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Ciencia

Una cueva de Cantabria quedó sellada durante miles de años y conservó algo extraordinario. En su interior había una casa de la Edad de Piedra casi intacta

Un derrumbe dejó aislada una cueva de Cantabria durante milenios. Cuando los arqueólogos lograron entrar, encontraron una vivienda de hace 16.800 años y miles de objetos que revelan cómo era la vida en la Edad de Piedra.
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Hay descubrimientos arqueológicos que permiten reconstruir una civilización a partir de fragmentos. Y después están los lugares donde el pasado parece haberse detenido. En una cueva de Cantabria, un antiguo derrumbe cerró el acceso natural y dejó protegido un espacio que conserva algo excepcional: el suelo de una vivienda de hace 16.800 años, con miles de restos de las actividades de quienes la habitaron.

No se trata de un asentamiento reconstruido a partir de unas pocas piedras dispersas. En el interior de La Garma, los investigadores identificaron la disposición de una pequeña cabaña, los vestigios de su hoguera y hasta los lugares donde sus ocupantes fabricaban herramientas y preparaban animales para alimentarse.

La galería inferior fue descubierta en 1995, pero los resultados detallados del estudio de esta vivienda se presentaron en 2023. El hallazgo ofrece una oportunidad poco habitual: observar cómo se organizaba la vida cotidiana de un grupo de cazadores-recolectores durante el Paleolítico superior.

Una casa de cinco metros cuadrados que sobrevivió al final de la Edad de Hielo

Una cueva de Cantabria quedó sellada durante miles de años y conservó algo extraordinario. En su interior había una casa de la Edad de Piedra casi intacta
El suelo de ocupación prehistórica conserva piedras, estalagmitas y materiales arqueológicos en su posición original. © Proyecto La Garma / Gobierno de Cantabria.

La Garma se encuentra en Ribamontán al Monte y forma parte de un complejo arqueológico reconocido como Patrimonio Mundial por la UNESCO. Su galería inferior había quedado aislada por un derrumbe ocurrido hacia el final del Pleistoceno, lo que contribuyó a conservar los suelos prehistóricos sin las alteraciones habituales de otros yacimientos. Según la documentación del Ministerio de Cultura sobre La Garma, la galería fue localizada el 2 de noviembre de 1995. Desde entonces, el trabajo arqueológico ha permitido examinar superficies que conservan restos de ocupación del Magdaleniense medio, un periodo de la última Edad de Hielo.

La vivienda documentada ocupaba una superficie ovalada de apenas cinco metros cuadrados. Sus habitantes habían aprovechado bloques de piedra y estalagmitas para sujetar una estructura de palos y pieles, apoyada contra una cornisa natural de la pared. En el centro ardía una pequeña hoguera. Esta disposición permitía aprovechar el abrigo de la cueva y, al mismo tiempo, delimitar un espacio doméstico. Los investigadores pudieron identificar distintas actividades alrededor del fuego: fabricación de utensilios, tratamiento de pieles y procesamiento de animales cazados.

El equipo dirigido por Pablo Arias, de la Universidad de Cantabria, y Roberto Ontañón, del Museo de Prehistoria y Arqueología de Cantabria, presentó los resultados el 30 de noviembre de 2023. La Universidad de Cantabria describió la estructura como una de las viviendas paleolíticas mejor conservadas del mundo.

Los 4.614 objetos que cuentan una historia que los huesos no podían explicar por sí solos

Una cueva de Cantabria quedó sellada durante miles de años y conservó algo extraordinario. En su interior había una casa de la Edad de Piedra casi intacta
Falange perforada de uro, decorada con el grabado del animal y una representación esquemática de un rostro humano. © Proyecto La Garma.

La verdadera importancia de la vivienda no reside únicamente en su antigüedad. Al estudiar su interior, los arqueólogos documentaron 4.614 restos y objetos, cuya distribución permite interpretar qué actividades se desarrollaban alrededor de la hoguera.

La mayoría corresponde a huesos de ciervos, caballos y bisontes. Sin embargo, también aparecieron unas 600 piezas de sílex, agujas, azagayas, un precursor de arpón y conchas de moluscos marinos. Estas últimas son especialmente interesantes porque conectan la vivienda con el entorno costero. Junto con los instrumentos de caza y las herramientas para trabajar pieles, muestran que aquel pequeño refugio concentraba distintas tareas relacionadas con la supervivencia.

Pero entre todos los materiales destacó una pieza singular: una falange de uro (un bovino salvaje extinguido) perforada y decorada con el dibujo del propio animal y una cara humana. Los responsables de la investigación consideran que se trata de una representación excepcional dentro del Paleolítico europeo.

El estudio presentado por la Universidad de Cantabria también identificó colgantes y otros objetos ornamentales, pruebas de que la vida de aquellos grupos no se limitaba a conseguir alimentos y fabricar herramientas. La expresión simbólica y el adorno personal también formaban parte de su mundo.

La tecnología está permitiendo estudiar la cueva sin destruir aquello que la hace única

En un yacimiento tan bien conservado, excavar de manera tradicional supone un riesgo: mover los materiales podría hacer desaparecer información sobre su posición original. Por eso, los investigadores apostaron por herramientas digitales capaces de documentar el suelo sin alterarlo.

La metodología combina fotogrametría, escaneos tridimensionales, cartografía magnética y análisis químicos. En septiembre de 2026, la Universidad de Cantabria presentó nuevos avances del sistema de arqueología digital y no invasiva, que permite integrar los resultados en una base de datos y analizarlos fuera de la cueva.

Los resultados van mucho más allá de la pequeña vivienda. Según los datos divulgados en 2026, el conjunto arqueológico acumula más de 213.000 piezas inventariadas y conserva evidencias que abarcan unos 400.000 años de historia.

Lo extraordinario de La Garma es precisamente esa combinación de antigüedad, conservación y nuevas tecnologías. La cueva no solo permite conocer qué herramientas utilizaban nuestros antepasados, sino también cómo distribuían sus actividades, qué comían y qué objetos consideraban suficientemente importantes como para decorarlos.

Durante miles de años, un derrumbe mantuvo buena parte de esa historia fuera del alcance humano. Ahora, el gran desafío de la arqueología es comprenderla sin destruir las huellas que permitieron conservarla.

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