La Antártida Oriental parece, desde arriba, una inmensa superficie blanca casi inmóvil. Pero bajo esa capa de hielo hay otra Antártida: montañas enterradas, lagos subglaciales, valles profundos y ahora también una estructura tectónica de escala semicontinental que los geólogos no habían reconocido como una sola pieza.
El hallazgo fue publicado en Nature Geoscience por un equipo internacional liderado por Egidio Armadillo, de la Universidad de Génova, junto a investigadores como Daniele Rizzello, Pietro Balbi, Guy J. G. Paxman, Fausto Ferraccioli y Martin Siegert. Según el estudio, los científicos combinaron topografía subglacial y datos geofísicos para demostrar que varias cuencas ocultas bajo el hielo forman una unidad coherente con forma de abanico, que se abre desde un punto cercano al Polo Sur.
La nueva estructura recibió el nombre de East Antarctic Fan-Shaped Basin Province o EAFBP. No es una grieta aislada ni una simple depresión bajo el hielo: es una red de cuencas en forma de V que organiza una enorme parte del paisaje enterrado de la Antártida Oriental.
Un abanico gigante bajo la capa de hielo

La dificultad para estudiar esta región es evidente. Según recuerda el propio artículo de Nature Geoscience, más del 99% del lecho rocoso antártico está cubierto por la capa de hielo, lo que obliga a reconstruir el paisaje oculto mediante radar, gravedad, magnetismo, sismología y modelos de la corteza.
Al analizar esos datos, el equipo identificó 30 cuencas que forman parte de la nueva provincia geológica. Todas aparecen alargadas radialmente y muchas tienen una morfología aproximada de V. La geometría converge hacia un punto calculado en 86,4° S y 129,9° E, muy cerca del Polo Sur. Las dos grandes cuencas de primer orden, Wilkes y Aurora, se extienden más de 1.500 kilómetros desde la costa hacia el interior.
Según explicó Egidio Armadillo en un texto de Springer Nature, la pista inicial fue visual: al mirar mapas cada vez más detallados de la topografía subglacial, varias grandes cuencas parecían irradiar desde una misma zona, “casi como las varillas de un abanico abriéndose”. Lo llamativo es que muchas de esas depresiones ya se conocían por separado, pero no habían sido interpretadas como partes de una misma arquitectura continental.
La huella de Gondwana bajo el hielo

La interpretación del equipo es que este paisaje se formó por un proceso llamado extensión rotacional intraplaca. En términos simples, la corteza continental se habría estirado de forma distribuida alrededor de un punto relativamente fijo, abriendo un patrón radial parecido al de una mano que separa los dedos.
De acuerdo con Nature Geoscience, esa extensión ocurrió antes de la ruptura de Gondwana, el supercontinente del que surgieron, entre otros, África, Sudamérica, India, Australia y la Antártida. El proceso habría tenido consecuencias a escala continental: hacia el oeste, contribuyó a la compresión y elevación de las montañas subglaciales Gamburtsev; hacia el este, rotó unos 20 grados el segmento norte de las Montañas Transantárticas; y hacia el norte, creó una zona de debilidad litosférica que ayudó a controlar la separación entre la Antártida y Australia.
Ese último punto es especialmente importante. El hallazgo no solo añade una estructura al mapa oculto de la Antártida: también obliga a revisar cómo encajaban Australia y la Antártida antes de separarse. El propio estudio señala que no se encontró una continuación equivalente de esta provincia en Australia, lo que sugiere que la deformación rotacional quedó confinada a la litosfera antártica.
Una estructura antigua que sigue afectando al hielo actual

El descubrimiento no se queda en la tectónica del pasado. Según la Universidad de Durham, que participó en el estudio, la forma del lecho rocoso bajo el hielo sigue condicionando cómo se mueve la capa helada actual, dónde se ubican cuencas y lagos subglaciales, y qué regiones podrían ser más sensibles al cambio climático.
Nature Geoscience va en la misma dirección: la región de la EAFBP contiene un volumen de hielo equivalente a 28 metros de aumento del nivel del mar. Además, algunas superficies resultantes de la extensión, el enfriamiento y el hundimiento tectónico se encuentran localmente por debajo del nivel medio del mar moderno, lo que puede aumentar la sensibilidad de la capa de hielo a largo plazo.
La conexión llega incluso a glaciares actuales. El estudio señala que los límites estructurales de estas cuencas parecen controlar la ubicación de grandes glaciares de salida en la Antártida Oriental, entre ellos Totten, Vanderford, Denman, Frost y Amery. En otras palabras, procesos geológicos iniciados hace unos 150 millones de años todavía influyen en cómo fluye el hielo antártico hoy.
La Antártida no era tan estable como parecía
Durante mucho tiempo, la Antártida Oriental fue vista como una región geológicamente más estable que la Antártida Occidental. Este hallazgo complica esa imagen. No porque indique actividad tectónica actual comparable a un rift activo, sino porque muestra que bajo el hielo quedó preservada una arquitectura mucho más dinámica de lo que sugería el mapa superficial.
John W. Goodge, en un artículo de análisis publicado también en Nature Geoscience, resume la importancia del trabajo: la combinación de topografía subglacial y datos geofísicos sugiere la existencia de una cuenca extensional en forma de abanico con implicaciones para la geología antártica y para la capa de hielo que la cubre.
La imagen final es poderosa: bajo una de las masas de hielo más grandes del planeta hay una cicatriz tectónica heredada de Gondwana. No se ve desde el espacio, no puede caminarse y en algunos sectores está sepultada bajo más de tres kilómetros de hielo. Pero sigue ahí, organizando valles, cuencas, glaciares y parte del futuro de la Antártida.