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Ciencia

Hallaron fósiles de mejillones ‘embarazados’ del Cretácico: sus embriones llevan 125 millones de años conservados dentro de las branquias

Un estudio publicado en Scientific Reports documenta el cuidado maternal más antiguo conocido en bivalvos: embriones y larvas fosilizados dentro de las branquias de Margaritifera valdensis, una especie del Cretácico inferior hallada en la Isla de Wight, también resuelven el misterio de la 'moluskita', un material oscuro descrito en el siglo XIX cuya naturaleza permanecía inexplicada
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Cuando los dinosaurios dominaban la Tierra, en los ríos y lagos del Cretácico inferior ya existía un animal que cuidaba a sus crías con una sofisticación que tardaríamos más de 125 millones de años en documentar. Un equipo internacional de investigadores acaba de publicar en Scientific Reports el hallazgo de embriones y larvas fosilizados dentro de las branquias de un bivalvo de agua dulce prehistórico, la evidencia más antigua conocida de cuidado maternal en moluscos.

Los fósiles corresponden a la especie Margaritifera valdensis, un bivalvo de agua dulce pariente lejano de los actuales mejillones de río, recuperados en los yacimientos de la Isla de Wight (Reino Unido), un enclave famoso sobre todo por sus fósiles de dinosaurios como el Iguanodon. Lo que nadie esperaba encontrar allí era la prueba de que, hace 125 millones de años, estos invertebrados ya protegían a su descendencia con una estrategia reproductiva de notable complejidad.

Tejidos blandos que sobrevivieron 125 millones de años

Lo verdaderamente extraordinario del descubrimiento no es solo lo que se encontró, sino cómo se conservó. Los tejidos blandos internos de un animal, incluidas las branquias y los embriones en desarrollo, normalmente se descomponen poco después de la muerte. Que hayan sobrevivido en forma fosilizada durante más de un siglo de eras geológicas convierte a estos especímenes en una rareza paleontológica de primer orden.

Dentro de esos tejidos, los investigadores identificaron embriones microscópicos y larvas en distintos estadios de desarrollo alojados en las cámaras branquiales de la concha materna, exactamente el mismo sistema que emplean los mejillones de agua dulce actuales. El estudio, liderado por la doctora Graciela Delvene del Instituto Geológico y Minero de España (CSIC), también documenta los soportes mineralizados y estructuras de incubación completas, lo que permite reconstruir el ciclo reproductivo de estos animales prehistóricos con un nivel de detalle inédito.

De acuerdo con el doctor Martin C. Munt, investigador visitante de la Universidad de Portsmouth y especialista en moluscos fósiles, esta es la evidencia fósil más temprana que demuestra que estos animales cuidaban y protegían a sus crías en desarrollo. Hasta ahora, esa conducta solo se conocía en especies vivas.

Calcio para construir una concha: el sistema de abastecimiento larval

El hallazgo va más allá de constatar que estos bivalvos incubaban a sus crías. Los investigadores encontraron también pequeños depósitos minerales conservados en el interior de las branquias que parecen haber funcionado como reservas de calcio para las larvas en formación, un mecanismo que les permitía construir sus primeras conchas sin depender del entorno externo.

Ese sistema de aprovisionamiento de carbonato cálcico resulta esencial: la concha larval es una de las primeras estructuras que un embrión de bivalvo debe desarrollar para sobrevivir en el medio acuático. Que en el Cretácico inferior ya existiera un mecanismo activo de suministro interno de calcio refuerza la idea de que estas estrategias reproductivas complejas tienen una historia evolutiva mucho más profunda de lo que se suponía.

La doctora Aleksandra Skawina, especialista polaca en bivalvos fósiles de la Universidad de Varsovia e integrante del equipo, confirmó que los nuevos fósiles demuestran que esta compleja estrategia reproductiva ya había evolucionado en el Cretácico inferior, empujando hacia atrás el reloj de la historia evolutiva de estos animales.

La ‘moluskita’: un misterio de 180 años finalmente resuelto

El estudio trae además un hallazgo inesperado que cierra un enigma centenario. En el siglo XIX, el célebre paleontólogo británico Gideon Mantell describió un material oscuro y misterioso asociado a estos fósiles al que denominó ‘moluskita’, sin poder determinar qué era exactamente.

Ahora, Rafael P. Lozano, geoquímico del Instituto Geológico y Minero de España (CSIC), determinó que ese material no es otra cosa que tejidos blandos fosilizados y estructuras reproductivas preservadas excepcionalmente gracias a procesos de mineralización. Lo que Mantell vio hace casi dos siglos sin poder identificar eran, en realidad, los restos de embriones y tejidos branquiales de estos mismos bivalvos gestantes.

Un ciclo de vida que ya incluía el parasitismo larval

Los mejillones de agua dulce actuales presentan uno de los ciclos reproductivos más peculiares entre los invertebrados: sus larvas se desarrollan primero en las branquias maternas y luego son liberadas para parasitar temporalmente a peces, una fase que les permite dispersarse y colonizar nuevos hábitats aprovechando la movilidad de sus huéspedes.

La evidencia de la Isla de Wight sugiere que esa estrategia, que combina cuidado parental con una fase parasítica obligada, ya estaba plenamente operativa hace 125 millones de años. Su origen, por tanto, es mucho más remoto de lo que se pensaba.

La investigación también tiene implicaciones para la conservación: los mejillones de agua dulce son hoy uno de los grupos de animales más amenazados del planeta, sometidos a la presión combinada de la contaminación, la pérdida de hábitat y el cambio climático. Comprender la profundidad evolutiva de sus estrategias reproductivas puede ser clave para diseñar planes de conservación más efectivos, según señalan los autores.

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