No hay ahora mismo ningún gran asteroide conocido en trayectoria de colisión con la Tierra. Tampoco Apofis, pese a que en abril de 2029 protagonizará uno de los acercamientos más espectaculares previstos para las próximas décadas. Eso no significa que podamos olvidarnos del problema.
El científico planetario Humberto Campins, experto internacional en asteroides y miembro de las misiones OSIRIS-REx y OSIRIS-APEX, ha defendido en una entrevista con EFE que una persona no necesita vivir preocupada por un impacto, pero que la civilización sí debe prepararse para uno. Campins forma parte del equipo que estudió Bennu con OSIRIS-REx y ahora participa en la investigación de Apofis.
El razonamiento es sencillo: los impactos de asteroides forman parte de la historia de la Tierra. La probabilidad de que uno suficientemente grande ocurra durante nuestra vida es minúscula, pero en escalas de miles o millones de años dejan de ser acontecimientos extraordinarios. La defensa planetaria pretende precisamente evitar que el próximo gran impacto sea simplemente una cuestión de mala suerte.
Apofis pasará a 32.000 kilómetros de la Tierra, pero no existe riesgo de impacto

El 13 de abril de 2029, el asteroide (99942) Apophis pasará aproximadamente a 32.000 kilómetros de la superficie terrestre. Tiene unos 375 metros de diámetro y durante unas horas estará incluso más cerca de nosotros que muchos satélites situados en órbita geoestacionaria. Su nombre todavía arrastra la fama de amenaza que adquirió después de su descubrimiento en 2004. Las primeras estimaciones llegaron a asignarle una probabilidad del 2,7% de impactar contra la Tierra en 2029.
Aquello cambió con nuevas observaciones. NASA refinó progresivamente su órbita y en 2021 descartó también la posibilidad de un impacto en 2068. Los cálculos actuales no muestran ningún riesgo de colisión durante al menos los próximos 100 años.
Así que Apofis no es un asteroide que haya que desviar. Es algo posiblemente más útil: un laboratorio natural para aprender qué ocurre cuando un asteroide pasa extremadamente cerca de un planeta.
La gravedad terrestre alterará su órbita y probablemente modificará también su rotación. Los científicos esperan incluso movimientos en la superficie, pequeños terremotos o deslizamientos provocados por las fuerzas gravitatorias durante el encuentro.
Por eso NASA enviará OSIRIS-APEX, la misma nave que anteriormente recogió muestras de Bennu bajo el nombre OSIRIS-REx. La sonda estudiará Apofis después de su paso cercano y permanecerá aproximadamente 18 meses investigando su composición, estructura y cambios superficiales.
Ya hemos demostrado que podemos cambiar la órbita de un asteroide

Prepararse tampoco significa empezar desde cero. El 26 de septiembre de 2022, la nave DART de NASA impactó deliberadamente contra Dimorphos, una pequeña luna de unos 160 metros que orbita el asteroide Didymos.
El objetivo era comprobar una idea que hasta entonces pertenecía principalmente a simulaciones: si una nave espacial podía golpear un asteroide y modificar suficientemente su movimiento. Funcionó.
Antes del impacto, Dimorphos tardaba 11 horas y 55 minutos en completar una órbita. Después necesitaba aproximadamente 11 horas y 23 minutos: DART había reducido su periodo orbital unos 32 minutos. Fue la primera vez que la humanidad modificó deliberadamente el movimiento de un objeto celeste y confirmó que el impacto cinético puede funcionar como técnica de defensa planetaria. Eso no significa que podamos desviar cualquier asteroide.
El éxito dependería de su tamaño, composición, estructura interna, velocidad y, sobre todo, de cuánto tiempo dispongamos antes de un posible impacto. Detectar una amenaza con décadas de antelación permite aplicar cambios diminutos a su trayectoria; descubrirla demasiado tarde reduce drásticamente las opciones.
Por eso buena parte de la defensa planetaria consiste simplemente en encontrar primero los objetos peligrosos y calcular bien sus órbitas.
En 2029 habrá dos naves estudiando cómo la Tierra transforma a Apofis
Apofis ofrecerá además una oportunidad poco habitual para realizar ese trabajo desde dos perspectivas. Mientras OSIRIS-APEX lo estudiará tras el encuentro, la Agencia Espacial Europea prepara Ramses, una misión diseñada para llegar antes y acompañar al asteroide durante su paso junto a la Tierra. La ESA prevé lanzarla en 2028.
Eso permitiría comparar cómo era Apofis antes y después de enfrentarse a la gravedad terrestre. La misión europea estudiará posibles modificaciones en su forma, rotación y superficie. Incluso incluirá pequeños CubeSats; uno de ellos, denominado Don Quijote, está diseñado para operar directamente sobre la superficie del asteroide.
Toda esa información puede resultar crucial si algún día aparece un objeto realmente peligroso. Desviar un asteroide no consiste únicamente en golpearlo: primero hay que saber qué clase de cuerpo estamos intentando mover.
Campins apunta además hacia otro futuro posible. Asteroides cercanos podrían terminar convirtiéndose en fuentes de agua, metales o materiales para fabricar estructuras en el espacio. OSIRIS-REx ya confirmó que Bennu contiene minerales hidratados y material rico en carbono, demostrando hasta qué punto estos cuerpos pueden conservar recursos y química primitiva del Sistema Solar.
Pero antes de utilizarlos tendremos que asegurarnos de poder defendernos de ellos. Apofis pasará en 2029 sin tocar la Tierra. DART ya demostró que podemos alterar el movimiento de un pequeño asteroide. Y las nuevas misiones intentarán comprender mucho mejor cómo se comportan estos objetos.
No hay una amenaza inmediata. La idea de la defensa planetaria es conseguir que, cuando algún día aparezca una, tampoco tengamos que depender de la suerte.