Existen muchas expresiones para definir la palabra lentitud. Ninguna se acerca al relato del experimento más largo (y lento) de la historia. Tanto, que casi un siglo después, sigue activo. Y tan solo una vez se ha podido registrar.

En el mes de enero de 1961, un hombre llamado John Mainstone comenzó a trabajar como profesor de física en la Universidad de Queensland en Brisbane, Australia. En su primer día, uno de sus colegas lo mostró el centro, y en una habitación le sacó un experimento de un armario. Este estaba todavía en marcha, había sido creado en la década de 1920 por Thomas Parnell, un profesor de física.

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El experimento parec√≠a bastante simple: un embudo de vidrio repleto de un compuesto de hidrocarburo o ‚Äúbrea‚ÄĚ, un derivado del petr√≥leo crudo que se usa para pavimentar las carreteras. El embudo se sentaba en un soporte, y debajo del soporte hab√≠a un vaso para atrapar cualquier brea que goteara desde el embudo. Por √ļltimo, una cubierta de vidrio proteg√≠a el aparato del polvo.

Thomas Parnell. Wikimedia Commons

Se trataba de lo que se conoce como el ‚Äúexperimento de la gota de brea‚ÄĚ, y hab√≠a estado en aquel armario desde la d√©cada de 1930. Durante todo ese tiempo, tan solo tres gotas de la sustancia hab√≠an ca√≠do del embudo: la primera en 1938, la segunda en 1947, y la tercera en 1954. Una cuarta colgaba como una l√°grima del fondo del embudo, pero como le explic√≥ su colega al profesor, podr√≠an pasar a√Īos antes de que finalmente lo hiciera.

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Volviendo a sus or√≠genes, el profesor Parnell hab√≠a creado el experimento en 1927 vertiendo brea calentada y ablandada en un embudo sellado y dej√°ndolo reposar all√≠ durante tres a√Īos. En 1930, abri√≥ el fondo del embudo y comenz√≥ a fluir la inclinaci√≥n.

El objetivo del experimento era demostrar a sus alumnos que algunas sustancias pueden parecer s√≥lidas a temperatura ambiente, pero en realidad son l√≠quidos que se mueven de forma muy lenta, aunque con una viscosidad extremadamente alta o resistencia al flujo. La brea que Parnell coloc√≥ en el embudo era tan viscosa que, en promedio, tardaron ocho a√Īos en formarse y gotear del embudo.

Experimento de la gota de brea. Wikimedia Commons

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Mainstone qued√≥ fascinado con el experimento y acept√≥ convertirse en el segundo padre del mismo tras Parnell. Su trabajo: verificar su estado una o dos veces al d√≠a para ver c√≥mo progresaba la cuarta ca√≠da. El hombre sugiri√≥ que el experimento saliera del armario y se colocara para la exhibici√≥n p√ļblica, de esta forma todo el mundo podr√≠a disfrutarlo.

Sin embargo, el jefe del departamento de física rechazó la idea e insistió en que a nadie le interesaría lo más mínimo. Hubo incluso personas que quisieron tirar el experimento a la basura, pero Mainstone logró salvarlo. Seguía en el armario en mayo de 1962, cuando la cuarta gota cayó en el vaso ... y una vez más, no había nadie allí para verla.

Luego sigui√≥ en el mismo sitio ocho a√Īos m√°s, cuando en agosto de 1970 cay√≥ la quinta gota. Y s√≠, nadie la vio. De hecho, nadie hab√≠a visto caer una sola gota, algo normal si tenemos en cuenta cada cuanto caen y que solo se tarda una d√©cima de segundo para que una gota de brea caiga en un vaso. Por tanto, tan solo la d√©cima de segundo correcta en ese per√≠odo de ocho a√Īos requer√≠a demasiada persistencia, dedicaci√≥n y much√≠sima suerte.

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Mainstone esperando ver caer la ansiada gota. Wikimedia Commons

En 1972, un nuevo jefe del departamento de f√≠sica se qued√≥ entusiasmado con la idea. Al hombre le gust√≥ la sugerencia de Mainstone de poner el experimento en una exhibici√≥n p√ļblica. Se traslad√≥ al hall de entrada del edificio de f√≠sica y se instal√≥ en su propia vitrina. De hecho, ah√≠ es donde estaba en abril de 1979, cuando la sexta gota parec√≠a estar a punto de caer.

