Durante casi tres décadas, la historia parecía clara. Desde el hallazgo que en 2011 mereció el Premio Nobel de Física, sabíamos que el universo se expandía cada vez más rápido. La causa: una misteriosa “energía oscura” que empujaba las galaxias hacia afuera, venciendo la gravedad. Pero un nuevo estudio publicado en Monthly Notices of the Royal Astronomical Society podría obligar a reescribir el guion cósmico.
El equipo de la Universidad de Yonsei, en Corea del Sur, afirma que esa aceleración no solo se habría detenido, sino que el universo estaría entrando ya en una fase de expansión desacelerada. Según su autor principal, el astrónomo Young-Wook Lee, la energía oscura “evoluciona con el tiempo mucho más rápido de lo que se pensaba”. Si esto es cierto, la fuerza que creíamos eterna podría estar debilitándose.
Una fuerza invisible que podría no ser tan constante

La energía oscura sigue siendo una de las mayores incógnitas del cosmos. No sabemos qué es, pero la mayoría de los modelos sostienen que constituye entre el 68% y el 70% del universo. Su existencia se dedujo, no por observación directa, sino por los efectos que provoca: la aceleración del espacio-tiempo.
El nuevo estudio cuestiona ese dogma. Basándose en observaciones de supernovas tipo Ia, las mismas que se usaron para demostrar la expansión acelerada en 1998, los investigadores coreanos sugieren que la energía oscura podría no ser una constante cosmológica. En lugar de una fuerza estable, sería una entidad cambiante, capaz de debilitarse con el tiempo y alterar el ritmo de expansión del universo.
De confirmarse, este hallazgo no sería un simple matiz. Sería un cambio de paradigma en la cosmología moderna, comparable a la transición que supuso descubrir la energía oscura hace casi tres décadas.
Supernovas como relojes del cosmos
Las supernovas tipo Ia han sido durante décadas el patrón oro para medir distancias cósmicas. Su brillo predecible permite estimar la velocidad a la que se alejan las galaxias. Pero el equipo de Yonsei introdujo una variable que había sido pasada por alto: la edad de las estrellas progenitoras.
Al corregir sus modelos con este factor, encontraron que los datos no encajan del todo con una expansión cada vez más rápida. Más bien, apuntan a un universo que, tras milenios de aceleración, comienza a frenarse. Esa desaceleración no implica un colapso inminente, pero sí sugiere que la energía oscura —lejos de ser una constante universal— podría estar diluyéndose o transformándose.
La cautela científica y el temblor teórico

La comunidad científica ha recibido el estudio con una mezcla de fascinación y prudencia. Físicos del Instituto de Ciencias del Espacio y del Instituto de Astrofísica de Andalucía coinciden en su carácter “novedoso”, pero piden cautela: es un solo estudio, y los resultados deben ser verificados con otras metodologías.
El físico Emilio Elizalde lo resume de esta manera: “Si se confirma, sería un terremoto”. Y no exagera. Los cimientos de la cosmología moderna —el modelo Lambda-CDM— se basan precisamente en que la energía oscura es constante. Cambiar esa premisa significaría reescribir nuestra comprensión del pasado, del futuro y del equilibrio del universo.
Un universo que se resiste a desaparecer
Tras el Big Bang, el universo se expandió de manera explosiva. Luego, la gravedad frenó esa expansión. Y hace unos nueve mil millones de años, algo la volvió a acelerar: la energía oscura. Si ahora esa aceleración se desvanece, podríamos estar entrando en una nueva era cósmica, una en la que el espacio mismo comience a perder impulso.
El destino final sigue abierto. Algunos modelos predicen que, si la desaceleración se mantiene, el cosmos podría estabilizarse y dejar de expandirse algún día. Otros, más extremos, sugieren un escenario inverso al Big Bang: un Big Crunch, un repliegue lento y monumental donde todo volvería al punto de partida.
Por ahora, sólo sabemos una cosa: el universo, lejos de ser una máquina eterna de expansión, parece tener su propio pulso, un ritmo que late, se acelera y, quizá, comienza a calmarse.