Imagen: Sebastian Wahsner / Shutterstock

Una ma√Īana de 1972 se presentaba en la Universidad de California el prestigioso Dr. Myron L. Fox para realizar una conferencia con estudiantes y expertos doctores en medicina y psiquiatr√≠a. Una sala expectante por la locuci√≥n del se√Īor Fox que termin√≥ en sonoros aplausos ante el discurso que abr√≠a una nueva v√≠a de discusi√≥n sobre la materia. Al d√≠a siguiente las cr√≠ticas alabaron la conferencia. Ocurre que Fox no era Fox, era un actor que no sab√≠a lo que estaba diciendo.

Ejemplos de este tipo podemos encontrar much√≠simos, nunca ante profesionales y eminencias a las que parece muy dif√≠cil ‚Äúcol√°rsela‚ÄĚ de esta manera. Meses atr√°s John E. Ware, profesor en la Southern Illinois school of Medicine, Donald H. Naftulin profesor en la University of Southern California School of Medicine y Frank A. Donnelly, profesor de psicolog√≠a en la University of Southern California, hab√≠an ideado un experimento para observar hasta qu√© punto una puesta en escena marcada por las dotes de expresividad del locutor (y nulo contenido), pod√≠a ser valorada por profesionales y de qu√© manera. El fin: el estudio y mejora de la ense√Īanza centrada en la atenci√≥n de los alumnos.

¬ŅQu√© mejor forma de llevar a cabo el experimento que con un actor que haga de reputado profesor?

El efecto del doctor Fox

Imagen: Rido / Shutterstock

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Lo primero que hacen los tres profesores es buscar a un actor que pudiera encarnar a un experto en la materia, la que fuera, pero era primordial que el hombre tuviera una gran presencia. Ware contaba que la idea era estudiar y ahondar m√°s sobre el aprendizaje o ense√Īanza experimental, ofrecer al ‚Äúpueblo‚ÄĚ la experiencia de aquello que quieren aprender en una charla, aunque la charla est√© vac√≠a en contenido. Dicho de otra forma, buscaban averiguar hasta que punto el envoltorio triunfar√≠a sobre un interior vac√≠o.

Una noche el profesor Ware ve a un actor en la televisión dando una demostración virtuosa de un discurso de lo más ambiguo. Lo llama y se cita con él para proponerle el experimento en una conferencia, además le explica que la propuesta servirá para mejorar el programa educativo en el futuro. En un primer momento el actor acepta pero al final su agenda se lo impide y acaba rechazando la propuesta de Ware.

Es entonces cuando los tres profesores se fijan en el actor Alex Seigel, un profesional que trabajaba en las clases de cine que impartía la misma Universidad de California. A Seigel lo conocían anteriormente, ya que era el profesor de actuación para un programa de entrenamiento de actores que podrían actuar como pacientes en las clases de psiquiatría.

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Seigel propone para el trabajo al actor Michael Fox. Era el candidato perfecto y además estaba disponible para los días en los que se estaba preparando el experimento. Incluso tenían el apellido perfecto, se llamaría Myron L. Fox, conocido como Doctor Fox.

Ya ten√≠an al actor, el nombre y le a√Īaden un pasado: el reputado doctor Fox viene de la prestigiosa Albert Einstein College of Medicine en Estados Unidos. Los tres profesores quedan con el actor y le convencen para ser el doctor Fox. Por √ļltimo proponen el temario de la charla, una locuci√≥n bajo el imaginativo t√≠tulo de ‚ÄúMathematical Game Theory as Applied to Physician Education‚ÄĚ, que si bien no tiene absolutamente nada que ver con las materias de los oyentes que acudir√≠an en la sala, le dar√≠a una ventaja a Fox en la charla, ya que la mayor√≠a de asistentes no dominaban ‚Äúel tema‚ÄĚ. Fox dedic√≥ las siguientes semanas a prepararse el discurso basado por encima de todo en una puesta en escena cre√≠ble.

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El d√≠a de la prueba Fox no cre√≠a que fuera a salir bien, o al menos pensaba que ante una conferencia de ese calibre a la vista de todos los profesiones, quedar√≠a expuesto en alg√ļn momento. El actor ten√≠a dos razones de peso para estar nervioso. Por un lado ten√≠a que dar una conferencia despojada de cualquier tipo de contenido real. Por el otro, estaba seguro de que alguno de los asistentes lo reconocer√≠a por alguna de sus participaciones en la televisi√≥n. Fox ten√≠a un extenso curr√≠culum como actor secundario en varios sitcoms y pel√≠culas de la √©poca, entre otras hab√≠a participado en Batman (como el inspector Basch) o en un episodio de Colombo.

De hecho, al llegar al centro por la ma√Īana y acudir a la cafeter√≠a antes del inicio de la conferencia, Fox cont√≥ que algunas mujeres se le acercaron porque su rostro les era familiar, le preguntaban en qu√© serie o programa hab√≠a participado. Esto no hizo m√°s que aumentar la tensi√≥n del actor, pero a√ļn as√≠ acab√≥ entrando en la sala donde se celebr√≥ la conferencia.

