En 2015, voluntarios del Servicio de Pesca y Vida Salvaje de Estados Unidos comenzaron a notar algo muy raro en la isla de Sand. Los albatros que anidan en ella tenían heridas atroces en sus patas, cola y cabeza. Las lesiones no encajaban con ningún depredador, así que instalaron cámaras cerca de los nidos.

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Las grabaciones resultantes mostraron un espectáculo tan extraño como espantoso. Los atacantes de los albatros eran ratones comunes y corrientes. Cada noche, los roedores se acercaban a las aves por la espalda y literalmente se las comían vivas, bebiendo su sangre y dejando unas heridas horripilantes en el proceso.

Primero fueron casos aislados, pero con el paso de los años los ataques se han recrudecido de manera sorprendente. Según las estimaciones del Servicio de Pesca y Vida Salvaje, los ratones han matado ya más de mil aves y han desplazado muchas más lejos de sus nidos habituales. Es un problema grave porque la isla de Sand es probablemente la mayor colonia de albatros del mundo.

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Los ratones son relativos recién llegados a la isla de Sand. Llevan en ella solo 75 años, pero nunca hasta ahora se habían comportado así. Eso por no mencionar que no son una especie depredadora. ¿Qué los lleva a atacar de esa forma a los albatros? La respuesta es sencilla y pone el dedo una vez más en la llaga del cambio climático: sequía. Las islas del archpiélago de Hawai llevan tiempo sufriendo una sequía prolongada. La falta de agua ha llevado a los ratones a tal extremo de desesperación que no dudan en procurarse cualquier líquido para beber, y la sangre de albatros es una opción tan buena como cualquier otra.

La pregunta inmediata que surge es ¿cómo un ave tan grande como un albatros puede dejarse atacar por un diminuto ratón? Brad Keitt, director del programa de océanos e islas del Instituto para la Conservación de las aves de Estados Unidos lo explica en una entrevista a The Washington Post:

Cuando anidan, los albatros solo identifican un tipo de amenaza, que es la que pueda afectar al huevo que están incubando o al polluelo. Su único instinto es permanecer sentados y proteger a toda costa a su prole, no protegerse o huir.

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Se da la circunstancia de que los ratones también han aprendido a no acercarse a los albatros de frente, donde las aves solo necesitan un picotazo para acabar con el roedor. En lugar de ello trepan sobre el lomo de las aves desde la espalda y las atacan en el cuello o la parte posterior de la cabeza, donde los albatros no pueden alcanzarles. Las aves tan solo permanecen quietas o tratan de revolverse suavemente mientras sufren una auténtica tortura.

Para complicar la cuestión, los ratones son mucho más prolíficos que los albatros, cuyo ciclo reproductor es mucho más largo y delicado. Los investigadores ya han comenzado a tomar medidas para solventar la situación, que pasa por eliminar la presencia de roedores en la isla. Al fin y al cabo, es la especie menos amenazada de las dos. [USFWS vía Science Alert]