En junio de 1979, una mujer de Florida tomó una decisión que parecía sacada de una película: trepar hasta un nido de águila abandonado, situado a unos 15 metros del suelo, e instalarse allí durante casi una semana. No buscaba establecer un récord ni demostrar sus habilidades como escaladora. Quería llamar la atención sobre una crisis ambiental que estaba acabando con uno de los símbolos más reconocibles de Estados Unidos.
Su nombre era Doris Mager, y por entonces llevaba años rescatando aves rapaces heridas. El problema era que no disponía de instalaciones adecuadas para atenderlas. Había llegado a acumular varias águilas en el patio de su propia casa, mientras intentaba conseguir dinero para construir un centro especializado.
Lo que ocurrió después superó sus expectativas. Su protesta atrajo a periodistas, curiosos y donantes, y terminó impulsando una institución que continúa funcionando casi medio siglo después. En noviembre de 2025, el centro alcanzó un nuevo hito: la liberación de su águila calva número 800.
Una semana entre las ramas para evitar que desaparecieran las águilas

A comienzos de los años setenta, el águila calva (Haliaeetus leucocephalus) atravesaba una situación crítica en Estados Unidos. La pérdida de hábitat, la caza ilegal y los efectos del pesticida DDT habían provocado una fuerte disminución de su población. En Florida, durante 1973, apenas se documentaron 88 nidos activos.
Mager conocía aquella crisis de primera mano. Su historia con las rapaces había comenzado en 1963, cuando alguien llevó un halcón de cola roja con una pata infectada a la tienda de Audubon donde trabajaba. Decidió cuidarlo en su casa y, un mes después, consiguió devolverlo a la naturaleza. Con el tiempo, comenzaron a llegar más animales y comprendió que la rehabilitación necesitaba algo más que buena voluntad. Según Audubon, que reconstruyó su historia en 2019, Mager decidió instalarse en el nido el 14 de junio de 1979, aprovechando que las águilas habían dejado de utilizarlo.
Sus amigos colocaron una escalera, pararrayos y un sistema de poleas para subir comida y agua. Durante la estancia, unas 50 personas acudían diariamente a verla. Incluso hubo jornadas de tormenta en las que el árbol se balanceaba peligrosamente.
La iniciativa consiguió la atención pública que necesitaba. El 19 de octubre de aquel mismo año abrió sus puertas el Audubon Center for Birds of Prey, en Maitland, Florida. La campaña de Mager fue una de las claves que permitieron financiarlo.
De una protesta en un árbol a 800 águilas devueltas a la naturaleza

El centro comenzó atendiendo aves rapaces heridas, enfermas o huérfanas, pero sus responsabilidades fueron creciendo. Con el tiempo incorporó instalaciones veterinarias, programas de rehabilitación y seguimiento de poblaciones silvestres.
La recuperación del águila calva también avanzó a escala nacional gracias a diferentes medidas de conservación, incluida la prohibición del DDT y la protección legal de la especie. En 2007, el Gobierno estadounidense la retiró de la lista federal de especies amenazadas y en peligro de extinción. En 2019, cuando Audubon celebró el 40.º aniversario del centro, sus instalaciones ya habían permitido devolver a la naturaleza más de 620 águilas calvas. Sin embargo, la cifra siguió aumentando y, el 21 de noviembre de 2025, alcanzó las 800 liberaciones.
El comunicado oficial de Audubon sobre la liberación número 800 permite comprender la importancia de ese trabajo. El ejemplar había ingresado en octubre de 2025 tras sufrir heridas durante una disputa territorial con otra águila. También presentaba intoxicación por plomo, uno de los riesgos que todavía afectan a estas aves. Después de recibir tratamiento, recuperó las condiciones necesarias para regresar a la naturaleza. Su liberación se produjo en Sorrento, Florida, el 21 de noviembre.

La historia de Mager también tiene un desenlace personal. La conservacionista continuó trabajando durante décadas, recorrió Estados Unidos con aves utilizadas en programas educativos y fundó la organización Save Our American Raptors. Murió en 2023, a los 98 años. Su legado, sin embargo, sigue creciendo. Según una investigación publicada por Winter Park Magazine en junio de 2026, el centro recibe actualmente entre 600 y 800 aves rapaces enfermas, heridas o huérfanas cada año, y continúa ampliando sus instalaciones.
La recuperación de las águilas calvas fue resultado de décadas de políticas ambientales, trabajo científico y esfuerzos de conservación colectivos. Doris Mager no consiguió salvar la especie por sí sola, pero su decisión de pasar casi una semana en un árbol ayudó a crear algo duradero. Aquella protesta de 1979 parecía una extravagancia. Casi medio siglo después, sus consecuencias pueden medirse en cientos de águilas que volvieron a volar libres.