Puede parecer que un mosquito simplemente pica al primer animal o persona que encuentra, pero su elección es bastante menos aleatoria de lo que pensábamos. Una investigación liderada por la Estación Biológica de Doñana (EBD-CSIC) concluye que diferentes grupos de mosquitos mantienen preferencias muy concretas por determinados vertebrados y que esas elecciones están relacionadas, en buena medida, con millones de años de evolución.
El estudio analizó 765 registros de alimentación de mosquitos procedentes de distintas regiones del mundo para intentar responder una pregunta aparentemente sencilla: por qué algunas especies prefieren alimentarse de mamíferos mientras otras buscan aves, anfibios o reptiles. Los resultados muestran que la disponibilidad de animales en un determinado lugar importa, pero no explica por sí sola qué termina picando cada mosquito.
La evolución condiciona qué animales buscan
Los investigadores identificaron lo que describen como una “inercia filogenética”. En términos simples, significa que especies de mosquitos estrechamente emparentadas tienden a conservar preferencias alimentarias similares, incluso cuando viven en ambientes diferentes.
Así, los mosquitos pertenecientes a las tribus Aedini, Anophelini, Mansoniini y Sabethini muestran una clara tendencia a alimentarse de mamíferos, un grupo en el que también se encuentran los seres humanos. Los Culisetini, en cambio, prefieren principalmente las aves, mientras que los Uranotaeniini recurren con mayor frecuencia a anfibios. Algunas especies presentan todavía más especialización, como Culex hortensis, que se alimenta habitualmente de reptiles.

La conclusión es que la historia evolutiva funciona como una especie de brújula alimentaria. Un mosquito no comienza cada generación decidiendo desde cero qué animal resulta más conveniente, sino que hereda tendencias desarrolladas por sus antepasados.
El mosquito común puede conectar aves y humanos
Uno de los casos con mayor importancia sanitaria es el de Culex pipiens, conocido como mosquito común. Esta especie se alimenta principalmente de aves, que pueden actuar como reservorios naturales del virus del Nilo Occidental, pero también puede picar ocasionalmente a seres humanos.
Ese cambio de hospedador es especialmente relevante porque permite que un patógeno que circula entre aves termine alcanzando a las personas. De esta manera, conocer qué especies tienen una alimentación más flexible y cuáles pueden pasar de un grupo de vertebrados a otro ayuda a determinar qué mosquitos tienen mayor capacidad para funcionar como puentes de transmisión de enfermedades.
Este tipo de información resulta cada vez más importante ante la expansión de enfermedades transmitidas por mosquitos y el incremento de algunos brotes registrado durante los últimos años.
La cantidad de animales disponibles también importa
La evolución, sin embargo, no determina completamente el menú. Los investigadores señalan que la abundancia de los posibles hospedadores en cada lugar y momento también modifica las probabilidades de contacto. Un mosquito puede tener una preferencia histórica por determinadas especies, pero si estas escasean mientras otro tipo de animal se vuelve muy abundante, las oportunidades reales de alimentación cambian.
Esta combinación entre predisposición evolutiva y disponibilidad ambiental permite comprender por qué los patrones de transmisión de enfermedades pueden transformarse rápidamente cuando cambia un ecosistema.

El cambio climático puede alterar quién termina siendo picado
Precisamente ahí aparece uno de los aspectos más importantes del trabajo. El cambio climático, la urbanización y la transformación de los hábitats están modificando simultáneamente la distribución de mosquitos y de los animales de los que se alimentan, generando encuentros que antes podían ser mucho menos frecuentes.
Si determinados mosquitos comienzan a coincidir con nuevos hospedadores, también pueden cambiar las rutas por las que circulan virus y otros patógenos. Por eso, conocer de antemano sus preferencias alimentarias puede ayudar a construir modelos más precisos sobre dónde podrían aparecer futuros brotes.
El estudio muestra así que detrás de una simple picadura existe una historia evolutiva considerablemente más compleja: los mosquitos no eligen completamente al azar, y entender quién entra habitualmente en su menú puede ser una herramienta importante para anticipar qué enfermedades podrían llegar después.