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Ciencia

La NASA acaba de mostrar el asteroide Donald Johanson. Y su forma podría esconder pistas clave sobre el origen del Sistema Solar

Las primeras imágenes enviadas por la sonda Lucy revelan un asteroide alargado, irregular y geológicamente complejo. Con más de 11 kilómetros de longitud, Donald Johanson podría conservar señales intactas de los procesos que dieron forma al Sistema Solar primitivo.
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A simple vista parece solo otra roca espacial. Pero para los científicos, el asteroide Donald Johanson es algo mucho más valioso: un fragmento del pasado que ha permanecido casi intacto durante cientos de millones de años. Las nuevas imágenes divulgadas por la NASA muestran una estructura inesperadamente compleja, capaz de aportar pistas directas sobre cómo se formaron los planetas.

Una forma extraña que llamó la atención de los científicos

Las imágenes fueron captadas por el instrumento L’LORRI (Long-Range Reconnaissance Imager), una cámara de alta resolución montada en la sonda Lucy. A medida que la nave se aproximaba al asteroide, los investigadores comenzaron a notar algo poco habitual.

Donald Johanson no es esférico ni compacto. Es alargado, irregular y con una silueta casi retorcida, una morfología que apunta a un pasado marcado por colisiones violentas.

Las primeras mediciones indican que el cuerpo rocoso mide más de 11 kilómetros de largo y alrededor de cinco kilómetros de ancho, dimensiones considerables para un objeto del cinturón principal de asteroides.

Un fragmento arrancado de un cuerpo mayor

La NASA acaba de mostrar el asteroide Donald Johanson. Y su forma podría esconder pistas clave sobre el origen del Sistema Solar
© NASA/Goddard/SwRI/Johns Hopkins APL.

Según las primeras interpretaciones, Donald Johanson no nació con esta forma. Los científicos creen que se trata de un fragmento desprendido de un objeto mucho más grande, tras un impacto ocurrido hace aproximadamente 150 millones de años.

Ese tipo de eventos fue común durante la historia temprana del Sistema Solar, cuando colisiones y fusiones constantes moldearon planetas, lunas y asteroides.

Su estructura actual podría conservar huellas directas de esos procesos, prácticamente congeladas en el tiempo.

Por qué Lucy está observando estas rocas

 

La sonda Lucy fue lanzada en 2021 con una misión ambiciosa: estudiar los asteroides troyanos de Júpiter, cuerpos primitivos atrapados por la gravedad del planeta gigante y preservados desde hace más de 4.000 millones de años.

Antes de llegar a su destino final, la nave debe atravesar el cinturón principal de asteroides, una región situada entre Marte y Júpiter. Donald Johanson forma parte de ese recorrido previo.

Aunque no es un troyano, funciona como un ensayo general científico para probar instrumentos y refinar observaciones.

Una geología más compleja de lo esperado

Tras la publicación de las primeras imágenes, el equipo de la misión destacó que el asteroide presenta una geología sorprendentemente variada, con relieves y estructuras que sugieren múltiples episodios de impacto.

Tom Statler, científico del programa Lucy, señaló que las fotografías vuelven a demostrar el potencial de la nave como herramienta de descubrimiento, capaz de revelar detalles invisibles desde la Tierra.

Cada nueva imagen amplía el rompecabezas sobre cómo se organizaron los materiales que dieron origen a los planetas.

La próxima parada: los troyanos de Júpiter

La NASA acaba de mostrar el asteroide Donald Johanson. Y su forma podría esconder pistas clave sobre el origen del Sistema Solar
© NASA’s Goddard Space Flight Center.

Durante 2025, Lucy continuará su travesía por el cinturón principal, pero su gran objetivo llegará en agosto de 2027, cuando sobrevuele el asteroide troyano Eurybates.

Estos cuerpos orbitan el Sol en resonancia con Júpiter y permanecen atrapados en regiones gravitacionales estables desde el nacimiento del Sistema Solar. Para los científicos, son cápsulas del tiempo cósmicas.

Un fragmento del pasado que aún tiene mucho que decir

Donald Johanson puede parecer una roca irregular flotando en el vacío. Pero su forma, su tamaño y su historia de colisiones lo convierten en algo mucho más importante: una pieza del mecanismo original que dio forma a nuestro vecindario cósmico.

Cada imagen enviada por Lucy acerca a la ciencia a una respuesta que lleva décadas buscando. Cómo, exactamente, pasamos del polvo estelar… a los planetas.

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