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A la entrada de la misma se les entreg√≥ a cada uno de los oyentes unas hoja sobre el temario que iban a escuchar junto a un formulario para que al acabar dieran su punto de vista sobre el mismo. Anuncian la entrada de Fox como una ‚Äúautoridad sobre la aplicaci√≥n de las matem√°ticas a la conducta humana‚ÄĚ y aparece nuestro actor enfrente del p√ļblico expectante.

Imagen: formulario para los asistentes.

Lo que sigui√≥ fue una actuaci√≥n muy pulida que impresion√≥ a la audiencia. Los asistentes quedaron con la boca abierta sin darse cuenta de que el hombre que estaba subido en el atril no era realmente Myron L. Fox. El p√ļblico estuvo pendiente de cada palabra que sal√≠a de Fox y cuando termin√≥ la charla comenzaron las preguntas, a las que respond√≠a sin ning√ļn sentido pero con argumentos de autoridad sobre cada una de las sentencias que sal√≠an de su boca. Una representaci√≥n perfecta donde el actor hab√≠a usado f√≥rmulas como el doble discurso, neologismos, incongruencias y declaraciones contradictorias, todo bajo esos argumentos de autoridad y gran expresividad, con sentido del humor en ocasiones y otras mostrando calidez hacia el oyente.

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En el formulario que se ofrec√≠a a la entrada los asistentes escribieron que la conferencia les hab√≠a ofrecido una profunda reflexi√≥n, adem√°s a√Īad√≠an que Fox hab√≠a sido muy claro en la exposici√≥n y tremendamente interesante al incorporar una variedad de buenos ejemplos ilustrativos durante la charla.

El día después del discurso del doctor Fox

Imagen: Alphaspirit / Shutterstock

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Pero lo m√°s interesante ocurri√≥ al d√≠a siguiente. Ware explic√≥ que uno de los m√©dicos asistentes hab√≠a comenzado a mostrar ejemplos de im√°genes de la charla en las clases que impart√≠a. Este caso se hizo p√ļblico porque al parecer uno de los alumnos se levant√≥ y le dijo al profesor que esos ejemplos eran una farsa y que se trataba de una serie de diapositivas antiguas que conoc√≠a.

Posteriormente Ware tambi√©n mostr√≥ a otros grupos de profesionales en medicina el v√≠deo de la conferencia. Los resultados en este caso le volv√≠an a dar la raz√≥n. Estos grupos, a√ļn a trav√©s de una pantalla, quedaban prendados de la charla, incluso alguno lleg√≥ a comentarle al profesor que cre√≠a recordar haber le√≠do algunos art√≠culos en el pasado de Myron L. Fox.

Tras el éxito del experimento, los tres profesores llevaron a cabo otras pruebas similares con grupos cada vez más amplios. Un fenómeno que finalmente adoptó el nombre con el que describir estas conferencias que pueden llegar a cegar a los oyentes aunque tengan un contenido muy pobre o nulo, había nacido el conocido como Efecto Dr. Fox.

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La mayor de las sorpresas lleg√≥ cuando los profesores revelaron la identidad real de Fox a la opini√≥n p√ļblica. Muchos de los asistentes o incluso los grupos que hab√≠an visto posteriormente en los v√≠deos la charla, segu√≠an interesados en saber m√°s sobre el temario que hab√≠a explicado el actor. Es decir, que si bien la conferencia hab√≠a sido un fraude, la puesta en escena de Fox hab√≠a estimulado el inter√©s por el tema.

Esto llevó finalmente a los tres profesores a sugerir un método innovador que incrementara la motivación de los estudiantes: en lugar de dar charlas y conferencias de este tipo ellos mismos, los profesores podrían formar a actores para que dieran la conferencia por ellos. De esta manera podrían captar toda la atención de los oyentes.

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Ahí quedó la propuesta, la cual posteriormente ha sido refutada principalmente por una teoría: si se aceptara la propuesta de los profesores, esta podría traer implicaciones. Si un actor hace de profesor, y lo hace bien, por qué no llevarlo a otros campos. De la misma forma se debería aceptar que un actor puede hacerlo mejor en cualquier otro campo como por ejemplo la de un político ante un Congreso.

Y aunque es muy posible y muchos estaremos de acuerdo en que un actor lo haría mejor que el político (en muchas ocasiones), la lógica nos dice que alguien que ha estudiado para ello debería ser la persona adecuada. De paso, el Efecto Doctor Fox es un ejemplo de lo que ocurre a diario y casi sin darnos cuenta. En una era como la actual, donde la noticia que estamos leyendo ya es caduca y donde la rapidez y la forma de consumir información es voraz, creemos saber muchas cosas simplemente por haberlas escuchado de pasada en un medio o en una persona a la que le otorgamos validez sólo por su status o nombre, sin prestar atención a los detalles sobre la verdad o no de los hechos. Es lo que en filosofía se llama argumentos de autoridad, una falacia con la que convivimos cada día de manera irremediable.


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