Saltar al contenido
Ciencia

El universo pudo nacer magnetizado: campos diminutos habrían dejado su huella en la gigantesca red cósmica

Nuevas simulaciones y observaciones están acotando la intensidad de los campos magnéticos que pudieron existir poco después del Big Bang. Aunque la gravedad continúa siendo la gran arquitecta del cosmos, este magnetismo primitivo podría haber influido en el gas y haber sobrevivido dentro de los filamentos que conectan las galaxias.
Por

Tiempo de lectura 3 minutos

Comentarios (0)

Si pudiéramos observar el universo a escalas gigantescas, las galaxias no aparecerían distribuidas al azar. Se agrupan formando una inmensa red cósmica, compuesta por filamentos de materia separados por enormes regiones prácticamente vacías.

La explicación principal para esta estructura continúa siendo la gravedad. Pequeñas irregularidades de densidad presentes en el universo temprano crecieron progresivamente bajo la influencia gravitatoria de la materia oscura, acumulando también gas y dando lugar finalmente a galaxias y cúmulos. Pero existe otro ingrediente cuya historia todavía no conocemos completamente: el magnetismo cósmico.

Los astrónomos encuentran campos magnéticos no solo dentro de estrellas y galaxias, sino también en cúmulos y posiblemente en los débiles filamentos que conectan estas estructuras. Averiguar de dónde proceden podría ofrecer información sobre procesos ocurridos mucho antes de que existieran las primeras estrellas.

Campos magnéticos nacidos poco después del Big Bang

Una de las hipótesis plantea que pequeñas “semillas” magnéticas pudieron aparecer durante épocas extremadamente tempranas del universo, posiblemente relacionadas con la inflación cósmica o con transiciones de fase producidas mientras el cosmos se enfriaba.

Estos hipotéticos campos magnéticos primordiales habrían sido extraordinariamente débiles.

Sin embargo, el plasma del universo temprano estaba formado por partículas cargadas y podía interactuar con estos campos. Posteriormente, a medida que la materia comenzó a concentrarse por efecto de la gravedad, las líneas magnéticas también pudieron comprimirse y amplificarse.

Las simulaciones muestran que diferentes tipos de campos iniciales pueden terminar dejando distribuciones magnéticas distintas en cúmulos, puentes, filamentos y vacíos cósmicos, lo que significa que parte de la información sobre su origen podría haber sobrevivido durante miles de millones de años.

Más de 250.000 modelos para buscar una señal

Uno de los avances más interesantes procede de un estudio publicado en Physical Review Letters en 2025.

Investigadores dirigidos por Mak Pavičević utilizaron más de 250.000 modelos para analizar el llamado bosque de Lyman-alfa, un conjunto de marcas que aparece en la luz procedente de cuásares muy distantes cuando atraviesa nubes de hidrógeno intergaláctico.

Este gas funciona como una especie de registro de cómo estaba distribuida la materia en etapas relativamente tempranas del universo.

Los científicos encontraron una pequeña señal compatible con un campo primordial cercano a 0,2 nanogauss, pero los propios autores advierten que no puede considerarse una detección definitiva. Aplicando criterios más conservadores, establecieron que estos campos deberían tener una intensidad inferior a aproximadamente 0,30 nanogauss para el modelo estudiado.

El misterio del magnetismo entre las galaxias

Otra pista procede de la radioastronomía.

Estudios de los filamentos de la red cósmica mediante rotación de Faraday y emisión sincrotrón han encontrado señales compatibles con campos magnéticos extremadamente débiles, del orden de decenas de nanogauss.

Una revisión de 2025 comparó estos resultados con simulaciones cosmológicas y concluyó que algunas mediciones favorecen un componente magnético primordial frente a modelos en los que todo el magnetismo fue generado posteriormente por galaxias y agujeros negros. Sin embargo, otras observaciones continúan siendo ambiguas. Por eso, encontrar magnetismo en regiones poco densas no constituye todavía una prueba definitiva de que proceda del Big Bang.

SKA podría ayudar a resolver el misterio

La próxima gran oportunidad llegará con observatorios como el Square Kilometre Array (SKA), acompañado por instrumentos como LOFAR, MeerKAT y ASKAP.

Su enorme sensibilidad permitirá estudiar la polarización de miles de fuentes de radio y reconstruir con mucha más precisión cómo se distribuye el magnetismo en los filamentos intergalácticos. Precisamente uno de los grandes objetivos científicos del SKA es determinar cuándo surgieron los primeros campos magnéticos y cómo evolucionaron junto con la red cósmica.

Si esas observaciones encuentran una señal coherente con campos anteriores a las primeras galaxias, tendríamos una nueva ventana hacia una época del universo que ningún telescopio puede observar directamente. La gravedad seguiría siendo la principal arquitecta del cosmos, pero el magnetismo podría haber sido uno de los ingredientes invisibles presentes desde sus primeros capítulos.

Fuente: Noticias de la Ciencia y la Tecnología.

Compartir esta historia

Artículos relacionados