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Ciencia

Las Oriónidas alcanzan su punto máximo: cuándo mirar al cielo para no perderse el espectáculo

Octubre trae una de las lluvias de meteoros más esperadas del año. Sus destellos pueden sorprender a quienes observen el cielo en el momento adecuado, aunque hay un detalle que podría dificultar la experiencia.
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Cada octubre, la Tierra atraviesa una región del espacio llena de diminutos fragmentos que pueden transformar una noche aparentemente tranquila en un espectáculo luminoso. Algunos aparecen como destellos fugaces; otros dejan rastros brillantes que permanecen durante unos instantes en la oscuridad. No se trata de estrellas que caen, sino de partículas que entran a gran velocidad en nuestra atmósfera.

Este fenómeno tiene un origen especialmente interesante: los restos de uno de los cometas más famosos de la historia. Las Oriónidas regresan cada año y ofrecen una oportunidad para observar el cielo sin necesidad de telescopios ni equipos especializados. Sin embargo, elegir el momento y el lugar adecuados puede marcar una gran diferencia, especialmente durante esta edición.

Cuándo y a qué hora se podrán ver las Oriónidas

La lluvia de meteoros Oriónidas permanece activa aproximadamente desde el 2 de octubre hasta el 7 de noviembre. Sin embargo, su periodo de mayor actividad se concentra alrededor de la noche del 22 de octubre, cuando la cantidad de meteoros visibles puede alcanzar su punto máximo.

En condiciones ideales, con un cielo despejado y suficientemente oscuro, es posible observar alrededor de 20 meteoros por hora. Esta cifra es una estimación y no significa que aparezcan de manera regular: pueden transcurrir varios minutos sin que se vea ninguno y, de repente, surgir varios destellos en poco tiempo.

El mejor momento para buscarlos suele ser después de la medianoche local y durante las horas anteriores al amanecer. La recomendación es alejarse de las luces artificiales y dedicar un periodo prolongado a observar el firmamento, en lugar de esperar resultados inmediatos.

El fenómeno puede contemplarse tanto desde el hemisferio norte como desde el hemisferio sur. Por eso, quienes se encuentren en América Latina también tienen la oportunidad de disfrutarlo, siempre que las condiciones meteorológicas y la iluminación del cielo sean favorables.
No obstante, existe un factor que podría restarle protagonismo al espectáculo: la Luna en fase gibosa creciente. Su luminosidad puede dificultar la observación de los meteoros más débiles, sobre todo en lugares donde el cielo ya presenta contaminación lumínica.

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©Björn Landersheim – Pexels

El punto del cielo que conviene observar para encontrar más destellos

El nombre de las Oriónidas está relacionado con la constelación de Orión, una de las regiones celestes más reconocibles por la presencia de estrellas brillantes. Según la NASA, el radiante de esta lluvia se encuentra cerca de Betelgeuse, una estrella rojiza que forma parte de esa constelación.

El radiante es el punto desde el cual los meteoros parecen surgir cuando se observa su trayectoria en el cielo. Sin embargo, esto no significa que todos aparezcan exactamente en esa zona ni que sea necesario mantener la mirada fija en ella.

De hecho, para aumentar las posibilidades de ver más destellos, conviene observar una región amplia del firmamento, preferentemente a una distancia angular de entre 45 y 90 grados respecto del radiante. Así es más fácil distinguir las estelas largas que dejan algunos meteoros al atravesar la atmósfera.

La velocidad es uno de los aspectos más llamativos de este fenómeno. Las partículas de las Oriónidas ingresan en la atmósfera terrestre a unos 66 kilómetros por segundo. La fricción con los gases atmosféricos produce el brillo que percibimos desde el suelo.

En ocasiones, algunos meteoros generan estelas luminosas que pueden mantenerse visibles durante varios segundos. Los ejemplares más brillantes incluso pueden convertirse en bolas de fuego, un efecto que hace que ciertos destellos destaquen claramente sobre el resto.

Cómo prepararse para observar la lluvia de meteoros

Aunque las Oriónidas no requieren instrumentos especiales, hay algunas recomendaciones que pueden mejorar considerablemente la experiencia. La primera consiste en encontrar un lugar oscuro, con una vista despejada del cielo y lejos de las luces de edificios, carreteras y centros urbanos.

También es importante tener paciencia. Los ojos necesitan entre 20 y 30 minutos para adaptarse a la oscuridad, por lo que conviene evitar mirar pantallas brillantes durante ese tiempo. Una vez conseguida esa adaptación, será más fácil distinguir los meteoros menos luminosos.
Para observarlos con comodidad, se puede utilizar una manta, una silla reclinable o un saco de dormir. Permanecer acostado y mirar hacia arriba permite abarcar una zona amplia del firmamento sin forzar el cuello.

A diferencia de otros fenómenos astronómicos, las Oriónidas se disfrutan mejor a simple vista. Los telescopios y los binoculares no son necesarios, ya que ofrecen un campo de visión más limitado y pueden hacer que algunos destellos pasen inadvertidos.

Antes de salir, también es recomendable consultar el pronóstico meteorológico. Las nubes pueden impedir la observación incluso cuando la actividad de la lluvia de meteoros es elevada.

El cometa Halley es el responsable de este espectáculo anual

Detrás de las Oriónidas se encuentra el cometa 1P/Halley, uno de los objetos más conocidos del sistema solar. Este cuerpo celeste recorre una órbita alrededor del Sol y regresa a las proximidades de la Tierra aproximadamente cada 76 años. Su última aparición fue en 1986 y su próximo regreso está previsto para 2061.

A lo largo de su trayectoria, el cometa libera pequeñas partículas y fragmentos de polvo que permanecen distribuidos por su órbita. Cada año, cuando la Tierra atraviesa una de esas corrientes de material, parte de las partículas entra en la atmósfera y produce la lluvia de meteoros.
Las Oriónidas no son el único fenómeno relacionado con este cometa. En mayo, la Tierra atraviesa otra región de su corriente de residuos y da lugar a las Eta Acuáridas, una lluvia de meteoros que comparte el mismo origen.

El nombre Halley rinde homenaje al astrónomo Edmond Halley, quien en 1705 estudió observaciones de cometas anteriores y concluyó que varios de ellos eran, en realidad, distintas apariciones de un mismo objeto. Su predicción permitió anticipar el regreso del cometa y se convirtió en un hito para la astronomía.

Así, cada destello de las Oriónidas representa algo más que una luz fugaz: es el resultado de una interacción entre nuestro planeta y los restos de un visitante cósmico que lleva siglos despertando la curiosidad de la humanidad.

Aunque la Luna puede dificultar la observación de algunos meteoros, buscar un lugar oscuro y mirar el cielo durante las horas adecuadas sigue siendo la mejor estrategia para disfrutar de uno de los espectáculos astronómicos más atractivos de octubre.

 

[Fuente: El Universal]

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