India tiene un problema de distribución del agua. Durante el monzón, algunos ríos del norte y del este se desbordan y provocan inundaciones devastadoras. Al mismo tiempo, regiones del centro y del sur sufren sequías crónicas. La solución que el país estudia desde hace décadas es tan ambiciosa como polémica: conectar los ríos con canales para mover el agua de donde sobra hacia donde falta.
El Plan Nacional de Interconexión de Ríos identificó 30 enlaces posibles, divididos entre ríos del Himalaya y ríos de la península. Su costo total se estima en decenas de miles de millones de dólares, y sería una de las mayores obras hídricas jamás planteadas. Pero, según el gobierno indio, hasta ahora solo una de esas conexiones entró en fase de construcción.
Ken-Betwa: el primer enlace

Se trata del enlace Ken-Betwa, en la región de Bundelkhand, en el centro del país, una zona castigada por las sequías. El proyecto incluye la represa de Daudhan sobre el río Ken, de 77 metros de altura y más de dos kilómetros de largo, y un canal de unos 221 kilómetros con dos túneles para llevar el agua hacia la cuenca del río Betwa. Según el gobierno indio, su costo es de unos 446.000 millones de rupias, alrededor de 5.000 millones de dólares.
Las promesas son enormes. Las autoridades hablan de riego para cerca de un millón de hectáreas, agua potable para unos 6 millones de personas en los estados de Madhya Pradesh y Uttar Pradesh, 103 megavatios de energía hidroeléctrica y 27 de energía solar.
El precio ecológico

El problema es dónde está la represa. El embalse inundará unas 9.000 hectáreas, buena parte dentro de la Reserva de Tigres de Panna, un área que perdió todos sus tigres en 2009 y que, tras un programa de reintroducción, hoy alberga entre 60 y 70. El gobierno del propio estado estimó que alrededor del 40% de la reserva podría sufrir daños irreversibles.
Las cifras de árboles a talar varían según la fuente: desde unos 720.000 en las evaluaciones oficiales hasta más de dos millones según otras estimaciones. La zona de inundación se superpone además con un santuario del gavial, un cocodrilo de hocico largo en peligro crítico, y afecta a poblaciones de buitres.
Las críticas llegaron incluso desde dentro del sistema. En 2019, un comité asesor de la Corte Suprema de India consideró «prematuro» asumir que el río Ken tiene un excedente de agua para transferir, y sugirió que la conservación local del agua sería una alternativa más barata. «No hay agua excedente en la cuenca del Ken», sostiene Himanshu Thakkar, de la Red de Represas, Ríos y Personas del Sur de Asia.
También hay un costo humano. Miles de familias de comunidades indígenas y rurales deben ser reubicadas, y muchas protestan por compensaciones que consideran insuficientes. El gobierno asegura que la mayoría de las familias elegibles ya recibió sus beneficios, aunque reconoce casos pendientes.
La preocupación de Bangladés

Si el plan avanza hacia los ríos del Himalaya, el impacto podría cruzar la frontera. Bangladés depende de ríos que nacen en India o la atraviesan, como el Ganges y el Brahmaputra. Desviar parte de su caudal, sobre todo en la estación seca, podría reducir el agua disponible para riego y consumo y aumentar la intrusión de agua salada en las zonas costeras del delta.
El tema es especialmente sensible porque el tratado que regula el reparto del agua del Ganges entre ambos países, firmado en 1996 por 30 años, vence a fines de 2026. Cualquier proyecto que altere los caudales compartidos se convierte así en un asunto diplomático.
Una apuesta con antecedentes
India no es el único país que intentó redistribuir su agua a gran escala. China construyó el trasvase Sur-Norte para llevar agua del Yangtsé a Pekín, y la Unión Soviética desvió los ríos que alimentaban el mar de Aral, con consecuencias ambientales catastróficas. La lección de esos casos es que mover ríos es posible, pero sus efectos suelen ser más amplios y duraderos de lo que se calcula al principio.