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Ciencia

La enorme pieza del Pacífico que se mueve bajo Sudamérica y guarda una amenaza difícil de predecir

Bajo el océano existe una gigantesca estructura geológica que lleva millones de años transformando el continente y continúa influyendo en su intensa actividad sísmica.
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Hay lugares del planeta donde la tierra parece tranquila hasta que se observa lo que ocurre varios kilómetros por debajo de la superficie. En el borde occidental de Sudamérica, una enorme pieza de la corteza terrestre avanza lentamente desde el océano hacia el continente. Su movimiento es casi imperceptible para una persona, pero sus consecuencias pueden sentirse a cientos de kilómetros de distancia.

El fenómeno forma parte de una de las zonas geológicas más activas del mundo y está relacionado con algunos de los terremotos más potentes registrados en el planeta. Además, su historia está estrechamente vinculada con la formación de los Andes y con una transformación que comenzó hace millones de años.

Lo más llamativo es que esta estructura continúa desplazándose en la actualidad. Y aunque los científicos conocen bastante bien el mecanismo que genera la tensión, todavía existe una pregunta imposible de responder con precisión: cuándo volverá a liberarse una parte importante de esa energía.

Una gigantesca placa avanza bajo el continente

La protagonista de esta historia es la placa de Nazca, una enorme sección de corteza oceánica situada bajo el Pacífico oriental. Su movimiento está directamente relacionado con la actividad sísmica que afecta a buena parte del litoral occidental de Sudamérica.

El mecanismo responsable recibe el nombre de subducción. La placa de Nazca se desplaza hacia el continente y termina introduciéndose por debajo de la placa Sudamericana. Este proceso ocurre a una escala temporal que resulta difícil de imaginar: mientras una persona apenas puede percibir cualquier cambio, las placas tectónicas continúan avanzando de manera constante.

Frente a las costas de Perú, la placa se mueve aproximadamente entre siete y ocho centímetros por año. Puede parecer una distancia insignificante, pero acumulada durante décadas, siglos o miles de años representa un desplazamiento considerable.

El problema aparece cuando determinadas zonas de contacto entre ambas placas quedan bloqueadas. El movimiento continúa intentando avanzar, pero la fricción impide que algunas áreas se deslicen con normalidad. Como consecuencia, la tensión se acumula lentamente.

Cuando la resistencia finalmente es superada, parte de esa energía puede liberarse de forma brusca y producir un terremoto. La intensidad de estos eventos depende, entre otros factores, de la superficie involucrada y de la cantidad de energía acumulada.

Este proceso también explica por qué el territorio occidental de Sudamérica presenta una actividad sísmica tan elevada. No se trata de acontecimientos aislados, sino de la consecuencia visible de una interacción tectónica que continúa desarrollándose bajo el océano y el continente.

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©YouTube

El movimiento que ayudó a levantar los Andes

La historia de la placa de Nazca no comenzó recientemente. Su evolución está relacionada con la fragmentación de una estructura oceánica mucho más antigua conocida como placa de Farallón.

Con el paso del tiempo, distintos fragmentos de esa antigua placa se separaron y dieron origen a nuevas estructuras tectónicas. Entre ellas apareció la placa de Nazca, cuya interacción con Sudamérica terminó convirtiéndose en uno de los procesos geológicos fundamentales para comprender la formación del relieve de la región.

La subducción no solo genera terremotos. También participa en procesos que modifican profundamente la superficie terrestre. La presión ejercida durante millones de años contribuyó al levantamiento de la cordillera de los Andes, una de las grandes cadenas montañosas del planeta.
La zona donde ocurre esta interacción forma parte además del conocido Cinturón de Fuego del Pacífico, una extensa región que rodea buena parte de ese océano y concentra numerosas zonas de subducción, volcanes y terremotos de gran magnitud.

Un estudio publicado en 2025 en Journal of Geophysical Research: Solid Earth reconstruyó el desplazamiento de la placa durante aproximadamente 34 millones de años. Los investigadores encontraron que la velocidad de convergencia se redujo cerca de un 20 % durante los últimos 780.000 años.

Sin embargo, esa desaceleración no significa que el riesgo haya desaparecido. El movimiento continúa y la interacción entre las placas sigue acumulando tensiones en distintos sectores.

Una estructura que no se comporta igual en todas partes

Uno de los aspectos más complejos del fenómeno es que la placa de Nazca no se introduce bajo Sudamérica de manera completamente uniforme.

Existen sectores donde la placa presenta una inclinación relativamente baja antes de continuar su recorrido bajo el continente. Estas estructuras son conocidas como flat slabs y pueden modificar la distribución de los terremotos y también la actividad volcánica en diferentes zonas.

Esto ayuda a explicar por qué la actividad tectónica no se manifiesta exactamente de la misma manera a lo largo de todo el territorio sudamericano. Las características de la subducción cambian según el lugar, la geometría de las placas y las condiciones geológicas existentes a gran profundidad.

La influencia de esta estructura alcanza principalmente a países situados en el margen occidental del continente, entre ellos Perú, Chile, Ecuador y Colombia. Cada territorio presenta características particulares, pero todos forman parte de un escenario tectónico dominado por la interacción entre la placa de Nazca y la placa Sudamericana.

El Instituto Geofísico del Perú considera precisamente esta convergencia como el origen principal de la actividad sísmica que afecta al país.

El gran desafío sigue siendo saber cuándo ocurrirá el próximo terremoto

La ciencia puede identificar zonas donde existe un elevado potencial sísmico y estudiar cómo se acumula la energía en las fallas. También puede reconstruir terremotos antiguos, analizar el movimiento de las placas y detectar cambios en la actividad tectónica.

Pero existe un límite fundamental: actualmente no es posible determinar con precisión el día, la hora o el lugar exacto en el que ocurrirá un gran terremoto.

La razón está relacionada con la enorme complejidad del subsuelo. La zona de contacto entre las placas no es una superficie perfectamente uniforme. Hay sectores que se desplazan, otros que permanecen bloqueados y otros donde las condiciones geológicas modifican la manera en que se acumula y libera la tensión.

Por eso, conocer el movimiento de la placa de Nazca no permite convertir ese conocimiento en una fecha concreta para el próximo gran sismo.
Lo que sí permite es entender mejor por qué esta región presenta una amenaza sísmica permanente. La gigantesca estructura que avanza bajo el Pacífico no se detuvo con los grandes terremotos del pasado ni dejará de moverse porque la actividad haya disminuido temporalmente.

Bajo el océano, a una velocidad que parece insignificante para la escala humana, el proceso continúa. Y esa lenta transformación geológica sigue siendo una de las fuerzas que más profundamente ha moldeado el paisaje de Sudamérica.

 

[Fuente: Diario Norte]

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