Screenshot: YouTube

El fin de semana lo cont√°bamos. La canci√≥n infantil ‚ÄúBaby Shark‚ÄĚ, de la compa√Ī√≠a Pinkfong, hab√≠a terminado en el puesto 32 de Billboard de las 100 canciones m√°s populares de Estados Unidos. Con m√°s de 2.000 millones de visualizaciones en YouTube, ¬Ņqu√© secreto se esconde detr√°s de la melod√≠a?

Y es que la canci√≥n, desde la perspectiva de un adulto, probablemente no tenga nada especial, pero incluso as√≠ es posible que despu√©s de escucharla te encuentres tarare√°ndola (sobre todo tienes ni√Īos en casa) sin darte cuenta. La historia no puede ser m√°s simple: una familia de tiburones se va de caza y luego regresan, donde est√°n fuera de peligro.

¬ŅQu√© demonios le ocurre al planeta con este tema?

Al planeta no le ocurre nada, y al igual que otras melod√≠as de otros g√©neros, como la misma ‚ÄúDespacito‚ÄĚ que se repiti√≥ hasta la saciedad hace poco, estos temas se basan en una f√≥rmula, una estructura simple que, seg√ļn los expertos cient√≠ficos, permiten que sus letras repetitivas y el ritmo r√°pido activan el centro de placer en el cerebro.

‚ÄúLa canci√≥n tiene una melod√≠a simple que no solo es ‚Äúpegadiza‚ÄĚ, sino que tambi√©n es f√°cil de cantar y memorizar‚ÄĚ, explicaba estos d√≠as Beatriz Ilari, profesora asociada de la Escuela de M√ļsica Thornton de la Universidad de California, a The Daily Beast. Ese atractivo puede aumentar la dopamina en el cerebro de un ni√Īo, lo que lleva a una intensa sensaci√≥n de placer.

Las letras no solo son repetitivas, sino que como dec√≠amos, son b√°sicas, lo que facilita que los peque√Īos se aferren a ellas. Palabras como beb√©, pap√°, mam√°, abuelo y abuela, ‚Äúles ayudan a crear una conexi√≥n o v√≠nculo con la m√ļsica‚ÄĚ, explicaba Valorie Salimpoor, una neurocient√≠fica. ‚ÄúEstas son personas con las que los ni√Īos probablemente tienen una conexi√≥n muy positiva, proporcionando as√≠ un camino hacia la emoci√≥n y recompensando los sistemas en el cerebro‚ÄĚ.

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En el art√≠culo, los investigadores cuentan que el ritmo optimista de Baby Shark tambi√©n explica su popularidad. ‚ÄúAl igual que las canciones pop de adultos pegadizas, la m√ļsica m√°s r√°pida se dirige al tronco y otros sistemas en nuestro cerebro y tiene el potencial de estimular los sistemas de dopamina involucrados en el movimiento‚ÄĚ, se√Īala Salimpoor. ‚ÄúLa sincronizaci√≥n del movimiento con patrones de ritmo tambi√©n puede ser muy placentera porque implica la formaci√≥n de predicciones‚ÄĚ.

Sea como fuere, Baby Shark tiene otra cosa que funciona a su favor cuando se trata de c√≥mo afecta al cerebro: contiene un componente visual con un brillo y colores probablemente cautivador para los m√°s peque√Īos. Seg√ļn Ilari:

El aspecto del video es muy importante: los ni√Īos no solo escuchan sino que est√°n ‚Äėviendo‚Äô y tocando la canci√≥n.

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De hecho, una versi√≥n de 2015 de la misma canci√≥n que no inclu√≠a im√°genes de ni√Īos reales bailando, no se hizo viral, o al menos no como la versi√≥n con m√°s de 2,2 mil millones de visitas en YouTube.

Y ahora que sabemos algo más de la fórmula científica que la ha llevado al éxito, estaría bien que los mismos investigadores nos dieran pautas a los padres para quitarnos esta cosa de la cabeza. [The Daily Beast]