie de ciclo biológico corto, que de por sí ya tiene oscilaciones año a año.
El mecanismo que fertiliza un lado de la costa

La explicación de fondo es un fenómeno oceanográfico llamado afloramiento costero, o upwelling, extensamente documentado por el Instituto de Investigaciones Marinas del CSIC en Galicia. Cuando el viento del nordeste sopla con fuerza sobre la costa gallega, algo típico entre marzo y octubre, arrastra el agua superficial hacia mar abierto por el efecto combinado del viento y la rotación terrestre. Ese hueco lo llena agua profunda, fría (entre 11 y 13 grados) y muy rica en nutrientes, que fertiliza las Rías Baixas y dispara la producción de fitoplancton, la base de toda la cadena alimenticia marina, incluida la del pulpo. Un estudio del propio instituto encontró que la ría de Vigo puede responder a ese afloramiento en apenas seis u ocho horas desde que arranca el viento, una velocidad de reacción notable para un ecosistema costero.
El mismo viento, un efecto contrario en el Cantábrico

El Cantábrico gallego no tiene ese mismo escudo. Sin una geografía que favorezca el afloramiento en esa franja de costa, el agua superficial se calienta durante el verano y, al no haber un viento que la desplace y la reemplace por agua fría, esa capa cálida queda estancada, sin mezclarse con las capas profundas. Eso bloquea el ascenso de nutrientes y empobrece la base de la cadena alimenticia justo en la temporada en que el pulpo más los necesita.
Especialistas en meteorología marina gallega describen, además, un mecanismo casi inverso operando en simultáneo: los vientos del norte y noroeste, frecuentes en el Cantábrico durante el verano y asociados al anticiclón de las Azores, generan un fenómeno de downwelling (el proceso contrario al afloramiento) que apila agua caliente contra la costa en lugar de renovarla. La diferencia de temperatura superficial resultante entre las Rías Baixas y el Cantábrico puede llegar a los 5 o 7 grados en pleno verano, una brecha térmica que un animal con requerimientos ambientales estrechos, como el pulpo, no siempre puede tolerar.
Un animal que prefiere moverse antes que aguantar

Cuando la temperatura del agua supera los límites que el pulpo tolera bien, la especie no se queda a resistir: se desplaza hacia aguas más profundas y frías, o migra hacia el norte de Europa, en busca de condiciones más parecidas a las que necesita para alimentarse y reproducirse. Es un comportamiento coherente con lo que también se observó recientemente en el Reino Unido, donde una combinación distinta de calor marino y corrientes derivó en una floración inusual de pulpos frente a las costas de Cornualles y Devon: la misma especie respondiendo, de maneras opuestas, a condiciones térmicas que se salen de lo habitual en direcciones distintas.
José Antonio Pérez también expresó una preocupación adicional: si la flota está capturando en las rías ejemplares con hueva (es decir, hembras a punto de desovar) porque el descanso biológico no coincidió con el momento real de la desova, el impacto de esta temporada podría no limitarse a este año y afectar también a las campañas siguientes.
Por qué las lonjas no reflejan la escasez que sienten los pescadores
La aparente contradicción entre menos pulpo en el agua y lonjas bien abastecidas tiene una explicación puramente comercial: una fuerte presencia de pulpo importado, procedente de Marruecos, Mauritania, Reino Unido, Irlanda y Francia, cubre buena parte de la demanda en los mercados gallegos. Es un recordatorio de que el precio y la disponibilidad en una pescadería no siempre reflejan, en tiempo real, lo que está pasando con una población silvestre local: el comercio internacional puede amortiguar, al menos durante un tiempo, un problema que ya es visible mar adentro.