Una red de sensores instalada por Estados Unidos en el océano Pacífico hace más de 20 años acaba de proporcionar un descubrimiento inesperado a científicos chinos. Los investigadores identificaron un fenómeno conocido como chimeneas inerciales, enormes corredores invisibles que permiten transportar energía desde las capas superficiales del océano hasta las profundidades marinas.
El hallazgo fue realizado por investigadores del Instituto de Oceanología de la Academia China de Ciencias y publicado en octubre de 2026 en la revista Deep Sea Research Part I.
Aunque se trata de un avance oceanográfico, sus posibles aplicaciones también despiertan interés militar. Comprender mejor las corrientes y las condiciones físicas del océano podría ayudar a mejorar los sistemas acústicos utilizados por buques y submarinos.
Los 46 sensores estadounidenses que hicieron posible el descubrimiento
La historia comenzó en abril de 2004, cuando investigadores estadounidenses instalaron una extensa red de instrumentos al este de Japón.
El proyecto, denominado Kuroshio Extension System Study (KESS), fue financiado por la Fundación Nacional de Ciencias de Estados Unidos.
Su objetivo era estudiar el comportamiento de las corrientes oceánicas en una región especialmente dinámica del Pacífico. La red incluía 46 sensores distribuidos sobre una superficie aproximada de 600 por 600 kilómetros, equivalente a 360.000 kilómetros cuadrados.
Los dispositivos registraban la presión del agua, las corrientes cercanas al fondo y el tiempo que tardaban las señales acústicas en viajar entre el lecho marino y la superficie. Las mediciones, recopiladas entre 2004 y 2006, quedaron disponibles para futuras investigaciones científicas.
Dos décadas después, científicos chinos utilizaron esos registros para estudiar cómo se transmite la energía a través de las distintas capas del océano.
Qué son las misteriosas chimeneas invisibles del Pacífico
A pesar de su nombre, las chimeneas inerciales no son estructuras físicas ni enormes túneles submarinos.
Se trata de regiones dinámicas donde las condiciones oceánicas favorecen la propagación vertical de energía.
Cuando los vientos agitan la superficie del mar, pueden generar ondas internas que se desplazan entre capas de agua con diferentes densidades. Los investigadores descubrieron que ciertos remolinos anticiclónicos facilitan que estas ondas transporten energía hacia zonas profundas.
Este proceso resulta importante porque ayuda a explicar cómo fenómenos atmosféricos superficiales pueden influir sobre las corrientes y los movimientos del agua a miles de metros de profundidad.
Un modelo capaz de explicar el 76% de las variaciones
El equipo desarrolló un modelo estadístico para estudiar la energía asociada con las ondas casi inerciales presentes cerca del fondo oceánico. Los resultados permitieron explicar aproximadamente el 76% de la variabilidad observada.
Dentro de la variabilidad explicada, cerca del 68% se relacionó con factores presentes en las capas superiores, como la energía de las ondas, la estratificación y la rotación del agua.
El 32% restante se asoció con corrientes locales próximas al fondo marino. Estas proporciones no representan cantidades de energía transportada directamente, sino contribuciones estadísticas identificadas por el modelo.
El descubrimiento proporciona nuevas herramientas para comprender los procesos físicos que conectan la superficie oceánica con las profundidades.
Por qué este hallazgo podría interesar a las fuerzas navales
Las condiciones del océano tienen una influencia directa sobre la propagación del sonido bajo el agua. La temperatura, la salinidad y la presión modifican la velocidad de las ondas acústicas, afectando el funcionamiento de los sistemas de sonar.
Por eso, comprender cómo evolucionan las corrientes profundas puede resultar útil para mejorar los modelos de detección y comunicación submarina.
Sin embargo, el estudio no demuestra que China haya desarrollado un nuevo sistema militar utilizando estos datos. Su contribución principal es científica: revelar mecanismos que ayudan a explicar cómo llega energía hasta el fondo oceánico.
El caso también demuestra el valor de conservar y compartir registros científicos.
Una infraestructura financiada por Estados Unidos para investigar las corrientes del Pacífico terminó proporcionando información que, veinte años después, permitió a investigadores chinos ampliar nuestro conocimiento sobre uno de los entornos menos explorados del planeta.