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La zona de exclusión de Fukushima rebosa vida años después del desastre nuclear

Un jabalí salvaje grabado junto a Fukushima
Foto: University of Georgia

El auge de la vida silvestre en la zona de exclusión de Chernobyl ha sido largamente documentado durante muchos años, y su última aparición ha sido en la serie Our Planet de Netflix. Una nueva investigación señala que la vida silvestre está experimentando un florecimiento similar en la zona de exclusión de Fukushima en Japón. No importa lo mucho que los humanos arruinen el planeta, la naturaleza parece encontrar una manera de recuperarse una vez que nos quitamos de en medio.

En 2011, un terremoto y un tsunami posterior causaron el colapso de la planta nuclear de Fukushima y llevaron al gobierno japonés a evacuar un área aproximadamente del tamaño de la ciudad de Los Ángeles a medida que la radiación se iba extendiendo por la región. Ese área quedó finalmente dividida en tres zonas: una donde las personas pueden vivir, una donde algunas áreas son seguras para vivir y otra zona restringida que no resulta segura para la población humana debido a los altos niveles de radiación que hay.

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Esa división ha ayudado a estructurar la vida humana en la zona después del desastre, pero también les dio a los investigadores una oportunidad sin precedentes para ver cómo la vida silvestre respondía a los cambios en el hábitat y a la radiación. Gran parte del trabajo sobre cómo la radiación de Fukushima ha afectado a los animales se ha centrado en individuos o en grupos pequeños y ha examinado en gran medida los impactos moleculares de la radiación. Pero el nuevo estudio publicado el lunes en Frontiers in Ecology and the Environment analizó el nivel de población de la vida silvestre al extender 120 cámaras trampa por las tres zonas.

Finalmente, 14 cámaras fallaron, pero los investigadores consiguieron capturar más de 267.000 imágenes en dos períodos de 60 días. Eso permitió una vista sin precedentes de los animales que deambulan por el campo de Fukushima. Las imágenes que capturaron muestran la enorme capacidad de la vida para abrirse paso. Este vídeo con timelapses de algunos de los lugares muestra pequeños jabalís siendo amamantados por sus madres, monos paseando y hasta un zorro deambulando con un conejo en la boca.

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Las criaturas más comunes vistas en cualquiera de las zonas fueron los jabalíes (que no deben confundirse con los facóceros); su población en la zona de exclusión era el doble que en la zona donde estaba restringido el paso de los humanos y tres veces la de la zona donde viven los humanos. De hecho, la mayoría de las especies tenían poblaciones más altas en las zonas de exclusión, donde la radiación era mayor. Los mapaches y el serow japonés —un ungulado parecido a una cabra— son la excepción a esta regla, ya que tenían poblaciones más altas en las zonas habitadas.

“Con el tiempo, algunas especies de vida silvestre han respondido favorablemente a la ausencia de seres humanos, incluso en presencia de altos niveles de radiación, y ha habido un repunte de la vida salvaje en las zonas evacuadas”, dijo Thomas Hinton, radioecólogo del Instituto de Radiactividad Ambiental de la Universidad de Fukushima y que participó en el estudio.

Dice mucho sobre la humanidad que los animales prefieran vivir en zonas radioactivas que cerca de los humanos, pero ahí están. Ahora en serio, los resultados de este estudio muestran cómo la vida silvestre puede prosperar en lugares de donde los humanos deben escapar. El estudio señala que los datos de las cámaras trampa no mostraron anormalidades a nivel poblacional en ninguna de las especies estudiadas, aunque otros hallazgos han demostrado que la radiación de Fukushima ha causado efectos en la salud de los animales, como daños en el ADN de las lombrices terrestres o la disminución reproductiva de los azores.

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Los humanos han ejercido una presión abrumadora sobre los animales de todo el mundo, desde el Amazonas, donde se queman zonas enteras para limpiar la tierra, hasta Australia, donde la crisis climática ha provocado una ola masiva de muertes. Este tipo de cosas nos han llevado al borde de una sexta extinción masiva, con hasta un millón de especies en riesgo de extinción debido a las actividades humanas. Esto ya debería darnos mucho que pensar, y mucho más si tenemos en cuenta que las consecuencias de una extinción masiva harán inevitablemente que la vida en la Tierra sea más difícil para nosotros.

Fukushima ha sido una reconstrucción involuntaria de la vida salvaje, pero muestra lo que puede suceder en un tiempo relativamente corto y nos enseña el éxito que podría tener algo así si lo hiciésemos con algún tipo de planificación. Solo necesitamos actuar juntos y hacerlo lo antes posible.

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“Los humanos son el cáncer de la naturaleza”, dijo Hinton. “Nuestra constante expansión tiene impactos perceptibles en muchas especies de la vida silvestre. Sin embargo, la naturaleza es resistente y si se reduce el estrés de la presencia humana, muchas poblaciones podrían recuperarse y aumentar en número”.

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