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Dos de las crías de Proteo en el laboratorio de la cueva.
Dos de las crías de Proteo en el laboratorio de la cueva.
Foto: Cueva de Postojnska

En 1689, el naturalista Freiherr von Valvasor describió por primera vez unas extrañas criaturas que las lluvias habían arrastrado fuera de la cueva de Postojna, en Eslovenia. Los lugareños aseguraban que eran crías de dragón. Hoy podemos ver esas mismas crías por primera vez en su hábitat natural.

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Los pequeños reptiles blancos que Valsavor describió no eran dragones sino proteos (Proteus anguinus), una rara especie de salamandra cuyo único hábitat conocido son las cuevas de Eslovenia, Croacia , y Bosnia y Herzegovina. Los pequeños reptiles so prácticamente ciegos, pero compensan la falta de visión con una sofisticada colección de fotorreceptores, quimioreceptores y electrorreceptores ubicados en su piel. También tienen un olfato y un oído extraordinarios. Los Proteos pueden vivir hasta 100 años y se sabe por experimentos controlados que pueden sobrevivir hasta 10 años sin alimento alguno.

La especie es tan rara que nunca hasta ahora se había logrado documentar con detalle su ciclo reproductor. El que se reproduzcan cada diez años tampoco ayuda en absoluto. Eso cambió en 2016, cuando un grupo de investigadores descubrieron que una hembra de la especie había depositado 64 huevos en uno de de los acuarios con estas criaturas que hay en la cueva de Postojna.

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Un huevo de Proteo
Un huevo de Proteo
Foto: Cueva de Postojnska

Solo 21 de esos huevos eclosionaron (en libertad el porcentaje de supervivencia es aún menor), así que los científicos se embarcaron en un ambicioso proyecto para tratar de criar con éxito a los pequeños proteos, y así asegurar también la supervivencia de la especie en el futuro.

Los biólogos Primož Gnezda and Katarina Kanduč dedicaron todos los días durante cuatro años a cuidar a los pequeños bebés dragón. Además del valor científico de su trabajo, sus esfuerzos han cristalizado en una nueva exhibición en la que los visitantes podrán ver por primera vez a tres jóvenes proteos (no alcanzan la madurez completa hasta los 14 años) en un acuario que los investigadores han diseñado específicamente para ellos. La cueva acaba de reabrir sus puertas tras la reciente pandemia de Covid-19, pero las visitas a los bebés dragón están restringidas a grupos de no más de 30 personas al día.

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Los proteos llevan viviendo en estas cuevas desde hace millones de años. Gracias a esta iniciativa, su especie seguirá en ellas por muchos años y la exhibición ayudará a dar a conocer uno de los hábitats subterráneos más diversos y únicos del planeta. [Park Postojnska vía IFL Science]

Editor en Gizmodo, fotógrafo y guardián de la gran biblioteca de artículos. A veces llevo una espada.

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