No estaban fabricados con madera lacada, marfil ni materiales reservados para las élites. Los dos tableros recuperados en la provincia china de Shaanxi fueron grabados directamente sobre ladrillos cuadrados: uno de superficie lisa y otro decorado previamente con un patrón geométrico.
Puede parecer una versión humilde de un juego de mesa, pero esos trazos han sobrevivido alrededor de 2.000 años dentro de dos tumbas de la dinastía Han. Representan el inconfundible diseño del Liubo, uno de los pasatiempos más populares de la antigua China y, al mismo tiempo, uno de los más difíciles de reconstruir.
El Instituto Provincial de Arqueología de Shaanxi presentó los resultados en julio de 2026, aunque las excavaciones habían comenzado cuatro años antes en el campus de Chang’an de la Universidad Normal de Shaanxi, en Xi’an. Los arqueólogos localizaron 25 tumbas y dos pozos de ceniza, pero solo una decena de enterramientos Han se encontraba suficientemente bien conservada para su estudio detallado.
Dos ladrillos convirtieron un cementerio Han en una cápsula del tiempo

Los tableros aparecieron en las tumbas identificadas como M4 y M17. En ambos casos, las líneas del área de juego habían sido talladas sobre ladrillos que, al menos originalmente, podían haber tenido una función arquitectónica completamente distinta.
Este detalle es precisamente lo que vuelve tan particular al descubrimiento. Los juegos de Liubo más elaborados podían incluir tableros lacados, piezas de hueso o marfil, contadores y elementos utilizados para determinar los movimientos. Los ejemplares de Shaanxi, en cambio, parecen versiones mucho más sencillas, quizá creadas para jugar con pocos recursos o preparadas expresamente como objetos funerarios. Los responsables de la excavación todavía no han podido determinar cuál de esas posibilidades es la correcta.
El hallazgo formaba parte de un conjunto bastante mayor. Las tumbas contenían unas 130 piezas o grupos de objetos, entre ellos recipientes cerámicos, artefactos de bronce y hierro, monedas y pequeñas representaciones de instalaciones domésticas. La arquitectura permitió fechar el cementerio entre el final de la dinastía Han Occidental y las últimas etapas de la Han Oriental, aproximadamente entre el siglo I a. C. y el siglo II d. C.
Según explicaron los arqueólogos, la combinación de ajuares y tipos de enterramiento permitirá estudiar cómo cambiaron las costumbres funerarias durante cerca de dos siglos. Los tableros aportan, además, algo menos solemne pero mucho más humano: una ventana a la forma en que aquellas personas se entretenían.
Sabemos que jugaban por dinero, pero nadie ha logrado reconstruir todas las reglas

El nombre Liubo suele traducirse como “seis palillos” o “seis varas”. Era un juego para dos participantes que utilizaba un tablero cuadrado marcado con recorridos simétricos. Cada jugador habría controlado seis piezas, mientras el lanzamiento de palillos o dados decidía parte de los movimientos.
Probablemente combinaba estrategia, azar y apuestas. El Metropolitan Museum of Art conserva un conjunto Han y describe el Liubo como un juego en el que dos participantes apostaban utilizando dados, contadores, fichas y un tablero marcado. Su popularidad no quedó limitada a un único grupo social: las fuentes históricas y las representaciones funerarias muestran partidas entre miembros de la élite, pero también una difusión mucho más amplia.
El problema es que las reglas completas no sobrevivieron. Existen referencias escritas, tableros, piezas y figuras que representan a personas jugando, pero todavía faltan instrucciones suficientes para reconstruir una partida sin entrar en el terreno de la interpretación.
También conviene tratar con cautela una afirmación muy repetida: que el Liubo fue el antecesor directo del Xiangqi, el ajedrez chino. Algunas fuentes presentan esa relación como probable, pero no ha sido demostrada de forma concluyente. Ambos pertenecen a tradiciones diferentes y el Liubo parece haber dependido del azar mucho más que el ajedrez. Llamar “tableros de ajedrez” a los ladrillos resulta atractivo, aunque arqueológicamente es más preciso hablar de un juego desaparecido con identidad propia.
La partida no terminaba necesariamente con la muerte
La presencia de estos tableros dentro de tumbas no era una simple casualidad. Durante la dinastía Han, los muertos podían ser enterrados con objetos que reproducían la vida cotidiana: alimentos, utensilios, animales, construcciones en miniatura y elementos vinculados al entretenimiento.
El tablero conservado por el Metropolitan Museum, acompañado de piezas y relacionado con figuras de jugadores, representa precisamente el deseo de que la vida continuara dentro de la tumba. El juego podía funcionar como símbolo de estatus, recuerdo de una actividad apreciada o equipamiento para una existencia posterior concebida como prolongación de la terrenal.
Los ladrillos de M4 y M17 son mucho más austeros que los conjuntos funerarios lujosos conocidos en China. No obstante, esa sencillez podría ser la parte más reveladora. Demuestra que no todos los tableros tenían que ser objetos refinados: bastaba una superficie disponible y un conjunto de líneas reconocibles para convertir un ladrillo en el escenario de una partida.
Dos milenios después, conocemos el tablero, algunas piezas y la obsesión que despertó. Lo único que China todavía no ha podido recuperar es aquello que cualquier jugador necesitaría primero: las reglas para empezar.