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Ciencia

El planeta tendrá que producir un 50% más de alimentos para 2050, pero el 40% de la tierra ya está degradada. La crisis bajo nuestros pies cuesta casi 780.000 millones de euros cada año

La degradación del suelo ha dejado de ser un problema ambiental lejano: amenaza directamente la comida, el agua y las economías. La COP17 de la ONU en Mongolia intenta acelerar una restauración para la que harían falta cientos de miles de millones de dólares anuales.
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La humanidad se dirige hacia una contradicción difícil de esquivar. Dentro de apenas 25 años necesitaremos sacar aproximadamente un 50% más de alimentos, piensos y fibras de la agricultura que en 2012, pero una parte gigantesca de la superficie que debería sostener ese aumento ya se encuentra deteriorada.

La Convención de Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (UNCCD) estima que hasta el 40% de las tierras del planeta están afectadas por degradación. Y el problema ya tiene una traducción económica brutal: la organización sitúa el coste global de no actuar frente a la degradación, desertificación y sequía en unos 878.000 millones de dólares anuales; la estimación difundida estos días en la COP17 ronda los 780.000 millones de euros cada año.

Estamos degradando precisamente la tierra de la que tendrá que salir mucha más comida

El planeta tendrá que producir un 50% más de alimentos para 2050, pero el 40% de la tierra ya está degradada. La crisis bajo nuestros pies cuesta casi 780.000 millones de euros cada año
© Convención de Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (UNCCD).

El problema no consiste únicamente en que determinadas regiones terminen convertidas en desiertos. Degradar la tierra significa perder fertilidad, materia orgánica, capacidad de retener agua y resistencia frente a fenómenos extremos. Erosión, sobrepastoreo, deforestación, contaminación, agricultura mal gestionada y cambio climático pueden ir deteriorando lentamente un suelo hasta reducir su productividad. Y ahí aparece la parte más delicada.

Más del 95% de los alimentos dependen directa o indirectamente de la tierra, mientras que la FAO calcula que más del 60% de la degradación causada por actividades humanas se concentra precisamente en terrenos agrícolas. En paralelo, para 2050 la población mundial rondará los 9.700 millones de personas y el sistema tendrá que producir cerca de un 50% más que en 2012.

No se trata, por tanto, únicamente de conservar paisajes. Estamos debilitando parte de la infraestructura biológica sobre la que tendrá que apoyarse uno de los mayores aumentos de producción de alimentos de la historia humana.

La situación se complica todavía más con el agua. Naciones Unidas señala que alrededor del 75% de las tierras se han vuelto más secas durante las últimas tres décadas respecto a las tres anteriores, mientras las sequías han aumentado desde comienzos de siglo.

La factura de no hacer nada ya supera lo que costaría empezar a arreglarlo

El planeta tendrá que producir un 50% más de alimentos para 2050, pero el 40% de la tierra ya está degradada. La crisis bajo nuestros pies cuesta casi 780.000 millones de euros cada año
© Pexels / Jan Kroon.

Ese es uno de los mensajes centrales que está dominando la COP17 de la UNCCD, celebrada del 17 al 28 de agosto en Ulán Bator, Mongolia. El país anfitrión es un escenario especialmente simbólico: casi el 77% de su territorio está afectado por degradación.

La gran discusión es cuánto dinero hará falta.

La evaluación financiera de la UNCCD calcula que entre 2025 y 2030 sería necesario invertir unos 355.000 millones de dólares cada año para cumplir los objetivos mundiales relacionados con restauración de tierras, desertificación y sequía. Actualmente se destinan alrededor de 77.000 millones. Eso deja un agujero de unos 278.000 millones de dólares anuales.

La comparación es demoledora: no invertir cuesta unos 878.000 millones de dólares cada año. Según la misma evaluación, alcanzar el nivel de inversión necesario podría generar alrededor de 1,8 billones de dólares anuales en beneficios, con retornos potenciales de aproximadamente ocho dólares por cada dólar destinado a restauración.

Hay otro ecosistema gigantesco desapareciendo casi en silencio

La cumbre está poniendo especial atención en los pastizales y tierras de pastoreo, que cubren aproximadamente el 54% de la superficie terrestre del planeta y sostienen directa o indirectamente a miles de millones de personas.

Hasta la mitad de esos territorios ya estaría degradada. Son ecosistemas que alimentan ganado, regulan agua, almacenan enormes cantidades de carbono y sostienen comunidades enteras, pero históricamente han recibido mucha menos atención que los bosques. Por eso el desafío de 2050 no consiste simplemente en encontrar cómo cultivar más.

La humanidad tendrá que producir muchísimo más sobre una superficie sometida simultáneamente a degradación, sequías, pérdida de fertilidad y presión climática. Y esa es probablemente la imagen más inquietante de la crisis: no está escondida en un glaciar remoto ni ocurre únicamente en el futuro.

Está literalmente debajo de nuestros pies.

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