GIF: Jaime Altozano (YouTube)

En 1993, el cantante de blues Taj Mahal estaba dando un concierto en solitario cuando el público empezó a dar palmas en los pulsos 1 y 3 de cada compás. “Esperad, esperad, esperad”, dijo de repente. “Esto es música negra, no Tchaikovsky. No es UNO, dos, TRES, cuatro; es uno, DOS, tres, CUATRO”.

Le costó dos intentos, pero al final consiguió que la gente marcara el ritmo como él quería. Lo mismo le pasó a Justin Bieber en 2015 cuando cantaba en directo en el programa de televisión El Hormiguero. Los fans empezaron a dar palmas con los pulsos cambiados y Bieber se puso nervioso, así que dejó de cantar y dijo: “venga, chicos, por lo menos aplaudid en las notas correctas”.

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El compositor y productor musical Jaime Altozano, que en su día nos deleitó con la simbología oculta de la banda sonora de El Señor de los Anillos o de Star Wars, explica en su último vídeo de YouTube por qué pasa esto. Todo se reduce a que las personas sin formación musical no son muy hábiles identificando los pulsos que están acentuados (es decir, los que coinciden con la caja de la batería).

Casi todas las canciones bailables que conocemos hoy están compuestas en 4/4; o sea, con cuatro pulsos por compás. Y casi todas las pistas de percusión de esas canciones marcan el primer y el tercer pulso con el bombo (que apenas se oye), y el segundo y el cuarto pulso con la caja (que se escucha perfectamente).

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Jaime dice que la batería “acentúa los pulsos 2 y 4” porque estos se corresponden con su mayor golpe. Por eso los músicos esperan que aplaudas en 2 y 4, y no en 1 y 3 (que es lo que estaba haciendo el público de El Hormiguero). De lo contrario, la canción sonará descompasada. (Jaime lo ilustra bien en el video cuando cambia el bombo por la caja en Don’t stop me now de Queen).

Afortunadamente, hay soluciones más elegantes que dejar de cantar y echar la bronca al público. Para muestra, este concierto de jazz del pianista Harry Connick Jr. en 1999. Connick estaba tocando Come by ne con su banda cuando la gente empezó a dar palmas, cómo no, en los pulsos 1 y 3. Puedes ver cómo el músico se va sintiendo cada vez más incómodo hasta que decide arreglarlo.

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Aprovechando que es el turno de su solo de piano, Connick añade un pulso 5 (es decir, se saca de la manga un compás 5/4) y el público empieza a dar palmas en 2 y 4 como por arte de magia, sin que nadie se dé cuenta. Bueno, alguien sí que se da cuenta: el batería, que agradece el gesto levantando los brazos con júbilo.