La humanidad dispone de una tecnología capaz de calcular si un asteroide podría impactar contra la Tierra dentro de cien años. Los científicos pueden reconstruir sus órbitas, estimar probabilidades de colisión y actualizar sus cálculos cada vez que reciben nuevas observaciones. Sin embargo, existe una limitación que ninguna computadora puede resolver por sí sola: todavía hay miles de rocas espaciales que ni siquiera sabemos que están ahí.
Algunas reflejan tan poca luz que resultan extremadamente difíciles de detectar. Otras se aproximan desde regiones cercanas al Sol, donde su resplandor impide distinguirlas con telescopios convencionales. Y entre esos objetos desconocidos podrían existir asteroides suficientemente grandes como para provocar daños regionales importantes.
Para cerrar esa brecha, la NASA prepara NEO Surveyor, un telescopio espacial infrarrojo cuyo lanzamiento está previsto no antes de septiembre de 2027. Su misión será encontrar precisamente los objetos que los sistemas actuales tienen mayores dificultades para observar.
Dos sistemas de la NASA buscan impactos que podrían ocurrir dentro de días o incluso décadas

La defensa planetaria comienza mucho antes de que un asteroide represente una amenaza concreta. Observatorios terrestres fotografían repetidamente distintas regiones del cielo para localizar puntos luminosos que se desplazan respecto de las estrellas. Esas mediciones llegan al Minor Planet Center, que centraliza las observaciones astronómicas internacionales.
Después interviene el Centro de Estudios de Objetos Cercanos a la Tierra (CNEOS), del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA. Allí funcionan dos herramientas complementarias: Scout y Sentry. Según la explicación oficial del CNEOS, Scout analiza objetos recién descubiertos y todavía no confirmados, buscando posibles impactos durante los próximos días o semanas. Sentry, en cambio, examina asteroides confirmados y calcula escenarios de colisión durante los siguientes cien años.
Las primeras estimaciones pueden parecer alarmantes porque se basan en muy pocas observaciones. Conforme los telescopios reúnen nuevos datos, las incertidumbres disminuyen y muchas trayectorias potencialmente peligrosas quedan descartadas. Por eso, aparecer en la lista pública de riesgos de la NASA no significa que un asteroide vaya a chocar contra nuestro planeta. Es una señal de que todavía existen escenarios orbitales que deben investigarse.
La NASA confirma que actualmente no se conoce ninguna amenaza significativa de impacto durante los próximos cien años. Sin embargo, esa evaluación corresponde a los objetos detectados y estudiados, no a todos los que existen en el sistema solar.
El nuevo telescopio de la NASA buscará asteroides que parecen invisibles

El problema de los observatorios tradicionales es que dependen principalmente de la luz solar reflejada por los objetos. Un asteroide oscuro puede pasar inadvertido incluso cuando posee dimensiones considerables.
NEO Surveyor cambiará esa estrategia. Utilizará un telescopio de 50 centímetros equipado con dos canales infrarrojos capaces de detectar el calor que emiten los cuerpos calentados por el Sol. Según la información publicada por el JPL en mayo de 2026, el observatorio se instalará cerca del punto de Lagrange L1, a aproximadamente 1,5 millones de kilómetros de la Tierra en dirección al Sol. Desde allí podrá explorar regiones del cielo difíciles de observar desde nuestro planeta.
Su objetivo será descubrir, durante los primeros cinco años de operaciones, al menos dos tercios de los objetos cercanos a la Tierra de más de 140 metros que todavía no han sido detectados. Ese tamaño es especialmente relevante porque un impacto podría ocasionar daños importantes a escala regional.
Encontrar un asteroide peligroso con décadas de anticipación podría cambiarlo todo

El lanzamiento de NEO Surveyor está previsto, como muy pronto, para septiembre de 2027, aunque la documentación presupuestaria de la NASA establece junio de 2028 como fecha de referencia para su disponibilidad de lanzamiento. La misión utilizará un cohete Falcon 9 de SpaceX. La importancia de descubrir nuevas amenazas no consiste solamente en conocer sus dimensiones o trayectorias. Cuanto antes se identifica un objeto potencialmente peligroso, más tiempo existe para estudiar posibles medidas de defensa.
La NASA ya demostró con la misión DART, en 2022, que una nave espacial puede modificar la trayectoria de un asteroide mediante un impacto controlado. Sin embargo, aplicar una estrategia semejante ante una amenaza real exigiría conocerla con suficiente anticipación.
NEO Surveyor no eliminará el peligro de los impactos espaciales ni permitirá predecir absolutamente todas las colisiones. Su función será reducir una de las mayores incertidumbres de la defensa planetaria: la cantidad de objetos potencialmente peligrosos que todavía permanecen ocultos. Porque el desafío de la NASA no consiste únicamente en calcular dónde estará un asteroide dentro de cien años. Antes necesita responder una pregunta mucho más elemental: ¿cuántos de esos asteroides todavía no sabemos que existen?