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Esta cueva es Patrimonio de la Humanidad reconocida por la UNESCO desde 1999, lo que subraya su importancia cultural y artística para la humanidad

Esta cueva es Patrimonio de la Humanidad reconocida por la UNESCO desde 1999, lo que subraya su importancia cultural y artística para la humanidad.
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La Cueva de las Manos del Río Pinturas es el lugar en el que se puede observar un conjunto excepcional de arte rupestre, ejecutado entre los años 13.000 y 9.500 a.C. Debe su nombre a las huellas de manos estampadas en sus paredes con una técnica parecida a la de impresión con plantilla. Además, hay representaciones de especies aún vivas de la fauna local como los guanacos (lama guanicoe). Se cree que las pintaron los antepasados de las comunidades de cazadores-recolectores de Patagonia descubiertas por los colonizadores europeos en el siglo XIX.

El perito de límites Francisco Pascasio Moreno fue el primero en descubrir estas pinturas rupestres, en 1876, Las representaciones abarcan más de 9 mil años de antigüedad, desde el Período Holoceno inicial al Postglaciar. Pero las investigaciones arqueológicas comenzaron en la década de 1960. Se demostró así que los antiguos habitantes del lugar vivían de la caza y la recolección de vegetales silvestres. No sólo pintaron manos, sino también algunos animales, círculos, óvalos y figuras en forma de estrellas.

Estilo y técnicas utilizadas

Utilizaron pigmentos naturales obtenidos de la formación rocosa para “imprimir” principalmente manos izquierdas, aunque también hay impresiones de manos derechas y representaciones de animales y escenas de caza. La técnica utilizada fue el estarcido: aquellos antiguos habitantes apoyaban la palma de la mano sobre el techo o pared de la cueva y luego la cubrían de pintura.

Los artistas prehistóricos raspaban la roca para obtener diferentes tonalidades de pigmentos, como el ocre-amarillo (Natrojarosita), verde (Terra verde), y varios tonos de rojo, desde intenso hasta violáceo o anaranjado (Hematina y Maghemita). Para el color negro se utilizaba óxido de manganeso.

Luego molían esos pigmentos con herramientas de piedra como molinos planos hasta obtener una consistencia adecuada. Para lograr distintas texturas y consistencias, los pigmentos se mezclaban con un fluido aglutinante o alguna solución, lo que permitía obtener pinturas acuosas para tonos rojos y otras más pastosas para tonos blancos.

Mediante análisis de los pigmentos mediante técnicas como la difracción de rayos X se ha revelado la presencia de yeso, lo que proporcionaba una mayor adherencia del pigmento al soporte natural de la roca. Este uso de yeso como aglutinante también ha sido documentado en otros sitios de arte rupestre en América.

Seleccionaban cuidadosamente el soporte rocoso y aprovechaban sus texturas y grietas para crear sus obras. En la Cueva de las Manos, se pueden observar representaciones de guanacos huyendo a ambos lados de una especie de cañadón natural formado por una grieta en la roca. El nombre del cañadón que eligieron los tehuelches es «Kolon Niyeu» (tierra de colores).

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©YouTube

Significado de las pinturas

El significado exacto de las pinturas sigue siendo un misterio, pero es probable que representen rituales, actividades cotidianas y narraciones míticas de estas culturas prehistóricas.

Hoy se sabe que en la Cueva de las Manos está representada una secuencia cultural ininterrumpida de más de ocho milenios y medio. Para los antiguos cazadores de guanacos significó mucho más que un refugio circunstancial. Fue un espacio sacralizado, como una especie de “catedral”. El arte está ligado a prácticas mágico-religiosas propiciatorias de la fertilidad, la reproducción, la caza y la medicina ritual.

Historia y descubrimiento

El sitio arqueológico data de entre 13.000 y 9.500 años a.C., y es un registro de las culturas indígenas que una vez habitaron la región: antiguos tehuelches o patagones, tal vez. El Perito Moreno descubrió la cueva en 1876, pero la historia de las investigaciones en la Cueva de las Manos ha sido un proceso de varios siglos por parte de diversos exploradores y científicos.

En el siglo XIX, viajeros y aventureros como George Musters y Clemente Onelli recorrieron los alrededores del Río Pinturas, pero no llegaron a descubrir las pinturas rupestres. En 1941 el sacerdote Alberto M. de Agostini llegó al sitio y describió sus impresiones en su libro Los Andes, donde publicó algunas fotografías en color.

Sin embargo, las investigaciones científicas más sistemáticas comenzaron en 1964, cuando Carlos J. Gradin, un topógrafo convertido en arqueólogo, inició las primeras exploraciones en el área subterránea. Gradin pasó más de treinta años estudiando el sitio, con respaldo financiero del CONICET y asistencia técnica de unos arqueólogos. El Museo de Arqueología en la localidad de Perito Moreno lleva su nombre: “Carlos J. Gradin”.

¿Dónde está?

En el Parque Provincial Cueva de las Manos, cañadón del valle del río Pinturas, al sur de la localidad de Perito Moreno, en el noroeste de la provincia de Santa Cruz, Patagonia Argentina.

Para acceder a la Cueva se puede utilizar la Ruta Nacional 40, y las Rutas Provinciales 41 y 53. Al llegar, los turistas pueden recorrer primero el centro de interpretación, donde se ofrece un panorama sobre el modo de vida de las poblaciones originarias, las características medioambientales y la historia de los primeros exploradores.

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