El salto del formato pulsera a reloj era bastante lógico para una compañía como Fitbit, dedicada a hacer pulseras y medidores de la actividad física durante ya unos cuantos años. Sobre el papel, había cosas que podían salir mal. En la práctica, casi nada ha salido bien.

Llega, además, en un momento complicado. Hace tiempo que la mayoría de fabricantes de Android (ejemplos: Samsung, Sony, HTC, Huawei, LG) se decidieron a lanzar sus wearables con Android Wear y el Apple Watch está a sólo unas semanas de llegar al gran público. La mayoría de esos dispositivos incluyen funciones que hacen, en esencia, lo mismo que Fitbit: cuentan pasos, miden calorías y prometen que moverás más el esqueleto con el fin de llevar un estilo de vida saludable.

Para Fitbit, eso es el equivalente a ver un neón luminoso en el horizonte que reza: “Problemas”. Las principales compañías tecnológicas del mundo están lanzando un producto más apetecible, con más presupuesto en marketing, con más funciones y que además hace lo mismo que tú.

Qué es

La respuesta, por tanto, casi lógica, era el Fitbit Surge. El Fitbit Surge es un reloj pero con la misma plataforma Fitbit de siempre, la misma sincronización impecable con otros servicios, el medidor de pulso cardíaco que apareció por primera vez con la Fitbit Charge HR y algún detalle extra más como la posibilidad de ver (algunas) notificaciones y mostrar quién nos está llamando. La “garantía de calidad” de Fitbit sigue empapando el producto.

Mide los pasos, la distancia recorrida, las calorías quemadas, los pisos que has subido y el tiempo que has estado activo. Se sincroniza además con tu PC o Mac pero especialmente con iOS y con Android utilizando una aplicación dedicada.

Por qué importa

Como mencioné en mi análisis de la Fitbit Charge HR, con dicho modelo habían alcanzado prácticamente la perfección. Y avisé: la afirmación tiene trampa. Era una pulsera cuantificadora increíble, sí, pero es que realmente no había mucho más que se le pudiese pedir a un dispositivo de ese tipo. Pocas cosas que añadir, tocar o modificar. A base de superarse a sí misma, e irónicamente, Fitbit había encontrado su techo.

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La solución gloriosa, o la que muchos esperábamos en cualquier caso, era llevar toda esa experiencia, ese bagaje acumulado de varios años, a un producto parecido pero con un form factor diferente: un reloj.

Usando el Fitbit Surge

Es feo. Esa fue mi primera impresión según lo sacaba de la caja y es la que se ha ido manteniendo constante hasta el momento de escribir estas líneas. Feo en el sentido de que no hay una sola manera de conseguir que se vea bien, elegante, adecuado, o como quieras llamarlo, en tu muñeca.

El Fitbit Surge es gordo, abultado y dibuja unas líneas que a mí gusto son excesivamente cuadradas. El resultado es un dispositivo que se siente más como un apéndice extraño colgando de tu brazo que como algo que da gusto llevar o ponerse. Si alguien durante estos días me ha confundido con un preso de los que llevan un rastreador GPS en la muñeca, honestamente, no puedo culparlo. El panel, además, está muy hundido con respecto al cristal exterior lo que genera un hueco poco agradable entre ambos, como si faltase “algo”, y además multiplica los reflejos.

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El material empleado es muy parecido al de la Fitbit Charge HR pero con una diferencia, el patrón con forma de rombos propicia a que se quede mucho más polvo y suciedad pegado que con esta primera. Al intentar limpiarlo, habitualmente, sólo conseguimos incrustar más la suciedad en dicho patrón.

Toda la pantalla del reloj es táctil, aunque por algún motivo también incorpora 3 botones que permiten desplazarse por los menús. En lugar de una serie de paneles que se deslizan, como ocurría hasta ahora con todos los Fitbit, en esta ocasión y por algún motivo que no acabo de comprender esos paneles deslizantes se disponen en dos niveles. Arriba y abajo.

Arriba, uno que tiene todas las métricas (Hora, calorías, distancia etc). Abajo, otro con los ajustes y la interfaz que nos permite iniciar una carrera. ¿Parece complicado de entender, verdad? En la práctica no es mucho mejor. Utilizándolo, todo el rato me preguntaba por qué yo tenía que estar yendo arriba, abajo, derecha o izquierda todo el rato en lugar de desplazarme a izquierda y derecha por un simple menú como hubiese sido lo normal. Hay un botón, el de arriba a la izquierda, que todavía no acabo de entender del todo cómo funciona. Sé que en determinados contextos me muestra notificaciones del teléfono móvil, pero luego no puedo marcarlas como leídas, ni descartarlas ni nada. Un desastre.

A veces hay que usar el dedo para realizar una simple acción, pero a veces también hay que usar los botones. El funcionamiento es tan mixto y poco claro que todavía me sigo confundiendo y acabo dando varios toques en falso hasta llegar a la acción concreta que quiero realizar. No es todo, el reloj no tiene una función de memoria por la que una vez hayamos llegado al dato que queramos consultar (pasos, por ejemplo) y pasado un tiempo prudencial, devuelva la interfaz a la del reloj. Es decir, si yo tengo el reloj marcando las 11:19, me muevo hasta las calorías y no me preocupo de volver a colocar la interfaz en las 11:19, se va a quedar mostrando las calorías eternamente. Es un detalle molesto y que obvia la que debería ser la función principal del reloj: dar la hora.

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El Surge también tiene un GPS integrado y sensor de ritmo cardíaco. Mediante los submenús podemos llegar hasta un modo carrera (que ya no hace falta activar desde la app, para quienes conozcan el sistema) y a otro que mide nuestra actividad con diversos ejercicios: Senderismo, Pesas, Elíptica, Spinning, Yoga y un simple entrenamiento. Funcionan bien, ninguna pega en este apartado. La interfaz es clara, se sincronizan perfectamente con la app y aunque tarda quizá en encontrar la señal GPS algo más de lo que me gustaría (o algo más de lo que tarda un teléfono móvil, para el caso), aquí no hay ninguna queja.

Nos gusta

  • La parte de medir el ejercicio físico sigue siendo la estrella. Y se nota. Es donde todos los Fitbit han superado siempre expectativas y el Surge no es una excepción.
  • La sincronización es rápida, la plataforma web y la aplicación son completas y permiten evaluar bien los datos recogidos por el dispositivo.
  • El registro automático del sueño continúa funcionando de manera impecable.
  • Batería. No es tan buena como en las pulseras pero sigue siendo aceptable.

No nos gusta

  • El diseño es feo, abultado y poco elegante. Prácticamente relega su uso a los momentos a los que vayamos a hacer ejercicio, no a algo que se pueda llevar con comodidad y elegancia durante el día.
  • No puedes usarla en la ducha (!)
  • La interfaz es poco clara y confusa.
  • La suciedad se acumula en el exterior.
  • El sistema de notificaciones es un alma libre que funciona aleatoriamente.
  • El cargador sigue siendo propietario. Si lo pierdes, tendrás que pagar por otro.

¿Me lo compro?

No. Con el Surge, Fitbit se ha quedado en un terreno incómodo y ha acabado dando con un producto que ni es un reloj inteligente, ni es el mejor cuantificador que tienen. Ese título va para la Charge HR. Su precio, que se queda en los $250 dólares/250€, tampoco ayuda y relojes para deportistas marcas como Garmin o Nike ya los tienen más o menos igual de avanzados. Si lo que andabas buscando era una pulsera cuantificadora, la Charge HR es la mejor del mercado, si lo que buscabas era un smartwatch mejor da el salto a Android Wear o espera al Apple Watch.

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