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Ciencia

Hace casi 2.000 años, alguien guardó sus recuerdos en un armario de Pompeya y nunca regresó. Los arqueólogos acaban de descubrir lo que dejó atrás el día que despertó el Vesubio

Una excavación en Pompeya reveló un armario con 38 monedas romanas, objetos de belleza y amuletos infantiles. El hallazgo permite reconstruir parte de una vida interrumpida por la erupción del Vesubio.
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En el año 79, cuando el Vesubio comenzó a expulsar cenizas y materiales volcánicos sobre Pompeya, los habitantes de la ciudad romana se enfrentaron a una catástrofe que cambiaría sus vidas para siempre. Algunos intentaron escapar. Otros murieron entre las calles y las viviendas. Muchos dejaron atrás pertenencias que jamás volverían a recuperar.

Casi 2.000 años después, los arqueólogos encontraron uno de esos pequeños universos personales: los restos de un armario que contenía monedas, utensilios de maquillaje, recipientes de perfumes y un collar de amuletos infantiles.

El descubrimiento tuvo lugar en una vivienda conocida como la Casa de Cornelius Maximus, situada en la Vía de la Abundancia. Lo extraordinario no es solamente la antigüedad de los objetos, sino que permiten reconstruir fragmentos de la vida cotidiana de alguien cuya identidad continúa siendo un misterio.

Un armario sepultado por el Vesubio conservó 38 monedas y objetos personales

Hace casi 2.000 años, alguien guardó sus recuerdos en un armario de Pompeya y nunca regresó. Los arqueólogos acaban de descubrir lo que dejó atrás el día que despertó el Vesubio
Vasijas y utensilios encontrados durante la excavación de la Casa de Cornelius Maximus, en Pompeya. © Parque Arqueológico de Pompeya.© Parque Arqueológico de Pompeya.

Según el informe publicado por el Parque Arqueológico de Pompeya, los investigadores identificaron el contenido de un antiguo armario de madera a partir de los objetos y las huellas conservadas en los depósitos volcánicos. Entre los hallazgos había unas pinzas, una herramienta para mezclar pigmentos cosméticos, un pequeño recipiente de vidrio para bálsamos, un quemador de perfumes y una lámpara de bronce.

Los arqueólogos también recuperaron 38 monedas de bronce guardadas dentro de una pequeña cesta tejida con fibras vegetales. El dinero pudo servir para gastos domésticos habituales. Su presencia, junto con objetos de valor sentimental, sugiere que los propietarios no consiguieron recuperar sus pertenencias después de la erupción. También aparecieron pesas de plomo dentro de una caja de madera, posiblemente relacionadas con alguna actividad comercial.

El hallazgo más emocionante es un collar que pudo conservar recuerdos de infancia

Entre todos los objetos recuperados, uno llamó especialmente la atención de los investigadores: un conjunto de al menos 24 pequeños amuletos elaborados con hueso, fayenza, pasta vítrea y cristal de roca. Representaban figuras como manos, pies, piñas, racimos de uvas y divinidades, entre ellas Mercurio y Bes.

Estos collares se conocían como crepundia. Según explica el Parque Arqueológico en su estudio, se entregaban a los niños para protegerlos simbólicamente y también podían producir sonidos cuando se movían. Sin embargo, algunos adultos los conservaban durante años como recuerdos de su infancia.

Los investigadores creen que el conjunto encontrado podría haber tenido precisamente ese significado. Tal vez perteneció a alguien que había abandonado su hogar familiar y guardaba aquellos pequeños objetos como vínculo con su pasado. No es posible confirmar quién fue su propietario, pero el collar representa una de las pistas más personales recuperadas en la excavación.

Hace casi 2.000 años, alguien guardó sus recuerdos en un armario de Pompeya y nunca regresó. Los arqueólogos acaban de descubrir lo que dejó atrás el día que despertó el Vesubio
Los arqueólogos encontraron pequeños amuletos conocidos como crepundia, utilizados en la antigua Roma como objetos protectores infantiles. © Parque Arqueológico de Pompeya.

Los arqueólogos todavía desconocen qué ocurrió con los habitantes de la casa

La vivienda había comenzado a excavarse en 1912, aunque buena parte de su interior permanecía sin explorar. Las investigaciones actuales permitieron identificar pinturas murales del cuarto estilo pompeyano y señales de obras que estaban realizándose cuando ocurrió la erupción. También apareció un detalle inesperado: los restos de dos ratones jóvenes dentro de un ánfora almacenada en un altillo, una muestra de los problemas domésticos que compartían los habitantes de Pompeya con las sociedades actuales.

El director del Parque Arqueológico, Gabriel Zuchtriegel, destacó que estos objetos cotidianos permiten recuperar la dimensión humana de una ciudad conocida principalmente por su destrucción.

Los investigadores todavía desconocen si los ocupantes murieron durante la catástrofe o si consiguieron escapar y nunca regresaron. Pero el armario revela algo que las grandes construcciones romanas rara vez muestran: que sus habitantes también se maquillaban, ahorraban monedas, perfumaban sus hogares y conservaban recuerdos de cuando eran niños.

Durante casi dos milenios, esas pertenencias permanecieron enterradas bajo las cenizas. Ahora vuelven a contar una historia que la erupción del Vesubio dejó inconclusa.

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