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La Estación Espacial Internacional esquiva un trozo de basura espacial (el tercero este año)

La Estación Espacial Internacional en octubre de 2018
Foto: NASA

Ayer, la NASA y los controladores de vuelo rusos realizaron una “maniobra de evasión” para proteger a la Estación Espacial Internacional de un trozo rebelde de desecho espacial. Este episodio, que ya es el tercero de su tipo este año, pone de relevancia un problema creciente y la importancia de mitigar las posibles colisiones en el espacio.

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La órbita baja terrestre (LEO) es vasta y generalmente vacía, pero cuando tienes miles y miles de objetos moviéndose a velocidades superiores a 10 km/s, el espacio de repente parece mucho más pequeño.

Fue a principios de esta semana cuando la NASA, junto con la Fuerza Espacial de los Estados Unidos, detectó una pieza desconocida de basura espacial que se esperaba que se acercara inquietantemente a la Estación Espacial Internacional. Para salvaguardar la nave y a su tripulación, la NASA y los controladores de vuelo rusos programaron una “maniobra de evasión” improvisada para poner a la ISS fuera de peligro.

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Para ello, activaron los propulsores de la nave espacial de reabastecimiento Progress 75 de Rusia, que actualmente está acoplada al módulo de servicio Zvezda. Dado el aviso tardío, los controladores de la misión hicieron que los tres miembros de la tripulación de la Expedición 63, Chris Cassidy, Anatoly Ivanishin e Ivan Vagner, se trasladaran temporalmente al segmento ruso de la estación para que pudieran estar muy cerca de la cápsula espacial Soyuz MS-16. La NASA dijo que esto se hizo “por precaución”, y que “en ningún momento la tripulación estuvo en peligro”.

Se proyectó que la pieza de basura espacial pasaría a una distancia de 1,39 kilómetros de la Estación Espacial Internacional, y que la aproximación más cercana ocurriría el martes 22 de septiembre a las 6:21 pm EDT. La maniobra de evasión, que requirió solo 150 segundos para completarse, se realizó aproximadamente una hora antes. Los controladores de vuelo de la NASA y Rusia trabajaron en conjunto para que esto sucediera.

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Una vez que todo terminó, las escotillas entre los segmentos estadounidense y ruso se volvieron a abrir y la vida volvió a la normalidad a bordo.

“Maniobra de encendido completada”, declaró el jefe de la NASA, Jim Bridenstine, en un tuit. “Los astronautas están saliendo de un refugio seguro”.

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En una serie de tuits, el astrofísico de Harvard Jonathan McDowell identificó el objeto como restos del cohete H-2A F40 de Japón, que se rompió el año pasado. Dijo que los restos pasaron a unos pocos kilómetros “de la posición en la que habría estado la ISS si no hubiera maniobrado”. El trozo errante se registró a una velocidad de 146 km/s volando a 422 km sobre las islas Pitcairn, en el Pacífico Sur. Esta etapa de cohete produjo 77 piezas individuales de escombros, de las cuales cinco ya han caído en la atmósfera terrestre, según McDowell, un experto en tráfico espacial.

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Los trozos de basura espacial, incluso los más pequeños, representan un riesgo tremendo para los satélites, la ISS, los astronautas y cualquier otra cosa en LEO debido a sus altas velocidades. Es más, una colisión puede producir aún más piezas de basura espacial, lo que genera un efecto de bola de nieve y más colisiones.

Bridenstine dijo que esta es la tercera vez que la ISS ha tenido que moverse este año para evitar los desechos espaciales. En las últimas dos semanas “ha habido tres conjunciones potenciales que causaron gran preocupación”, tuiteó. “¡La basura está aumentando!” exclamó, argumentando que es hora de que el Congreso proporcione al Departamento de Comercio de Estados Unidos los $15 millones solicitados por el presidente Trump para la Oficina de Comercio Espacial, en referencia a una iniciativa de comercialización de LEO y la priorización de la “gestión de desechos orbitales”.

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Bridenstine hace bien al aprovechar esta situación, ya que el problema parece estar empeorando. A principios de este año, dos satélites fuera de servicio se evitaron por poco; su colisión habría producido miles de nuevos trozos de basura espacial. Los satélites activos tienen que reorientarse constantemente para evitar colisiones, pero la adición de miles de satélites, como la constelación de satélites Starlink de Elon Musk (que estuvo cerca de provocar otra colisión en 2019), hará que estas maniobras sean más comunes. Es solo cuestión de tiempo antes de que finalmente ocurra una colisión seriamente destructiva.

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Para mitigar los riesgos, necesitamos minimizar y reducir la cantidad de objetos en la órbita terrestre baja (como diseñar satélites capaces de desorbitarse a sí mismos cuando su trabajo está terminado) y diseñar formas creativas de limpiar LEO (como arpones). También necesitamos rastrear todos estos objetos y ejecutar cálculos continuamente para señalar posibles colisiones. Un avance reciente, en el que se utilizaron láseres para detectar pequeños fragmentos de basura durante las horas del día, representa un paso en esta dirección.

Pero, en última instancia, debemos limitar la cantidad de objetos que se envían a órbita (especialmente los proyectos superfluos como esta bola de espejos gigante), elaborar leyes sensatas y exigir una mejor gobernanza global de las actividades espaciales.

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