Las praderas de posidonia son uno de los ecosistemas más importantes del Mediterráneo, pero su recuperación natural se está encontrando con un obstáculo que va mucho más allá del aumento de la temperatura del agua. Dos especies de macroalgas invasoras pueden reducir entre un 40% y un 50% el crecimiento de las nuevas plantas, dificultando que estas praderas se regeneren después de sufrir daños.
La conclusión procede de una investigación experimental del Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados (IMEDEA, CSIC-UIB) centrada en Caulerpa cylindracea y Lophocladia trichoclados. Durante más de cinco meses, los científicos observaron cómo reaccionaban las plántulas de posidonia cuando tenían que desarrollarse junto a estas especies invasoras.
Los resultados fueron claros: las plantas expuestas a las algas desarrollaron menos hojas, una superficie foliar menor y una reducción considerable de su biomasa. Y el problema no termina en aquello que puede observarse a simple vista.

Las invasoras afectan a la posidonia desde sus primeras etapas
La Posidonia oceanica forma extensas praderas submarinas que sirven como refugio y zona de reproducción para numerosas especies del Mediterráneo. Además, contribuye a estabilizar los sedimentos, proteger las costas y almacenar carbono durante largos periodos.
Por eso, su capacidad para generar nuevas plantas resulta fundamental para mantener estos ecosistemas. El estudio pone el foco precisamente en una de sus etapas más vulnerables: el desarrollo de las plántulas jóvenes.
Cuando Caulerpa cylindracea y Lophocladia trichoclados estuvieron presentes, las nuevas plantas tuvieron muchas más dificultades para desarrollarse. La biomasa final llegó a disminuir alrededor de la mitad, un efecto especialmente preocupante porque puede reducir las posibilidades de que una nueva generación de posidonia consiga establecerse y formar una pradera adulta.
Más CO₂ no consigue compensar el daño
El experimento también permitió analizar otro de los cambios que está experimentando el Mediterráneo: el aumento del dióxido de carbono y la progresiva acidificación del agua.
Los investigadores querían comprobar si una mayor disponibilidad de CO₂ podía favorecer la fotosíntesis de las plantas y contrarrestar parcialmente la presión provocada por las especies invasoras. Sin embargo, los resultados mostraron que este efecto fue muy limitado.
No se observaron mejoras importantes en la fotosíntesis, la producción de biomasa o el crecimiento capaces de compensar el impacto de las macroalgas. Esto sitúa a las invasoras como uno de los factores más relevantes para entender por qué algunas zonas pueden tener dificultades para recuperar sus praderas de forma natural.
El problema también está bajo la arena
Uno de los resultados más interesantes apareció precisamente donde no podemos verlo. Las algas invasoras también provocaron cambios en el microbioma asociado a las raíces de la posidonia.
Las plantas mantienen relaciones estrechas con comunidades de bacterias que intervienen en procesos relacionados con la disponibilidad de nutrientes y la respuesta frente a situaciones de estrés. Cuando aparecieron las macroalgas invasoras, la diversidad bacteriana disminuyó y la composición de esas comunidades se modificó.
Esto significa que las invasoras pueden afectar a la posidonia por dos vías diferentes: reducen directamente el crecimiento de las nuevas plantas y, al mismo tiempo, alteran el pequeño ecosistema microbiano del que dependen sus raíces.
Baleares tiene un nuevo frente que controlar
Los resultados adquieren una importancia especial en Baleares, donde las praderas de posidonia son uno de los principales valores ecológicos del litoral y su conservación lleva años siendo una prioridad.
El estudio plantea que controlar la expansión de Caulerpa cylindracea y Lophocladia trichoclados podría convertirse en una herramienta importante para favorecer la regeneración natural. Porque proteger las praderas existentes es fundamental, pero evitar que las especies invasoras impidan crecer a la siguiente generación puede resultar igual de decisivo.