Trabajadores de la Municipalidad de Rosario, en el marco de las obras de remodelación de la Plaza de la Cooperación, en la esquina de Mitre y Tucumán, encontraron una serie de cámaras y túneles subterráneos que permanecían ocultos desde hacía más de cuatro décadas. Según confirmó la propia Municipalidad de Rosario, las primeras evaluaciones indican que se trata de los sótanos del antiguo Mercado Norte, demolido a fines de la década de 1970.
El hallazgo se produjo, según relató el subsecretario de Planeamiento municipal, Pablo Florio, al indagar sobre una pequeña sala de bombas ubicada en la plaza: ahí empezaron a aparecer distintos ámbitos llenos de escombros, correspondientes a la propia demolición del mercado, cuyos restos habían sido arrojados dentro de esos subsuelos antes de sellarlos por completo.
Tres sótanos de hasta 30 metros de largo, con azulejos y mesadas
Hasta el momento, el municipio confirmó la existencia de tres sótanos, de unos 4 metros de ancho por entre 25 y 30 metros de largo cada uno, que en conjunto suman entre 450 y 500 metros cuadrados de superficie subterránea. Uno de ellos corre paralelo al Pasaje Poeta Fabricio Simeoni, antes llamado Zabala, mientras que los otros dos son perpendiculares a este, en dirección al centro de la plaza.
Según describieron funcionarios municipales tras recorrer el lugar, algunos de los sótanos conservan revestimiento de azulejos, instalación eléctrica y lo que parecen haber sido mesadas para la manipulación de alimentos, posiblemente vinculadas al fraccionamiento de mercadería que después se vendía en el propio mercado, a ras del suelo.
Un mercado que arrancó en 1857 y terminó bajo una plaza
El Mercado Norte se inauguró en 1857, apenas cinco años después de la fundación de Rosario como ciudad, con ese nombre para diferenciarse del Mercado Sud, ubicado en San Martín y San Luis. El crecimiento de la demanda llevó a levantar instalaciones más amplias en el mismo predio entre 1876 y 1877, en el sector delimitado por las calles Mitre, Tucumán y el propio Pasaje Simeoni.
Durante buena parte del siglo siguiente, el mercado enfrentó reclamos constantes de la ciudadanía por sus condiciones de higiene: sin refrigeración, expuesto a la suciedad de carros y caballos y con presencia constante de roedores. El avance de los supermercados y las nuevas formas de abastecimiento, a partir de la década de 1960, terminó de acelerar su decadencia. La Municipalidad dispuso su cierre definitivo en 1979, y al año siguiente, ya durante la última dictadura militar, se demolió el edificio casi en su totalidad para dar paso a la actual Plaza de la Cooperación, inaugurada en 1982.
Un ficus que casi se cae por culpa de un túnel
El hallazgo tuvo una consecuencia directa sobre el propio arbolado de la plaza: sobre uno de los túneles había crecido un ejemplar de ficus cuyas raíces, con el paso de los años, terminaron perforando la estructura subterránea. Al no contar con el arraigo suficiente por el obstáculo que representaba el túnel debajo, el árbol quedó con un anclaje comprometido, un riesgo concreto de caída frente a la mayor frecuencia de tormentas intensas registradas en la región. El municipio decidió extraerlo de forma preventiva, en el marco de la misma obra que buscaba renovar el arbolado del espacio.
La leyenda del contrabando, sin confirmación
El hallazgo también reavivó una vieja versión sobre el origen de este tipo de estructuras subterráneas en la ciudad. El historiador Camilo Scaglia señaló que, dada la tradición ferroviaria y portuaria de Rosario, y las dificultades logísticas que generaba antiguamente el cruce de mercadería y animales, se instaló entre los vecinos la idea de que estos túneles pudieron usarse para el contrabando. Se trata, de todos modos, de una versión que no cuenta con ninguna confirmación documental.
Vidrios en el piso para no volver a esconder la historia
El municipio ya definió qué hacer con el hallazgo: en lugar de volver a sellar las estructuras, planea colocar sectores de piso vidriado sobre algunos tramos de la plaza, de manera que los vecinos puedan observar los antiguos sótanos desde la superficie sin necesidad de bajar. Florio resumió el criterio detrás de esa decisión: cuando se construyó la plaza en su momento se optó por esconder estas estructuras, mientras que ahora el municipio prefiere mostrarlas.
El desafío no es menor: los subsuelos acumulan humedad y deterioro tras casi cinco décadas de tránsito de un espacio público por encima, lo que obliga a un trabajo de relevamiento y conservación más complejo del que inicialmente se había previsto para la obra.