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Ciencia

Italia lleva décadas intentando frenar a un invasor llegado de América. Ahora ha descubierto que uno de sus peores enemigos ya vivía en el Mediterráneo

El cangrejo azul lleva décadas expandiéndose por el Mediterráneo y amenaza a los ecosistemas y la pesca. Dos investigaciones encontraron en los pulpos una posible respuesta natural a esta invasión.
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En las costas italianas, un pequeño invasor procedente de América lleva décadas provocando problemas que van mucho más allá de la biodiversidad. Tiene unas pinzas poderosas, se reproduce con extraordinaria facilidad y es capaz de devorar numerosas especies que encuentra a su paso. Se trata del cangrejo azul (Callinectes sapidus), un crustáceo que comenzó a detectarse en aguas italianas hacia mediados del siglo XX y que hoy representa una amenaza para las actividades pesqueras y los ecosistemas del Mediterráneo.

Durante años, las autoridades intentaron contenerlo mediante capturas, ayudas económicas y nuevas oportunidades comerciales. Sin embargo, la naturaleza podría estar ofreciendo una alternativa inesperada. Dos investigaciones recientes han demostrado que un conocido habitante del Mediterráneo puede alimentarse de estos invasores con una eficacia considerable. El descubrimiento abre nuevas posibilidades para controlar una expansión que parecía difícil de detener.

Un cangrejo llegado de América encontró las condiciones perfectas para multiplicarse

Italia lleva décadas intentando frenar a un invasor llegado de América. Ahora ha descubierto que uno de sus peores enemigos ya vivía en el Mediterráneo
Un cangrejo azul en la reserva natural de Torre Flavia, junto al mar Tirreno. Su capacidad de adaptación a los ambientes costeros ha favorecido su expansión por el Mediterráneo. © Albarubescens / Wikimedia.

El cangrejo azul es originario de las costas atlánticas americanas. Su llegada a Europa probablemente estuvo relacionada con el transporte marítimo, especialmente mediante el agua de lastre de los barcos. Según una investigación publicada en la revista científica Animals, la especie ya había sido registrada en el norte del Adriático en 1949. Su expansión posterior fue especialmente problemática en lagunas y estuarios, donde encontró alimento abundante y condiciones favorables para reproducirse.

Las hembras pueden producir millones de huevos por puesta y sus larvas aprovechan las corrientes marinas para dispersarse. Además, su alimentación oportunista incluye moluscos, pequeños peces y otros crustáceos.

El resultado fue una amenaza creciente para especies nativas y explotaciones de almejas y mejillones. Italia respondió con un plan extraordinario de control dotado con 10 millones de euros para 2025 y 2026, destinado a contener la invasión, proteger las instalaciones acuícolas y apoyar a las empresas afectadas. Pero eliminar completamente una especie tan extendida resulta extremadamente difícil. Por eso, los científicos comenzaron a estudiar qué animales mediterráneos podrían convertirse en aliados.

Los investigadores observaron algo inesperado: los pulpos ya estaban cazando al invasor

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Registro documental de la interacción entre un pulpo común y un cangrejo azul invasor. Las observaciones realizadas en el Mediterráneo permitieron confirmar que los pulpos pueden alimentarse de ejemplares adultos de esta especie. © Fernández y colaboradores / Ecology and Evolution (2025).

En febrero de 2025, un equipo científico publicó en Ecology and Evolution las primeras observaciones documentadas de pulpos comunes capturando cangrejos azules adultos en libertad.

El descubrimiento se produjo gracias a grabaciones de pescadores submarinos y un buceador recreativo. Las imágenes mostraron cómo los pulpos aprovechaban sus brazos y su capacidad de manipulación para someter a los crustáceos. Aquello era importante porque demostraba que la interacción no se limitaba a una posibilidad teórica: los pulpos ya estaban incorporando a los cangrejos invasores entre sus presas.

Una segunda investigación, publicada en diciembre de 2025 en Animals, llevó el experimento a acuarios controlados. Los científicos analizaron el comportamiento del pulpo común (Octopus vulgaris) y de la tortuga boba (Caretta caretta), dos depredadores presentes naturalmente en el Mediterráneo.

Los resultados fueron llamativos. Los pulpos adultos llegaron a consumir una media máxima de 454 gramos diarios de tejidos blandos de cangrejo, mientras que las tortugas alcanzaron 815 gramos diarios de biomasa total, incluyendo los caparazones. Aunque ambos animales demostraron capacidad depredadora, los investigadores consideran que los pulpos podrían desempeñar un papel especialmente interesante por su eficiencia alimentaria y abundancia en determinados hábitats.

La solución parece prometedora, pero todavía existe un problema importante

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Un pulpo común (Octopus vulgaris) fotografiado en aguas de Marsella, Francia. Investigaciones recientes demostraron que esta especie puede capturar y consumir cangrejos azules invasores. © Karim saari / Wikimedia.

Los resultados no significan que Italia esté liberando ejércitos de pulpos para combatir la invasión. No hay evidencia confirmada de un programa oficial de suelta masiva con ese objetivo. Lo que proponen los científicos es investigar cómo favorecer la contribución de los depredadores nativos dentro de estrategias más amplias de control biológico.

La diferencia es fundamental. Introducir o trasladar animales sin evaluar sus consecuencias podría generar nuevos desequilibrios ecológicos. Mientras tanto, Italia continúa apostando por las capturas selectivas, la protección de la acuicultura y el aprovechamiento comercial del cangrejo azul.

El hallazgo demuestra algo interesante: un ecosistema invadido no permanece necesariamente indefenso. Algunas especies locales pueden comenzar a aprovechar a los recién llegados como alimento, estableciendo nuevas relaciones ecológicas. Todavía falta demostrar si esa depredación puede reducir significativamente las poblaciones invasoras en condiciones naturales. Pero, después de décadas de expansión, el cangrejo azul podría haber encontrado en el Mediterráneo a un enemigo que nunca había tenido en cuenta.

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