La contaminación atmosférica sigue siendo uno de los principales problemas ambientales de Europa. Para medirla se analizan distintos contaminantes, entre ellos las partículas PM2,5 y PM10, el dióxido de nitrógeno y el ozono. Todos pueden afectar a la salud, aunque las partículas más pequeñas son especialmente preocupantes.
Las PM2,5 son las que más preocupan
Las partículas PM2,5 tienen un diámetro extremadamente reducido, aproximadamente una trigésima parte del grosor de un cabello humano. Esa característica les permite penetrar profundamente en el aparato respiratorio y llegar a las zonas más internas de los pulmones.
Su exposición continuada se ha relacionado con enfermedades respiratorias y cardiovasculares, además de un mayor riesgo de mortalidad prematura. En 2021, la Organización Mundial de la Salud actualizó sus directrices mundiales sobre calidad del aire y estableció recomendaciones mucho más estrictas que buena parte de los límites legales utilizados históricamente en Europa. Para las PM2,5, por ejemplo, aconseja que la concentración media anual no supere los 5 microgramos por metro cúbico.

Superar ese límite no significa que el aire sea ilegal
Aquí aparece el principal matiz. Los valores de la OMS no funcionan como una frontera a partir de la cual el aire pasa automáticamente de seguro a peligroso. Son referencias sanitarias pensadas para minimizar al máximo el riesgo.
Por eso, una ciudad puede cumplir perfectamente la legislación vigente y, al mismo tiempo, presentar concentraciones superiores a las recomendadas por la OMS. Esta diferencia explica por qué las cifras sobre contaminación en España pueden variar tanto dependiendo del criterio utilizado.
Del 18% a más del 80%
Si se toman como referencia los límites legales actuales, alrededor del 18% de la población española estaría expuesta a concentraciones que superan los valores permitidos.
Sin embargo, la Unión Europea ya ha aprobado una normativa más exigente que deberá aplicarse a partir de 2030. Con esos nuevos límites, el porcentaje de población expuesta aumentaría aproximadamente hasta el 66%.
Y si se utilizan las recomendaciones sanitarias de la OMS, todavía más estrictas, la cifra supera el 80%. Por eso, cuando Greenpeace afirma que más del 80% de los españoles respira aire contaminado, está utilizando unos estándares de protección de la salud más exigentes que la legislación actualmente en vigor.
🟡 Un toque de Sáhara sobre España
Nuestra animación del modelo CAMS muestra cómo una fina capa de polvo sahariano se extiende sobre España en los próximos días: desde hoy hasta la mañana del domingo
Que no cunda el pánico: no es una calima intensa. Las concentraciones se… pic.twitter.com/DuIGh7gcLj
— meteo365.es (@meteo365_es) September 2, 2026
España ha mejorado, pero todavía queda camino
La calidad del aire ha mejorado notablemente en España y en el conjunto de Europa durante las últimas décadas. Las restricciones sobre emisiones industriales, el transporte y otras fuentes contaminantes han conseguido reducir la presencia de varias sustancias perjudiciales.
Sin embargo, la Agencia Europea de Medio Ambiente sigue considerando la contaminación atmosférica uno de los principales riesgos ambientales para la salud en Europa. El problema, por tanto, no está únicamente en saber si España cumple o no la legislación vigente. La cuestión es cuánto falta para alcanzar los niveles que la OMS considera óptimos para proteger la salud.
Así, las tres cifras —18%, 66% y más del 80%— pueden ser correctas al mismo tiempo. La diferencia está en si se compara la calidad del aire con la legislación actual, con los límites europeos de 2030 o con las recomendaciones más estrictas de la OMS.