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Trump y Elon Musk coinciden en algo: ninguno sabe quién dejó a Ucrania sin Starshield. Debió de ser el perro

Los dos multimillonarios negaron ser responsables de la decisión que paralizó parcialmente esta semana la red militar de satélites utilizada por Ucrania.
Por Tom McKay Traducido por

Tiempo de lectura 3 minutos

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¿Quién dejó prácticamente fuera de combate a Starshield, la red militar de satélites construida por SpaceX para Ucrania? Tanto el presidente Donald Trump como Elon Musk, CEO de SpaceX, fingen inocencia de una manera poco convincente.

A principios de esta semana, el ejército ucraniano perdió el acceso a los servicios de Starshield para objetos que se desplazan a más de 160 kilómetros por hora y, según algunas informaciones, en ocasiones incluso a velocidades inferiores. Esto dejó fuera de su alcance a drones rápidos y otros vehículos aéreos, y debilitó considerablemente su capacidad para interceptar los ataques rusos.

La interrupción coincidió, muy oportunamente, con la insistencia de Trump en que Ucrania debía dejar de atacar las refinerías de petróleo rusas. El presidente estadounidense culpa a esos ataques de la disparada de los precios del crudo (en lugar de atribuirla, por ejemplo, a su desastrosa guerra contra Irán).

Musk negó haber tomado la decisión y trasladó la responsabilidad a la Casa Blanca. En una publicación en X, el miércoles argumentó que los sistemas eran «propiedad del Gobierno de Estados Unidos y estaban bajo su control», y que «cualquier limitación de velocidad o de uso es decidida por el ejército estadounidense y, en última instancia, por el presidente».

Pero entre guiños y codazos, el mensaje parecía contar otra historia. Ese mismo día, Musk también escribió que había llegado «el momento de que [el presidente ucraniano Volodímir Zelenski] se marche» y respondió «Cierto» al compartir otra publicación que acusaba a Ucrania de «montar rabietas porque no consigue todas sus exigencias, incluido el uso ofensivo».

Según las informaciones publicadas, los funcionarios de la Casa Blanca aseguraron inicialmente a los ucranianos que desconocían lo ocurrido y plantearon que la reducción del servicio podría deberse a un fallo técnico.

Sin embargo, Reuters informó el jueves de que dos funcionarios estadounidenses y un funcionario occidental confirmaron que la orden había procedido efectivamente de la Casa Blanca. Aun así, un alto cargo estadounidense declaró a la agencia: «El presidente nunca hizo semejante petición». Lo cual no es exactamente lo mismo que afirmar que su Administración tampoco la hizo. El viernes, Trump negó públicamente haber dado la orden y salió en defensa de Musk: «No fui yo y no creo que fuera Elon».

Por su parte, The Telegraph informó de que la idea habría surgido de ambos multimillonarios. Cuatro fuentes aseguraron al periódico que Musk se había acercado a Trump para proponerle restringir Starshield, mientras que una de ellas afirmó que el presidente estuvo de acuerdo. Según el periódico británico, Musk entró en pánico cuando el apagón del servicio desembocó en una «noche de carnicería» en Kiev, la capital ucraniana. Ante el temor de una reacción negativa de los consumidores europeos, se apresuró a trasladar públicamente la responsabilidad a la Casa Blanca.

Esta situación tiene implicaciones graves que van mucho más allá de la credibilidad individual de Musk o Trump. Está aumentando el distanciamiento de los líderes europeos aliados y sembrando dudas sobre cualquier tecnología militar que dependa de infraestructuras estadounidenses para funcionar. O Trump y Musk no tienen ni idea de quién controla realmente Starshield (una afirmación sencillamente ridícula) o están traicionando a un aliado para ganar capacidad de presión. Y eso implica claramente que Estados Unidos podría hacer lo mismo con cualquier otro país cuando se le antoje.

El clima de desconfianza que está generando esta situación podría prolongarse mucho más allá del mandato de Trump.

Según The Guardian, Zelenski declaró el viernes, tras una reunión de dirigentes de la Unión Europea, que las restricciones de velocidad impuestas al uso de Starshield por parte de Ucrania se habían flexibilizado, pero todavía no se habían eliminado por completo.

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