Ahora s√≠, Mainston estaba decidido a estar cuando cayera. Quer√≠a comprender el proceso mec√°nico preciso que hace que una gota se libere y caiga en el vaso. Sab√≠a que en las etapas finales la gota se inclina ligeramente, y teoriz√≥ que la gota finalmente cae cuando uno de sus filamentos delgados se rompe, y los ‚Äúhilos‚ÄĚ restantes son demasiado d√©biles para mantener la ca√≠da por m√°s tiempo. Sin embargo, no pod√≠a estar seguro hasta que alguien realmente viera la maldita ca√≠da.

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Un s√°bado por la tarde, despu√©s de estudiar detenidamente la gota durante d√≠as, le pareci√≥ no ver signos de ca√≠da inminente y se fue a casa. Cuando lleg√≥ al trabajo el lunes por la ma√Īana, la gota hab√≠a ca√≠do, nuevamente sin que nadie lo presenciara.

Mainstone. Wikimedia Commons

La siguiente oportunidad de Mainstone lleg√≥ en el verano de 1988, cuando se acercaba la s√©ptima ca√≠da. Esta vez vigil√≥ de cerca el experimento, casi de forma obsesiva pero, como cont√≥ en una entrevista, en alg√ļn momento ‚Äúdecid√≠ que necesitaba una taza de t√© o algo as√≠, me alej√©, y cuando volv√≠, hab√≠a vuelto a pasar‚ÄĚ.

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La espera para que cayera la octava gota tom√≥ a√ļn m√°s tiempo, ya que la universidad instal√≥ aire acondicionado en el edificio de f√≠sica y las temperaturas m√°s fr√≠as hicieron que la inclinaci√≥n fluyera m√°s lenta. Esta vez, Mainstone tuvo que esperar 12 a√Īos, hasta noviembre de 2000, para que cayera la maldita gota.

Un día, mientras estaba de viaje, recibió un correo electrónico de un colega advirtiendo que la caída podría ocurrir en cualquier momento. Mainstone estaba decepcionado de no estar allí en persona, pero se consoló al saber que el departamento de física había configurado una cámara de vídeo para registrar el evento.

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Sin embargo, en el momento de la caída la cámara falló y no la filmó. Cuatro veces desde 1962, las gotas cayeron en el vaso. En ninguna de esas ocasiones se pudo registrar.

En el verano de 2013, Mainstone ya ten√≠a cerca de 70 a√Īos. Segu√≠a custodiando el experimento, y esperaba estar all√≠ para ver la novena ca√≠da, quiz√°s, y si los c√°lculos eran ciertos, para 2014. Esta vez, no se instalaron una, sino tres c√°maras para filmarla, de modo que alguna filmar√≠a la acci√≥n incluso si las otras dos fallaban.

Desgraciadamente, Mainstone no pudo verlo. Muri√≥ en agosto de 2013, antes de que cayera la gota. En cambio, s√≠ tuvo un peque√Īo consuelo antes de morir: el Trinity College en Dubl√≠n tuvo su propio experimento de la gota de brea. En abril del 2013 varios investigadores del centro irland√©s notaron que se estaba formando una nueva gota, y decidieron instalar una c√°mara. La gota finalmente cay√≥ y qued√≥ registrada. Mainstone lo pudo ver y muri√≥ seis semanas despu√©s.

Sea como fuere, incluso si Mainstone hubiera vivido, no habría visto caer la novena gota. El vaso estaba tan lleno de brea de las primeras ocho gotas, que en abril de 2014 el sucesor de Mainstone decidió reemplazarlo por uno vacío. Sin embargo, cuando lo levantó la base se tambaleó y la novena gota simplemente se deslizó de forma abrupta.

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¬ŅLa d√©cima? No hay prisa, nunca la hubo en el experimento m√°s largo de la historia. La siguiente ca√≠da deber√≠a llegar en alg√ļn momento antes de 2030, y hay suficiente inclinaci√≥n en el embudo para que dure otros 100 a√Īos. Casi nada. [Wikipedia, Universidad de Queensland, The Tenth Watch, The Conversation, AtlasObscura, Gizmodo]