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Este astrofísico de Harvard cada vez está más convencido de que Oumuamua era una sonda extraterrestre

Ilustración para el artículo titulado
Imagen: Observatorio Europeo Austral / M. Kornmesser

En 2017, astrónomos de todo el mundo informaron del descubrimiento del primer objeto de origen interestelar, un extraño asteroide alargado al que bautizaron como Oumuamua (explorador en hawaianao). Para Avi Loeb, el nombre es mucho más que eso. Oumuamua es la primera prueba de algo que llevamos décadas esperando: el primer contacto con una inteligencia extraterrestre.

Avi Loeb no es un loco más del fenómeno Ovni. Durante años, este astrofísico ha presidido el departamento de astronomía de la Universidad de Harvard. Loeb ha escrito cientos de artículos académicos y es uno de los miembros más respetados de la comunidad científica en lo que a temas espaciales se refiere. Incluso ha llegado a colaborar en proyectos con Stephen Hawking.

¿Qué lleva a un científico a formular una hipótesis que le mete de lleno en terreno tan pantanoso como el de los aliens? La causa es un fenómeno que aún no ha podido ser explicado completamente. Cuando descubrimos Oumuamua, el asteroide ya llevaba tiempo dentro del Sistema Solar (es complicado detectar tempranamente un objeto tan pequeño). De hecho, lo vimos cuando ya se estaba aproximando al Sol.

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Entonces, contra todo pronóstico, el asteroide aceleró y cambió su trayectoria para salir disparado hacia el espacio. Oumuamua se detectó por primera vez en octubre de 2017. El asteroide de 798 metros de largo pasó a 33 millones de kilómetros de la Tierra y después rodeó el sol y salió despedido hacia los confines exteriores del Sistema Solar. Los datos combinados del Hubble y de varios telescopios terrestres de la ESA y la NASA indican que lo hizo a una velocidad mucho mayor de lo esperado No fue una maniobra tan radical como las de los ovnis de las películas, pero sí que fue completamente inesperada para un objeto de sus características. Solo hay otro tipo de objetos que se comportan igual: los cometas.

Cuando viajan lejos de una estrella estos objetos compuestos de un conglomerado de polvo, hielo y rocas permanecen inertes, pero a medida que sus órbitas les acercan a una estrella como nuestro Sol, los cometas cobran vida. La radiación solar calienta su superficie y sublima el hielo, vistiéndolos con una cola brillante de polvo y gas. La principal hipótesis sobre el extraño comportamiento de Oumuamua es precisamente que el fenómeno de gasificación fue lo bastante significativo como para generar un impulso en dirección opuesta al Sol que fue decreciendo a medida que se alejaba.

Gif: Nature
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La cuestión es que Oumuamua no dejó ninguna estela visible cuando realizó su inopinada maniobra. La ausencia de esa estela no encaja en la hipótesis de la gasificación de su superficie, y es la razón por la que Avi Loeb sigue manteniendo sobre la mesa la hipótesis de que aquel asteroide de forma tan inusual era en realidad una sonda creada por algún tipo de inteligencia extraterrestre. Loeb ya formuló esa hipótesis en 2018 y la relacionó con nuestros propios sistemas de propulsión por velas solares como los de las sondas LightSail. No fue el único, lo inusual del comportamiento de Oumuamua hizo que hasta el SETI monitorizara el asteroide en busca de algún tipo de rastro de transmisión electromagnética. No hallo nada.

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La idea le valió al astrofísico no pocas críticas y alguna chanza. Muchos lo acusaron de ver velas solares en todas partes, algo que no es de extrañar teniendo en cuenta que Loeb forma parte del equipo de Breaktrhough Starshot que trata de diseñar una sonda que aproveche la propulsión de la luz para llegar a Próxima Centauri.

Ilustración para el artículo titulado
Imagen: Universidad de Harvard
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El caso es que Loeb no solo no ha abandonado la idea, sino que reitera la validez de su hipótesis en un nuevo libro titulado Extraterrestial: The First Sign of Intelligent Life Beyond Earth. ¿Ganas de vender libros apoyándose en ideas polémicas? Puede ser, pero Loeb no encaja mucho en la idea de persona excéntrica y sus argumentos son siempre moderados y tienen una parte cierta: hay que mantener la mente abierta. En una entrevista concedida a Cnet, el astrofísico responde así a las críticas:

No me sorprenden. Si le muestras un smartphone a un hombre de las cavernas que solo ha visto rocas toda su vida acabará llegando a la conclusión de que el móvil solo es una piedra especialmente rara y muy pulida. Necesitamos tener la mente abierta si queremos descubrir cosas nuevas.

Mucha de la resistencia a la búsqueda de inteligencia extraterrestre se debe a las posiciones conservadoras que muchos científicos adoptan para minimizar el número de errores en sus carreras.

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Por supuesto, el gran problema es que las teorías extraordinarias requieren pruebas extraordinarias, y esas pruebas no han llegado. Otros astrónomos como la experta en cometas y asteroides Natalie Starkey explican que sí, que la idea de que Oumuamua sea una sonda de origen artificial nunca se ha descartado, pero que ahora mismo está muy abajo en la lista de posibles explicaciones.

Loeb no se rinde y reconoce que la ciencia debe basarse en la evidencia, pero que los científicos no deben descartar una opción simplemente porque la evidencia no sea lo bastante firme. El problema con Oumuamua es que lo descubrimos muy tarde y apenas tuvimos tiempo para estudiarlo como nos hubiera gustado. “Es como si tienes un invitado a cenar en casa, pero solo te das cuenta de que es un poco raro cuando se marcha de tu casa caminando por un callejón oscuro”, bromea el científico.

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El debate sobre Oumuamua puede alargarse años sin que Loeb pueda aportar pruebas fehacientes sobre sus afirmaciones. El investigador cree que no volveremos a ver ese asteroide en concreto, pero se muestra optimista sobre la llegada de otros objetos interestelares que quizá aporten claves sobre él. Loeb explica que los avances en la construcción de nuevos observatorios son pieza clave a la hora de poder detectar uno de estos objetos cuando llegue en el futuro y así estudiarlo con más detalle.

Editor en Gizmodo, fotógrafo y guardián de la gran biblioteca de artículos. A veces llevo una espada.

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