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La nueva vida del Parque de Atracciones de Madrid empieza con una condición: proteger su viejo tiovivo

El Ayuntamiento de Madrid prepara una nueva licitación para el Parque de Atracciones de la Casa de Campo después de casi seis décadas de explotación continuada. Mientras la ciudad sueña con una noria gigante de 260 metros, el pliego protege una pieza mucho más pequeña: un tiovivo francés de 1927.
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Madrid lleva años coqueteando con una idea de ciudad-espectáculo: levantar una gran noria capaz de competir con los iconos turísticos globales. Una estructura de unos 260 metros, más alta que el London Eye y pensada como mirador urbano, inversión privada mediante y con la ambición de cambiar el skyline de la capital.

El proyecto, conocido como Torre Panorama, ha sido impulsado desde Madrid Foro Empresarial y contempla una inversión privada cercana a los 300 millones de euros, según publicó Arquitectura Viva. La ubicación que se estudia ya no sería el parque Enrique Tierno Galván, donde encontró fuerte oposición vecinal, sino el entorno de Madrid Nuevo Norte, junto a las Cuatro Torres.

Pero mientras esa noria gigante sigue sin resolverse, Madrid tiene otra rueda mucho más modesta sobre la mesa: el histórico tiovivo del Parque de Atracciones de la Casa de Campo. Y esa sí tiene protección concreta dentro del nuevo concurso que el Ayuntamiento prepara para renovar la gestión del recinto.

La nueva vida del Parque de Atracciones de Madrid empieza con una condición: proteger su viejo tiovivo
© Megalopolis – Youtube.

Un parque que cambia de etapa después de casi 60 años

El Parque de Atracciones de Madrid se inauguró en 1968 y desde entonces ha formado parte de la memoria popular de la ciudad. Según la Cadena SER, el recinto recibe alrededor de un millón de visitantes al año, cuenta con más de 30 atracciones y ha vivido cinco grandes reformas a lo largo de su historia.

Ahora el Ayuntamiento quiere abrir una nueva etapa. Almeida anunció que el parque saldrá a concurso público después de casi seis décadas de explotación continuada. La nueva concesión tendrá una duración improrrogable de ocho años, hasta el 5 de octubre de 2035, y buscará modernizar instalaciones, incorporar nuevas atracciones y mejorar la accesibilidad sin que el coste recaiga sobre las arcas municipales.

La licitación no parte de una hoja en blanco. Entre las condiciones aparece una obligación muy concreta: conservar y mantener el tiovivo histórico del parque. No es una atracción cualquiera. Es una pieza de origen francés construida en 1927, restaurada en 2012 y considerada una de las máquinas con mayor valor patrimonial del recinto.

Ese tiovivo, también conocido como La Pérgola, conserva animales de madera, decoración art déco y modernista, bombillas y música de época. La propia página del Parque de Atracciones lo presenta como una forma de “retroceder en el tiempo” y sumergirse en una atmósfera de principios del siglo XX.

Entre la nostalgia y el icono global

El contraste es llamativo. Por un lado, Madrid imagina una noria monumental de escala internacional, una pieza diseñada para competir en la liga de los grandes miradores urbanos. Por otro, protege un carrusel de madera que gira a otro ritmo, mucho más lento, asociado a una memoria familiar y casi artesanal.

La noria gigante no es un proyecto sencillo. Cuando se estudió su posible instalación en el parque Enrique Tierno Galván, asociaciones vecinales alertaron del impacto sobre el espacio verde y reunieron miles de firmas contra la operación. El debate no era solo turístico, sino urbano: qué tipo de atracciones necesita Madrid y qué precio está dispuesta a pagar por convertirlas en iconos.

El tiovivo, en cambio, plantea la pregunta inversa. No mira hacia el futuro del skyline, sino hacia el pasado emocional de la ciudad. Su valor no está en la altura ni en la velocidad, sino en haber sobrevivido a generaciones de reformas, modas y sustituciones dentro de un parque que fue reemplazando viejas atracciones por montañas rusas más intensas.

Ahí está la tensión interesante. Madrid quiere modernizar su ocio, atraer inversión privada y competir con otras capitales globales. Pero también sabe que parte de su identidad no está en lo espectacular, sino en esos objetos aparentemente pequeños que siguen acumulando recuerdos.

La futura noria, si algún día se construye, buscará mirar Madrid desde arriba. El tiovivo francés hace otra cosa: recuerda que una ciudad también se construye con lo que decide no tirar.

 

 

Fuente: Xataka.

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