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Tecnología

El Salvador está mirando sus cultivos desde el espacio: usa tecnología de Google para anticipar sequías, plagas y pérdidas

El Salvador está usando el sistema MIRA, una plataforma de monitoreo agropecuario apoyada en datos satelitales y tecnología de Google, para observar parcelas, medir humedad del suelo y detectar riesgos productivos. La promesa es clara: sembrar con más datos, perder menos cosechas y estabilizar alimentos básicos.
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La agricultura siempre dependió del cielo, pero en El Salvador esa frase empieza a tener un sentido mucho más literal. El país está usando monitoreo satelital, datos de campo y herramientas digitales para decidir dónde sembrar, cuándo regar, qué zonas proteger y cómo anticipar problemas antes de que se conviertan en pérdidas.

La plataforma se llama MIRA, sigla de Monitoreo Inteligente de la Red Agropecuaria. Según explicó el viceministro de Agricultura y Ganadería, Óscar Domínguez, el sistema permite observar parcelas, detectar plagas y enfermedades, medir humedad del suelo y cruzar esa información con decisiones concretas en el terreno.

La herramienta forma parte de la modernización digital impulsada por el Gobierno salvadoreño junto a Google Cloud. En 2023, Google anunció un acuerdo plurianual con El Salvador para instalar operaciones en el país, entregar servicios de Google Distributed Cloud y apoyar la transformación digital de servicios públicos, salud y educación.

Del diagnóstico satelital a la decisión en el campo

La clave de MIRA no está solo en mirar el territorio desde arriba, sino en convertir esa información en decisiones agrícolas. Los datos satelitales se cruzan con información de campo para orientar la entrega de semillas, definir fechas de siembra, ubicar zonas productivas y anticipar riesgos asociados a sequía, exceso de humedad o enfermedades.

El Ministerio de Agricultura y Ganadería presentó MIRA en 2025 como una herramienta alimentada por datos satelitales y procesada con Google Cloud Platform, con el objetivo de estimar riesgos, identificar daños y reducir los tiempos de respuesta ante eventos climáticos.

Ese cambio es importante porque muchas decisiones agrícolas tradicionales se tomaban por experiencia, calendario o costumbre. Ahora, el modelo busca sumar evidencia: humedad del suelo, comportamiento del clima, estado del cultivo y condiciones de cada zona productiva.

La medición de humedad es una de las partes más valiosas. En agricultura, conocer el estado hídrico del suelo ayuda a definir cuándo sembrar, regar, fertilizar o intervenir un cultivo. Programas de observación terrestre como los de NASA explican que los productos de humedad del suelo permiten anticipar sequías, inundaciones y condiciones favorables o desfavorables para la producción agrícola.

Riego, casas malla y drones: la tecnología baja a tierra

Según Domínguez, más del 60% de las manzanas sembradas están migrando a riego, lo que permite sostener producción incluso durante la temporada seca. La decisión de perforar pozos, instalar reservorios o usar sistemas móviles de riego se apoya en la información generada por MIRA.

El sistema también está ayudando a identificar zonas para casas malla e invernaderos. Estas estructuras permiten controlar mejor temperatura, humedad, plagas y disponibilidad de agua. De acuerdo con el viceministro, El Salvador cuenta con 1.486 casas malla activas, muchas con riego automatizado y energía solar.

La modernización no se limita a grandes productores. El Gobierno también destaca el uso de maquinaria agrícola y drones para fumigación, abonado y monitoreo. En reportes previos, Domínguez señaló que los drones con cámaras multiespectrales y el sistema MIRA ayudan a detectar plagas, enfermedades y estrés hídrico en tiempo real, coordinando acciones correctivas en campo.

El resultado más interesante es la diversificación. Con información sobre suelos, clima y humedad, zonas que antes no se asociaban a ciertos cultivos empiezan a entrar en el mapa productivo. Morazán, por ejemplo, aparece ahora como una de las nuevas áreas relevantes para papa, con variedades como Russet y Bellini.

El Salvador está intentando construir una agricultura menos dependiente de la intuición y más apoyada en datos. No significa que la tecnología elimine los riesgos climáticos, pero sí puede cambiar la velocidad de respuesta: detectar antes, regar mejor, intervenir con más precisión y evitar pérdidas que antes se descubrían demasiado tarde.

La imagen es potente: un país pequeño usando satélites, nube, drones, riego y energía solar para proteger cultivos básicos. La agricultura sigue ocurriendo en la tierra, pero cada vez más decisiones empiezan a tomarse desde el espacio.

 

 

Fuente: Infobae.

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