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Ciencia

Más del 75% de las parejas dice que probaría un anticonceptivo masculino. La OMS acaba de fijar por primera vez cómo debe ser para llegar al mercado

La OMS ha publicado por primera vez una hoja de ruta para desarrollar anticonceptivos masculinos reversibles. Quiere píldoras, geles, inyecciones o implantes seguros y eficaces que puedan llegar al mercado en los próximos años.
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Durante décadas, las opciones anticonceptivas controladas por los hombres apenas han cambiado: preservativo, vasectomía o métodos conductuales como la retirada. Mientras tanto, píldoras, implantes, dispositivos intrauterinos, parches e inyecciones han colocado buena parte de la anticoncepción farmacológica sobre las mujeres.

La Organización Mundial de la Salud quiere cambiar esa situación. El organismo acaba de publicar sus primeros Target Product Profiles (TPP) para anticonceptivos masculinos, una especie de hoja de especificaciones que indica a farmacéuticas, investigadores y reguladores qué tendría que ofrecer un nuevo producto para resultar realmente útil: eficacia, seguridad, reversibilidad, precio y facilidad de uso.

La OMS no está creando una píldora. Está escribiendo las reglas para quien consiga hacerlo

Más del 75% de las parejas dice que probaría un anticonceptivo masculino. La OMS acaba de fijar por primera vez cómo debe ser para llegar al mercado
© Contraline.

El documento contempla tres grandes estrategias. Una consiste en frenar temporalmente la producción de espermatozoides; otra, impedir que los espermatozoides funcionen correctamente; y la tercera, bloquear de manera reversible los conductos deferentes para evitar que lleguen al semen. Eso deja espacio para productos muy diferentes: píldoras, geles diarios, inyecciones de larga duración, implantes e incluso materiales capaces de bloquear temporalmente el paso de los espermatozoides.

La OMS establece además números concretos. Para los métodos que reducen la producción espermática, el mínimo aceptable sería lograr una tasa acumulada de embarazos de no más de siete por cada 100 parejas durante 12 meses de uso, mientras que el objetivo óptimo baja a tres. En condiciones ideales, además, el 90% de los hombres debería alcanzar la supresión espermática prevista en unas ocho semanas.

También hay una cuestión menos llamativa pero crucial: el precio. Para los productos destinados a países de ingresos bajos y medios, la OMS considera aceptable un coste inferior a 30 dólares mensuales y sitúa el objetivo ideal por debajo de 5 dólares al mes.

El problema de que “los hombres no los usarían” empieza a perder fuerza

Durante años, una de las dudas alrededor de estos productos ha sido si existiría realmente un mercado. Los últimos datos apuntan en otra dirección.

Un estudio desarrollado entre 2023 y 2025 en Colombia, Ghana, Marruecos y Togo encontró que más del 75% de las parejas encuestadas estaría dispuesto a utilizar un nuevo anticonceptivo masculino. Más del 85% de las mujeres aseguró además que confiaría en que su pareja asumiera esa responsabilidad.

Entre los hombres encuestados específicamente, un estudio publicado en Contraception encontró que el 72,2% decía estar dispuesto a probarlos. La opción preferida era una píldora oral (34,4%), seguida de inyecciones, geles tópicos y parches.

La demanda, por tanto, podría no ser el obstáculo que durante años se dio por sentado.

El candidato más avanzado ni siquiera es una píldora

Más del 75% de las parejas dice que probaría un anticonceptivo masculino. La OMS acaba de fijar por primera vez cómo debe ser para llegar al mercado
© Hallie Easley/Population Council.

Uno de los proyectos que más camino ha recorrido es NES/T, un gel hormonal que combina segesterona con testosterona y se aplica diariamente sobre los hombros y brazos. Su objetivo es reducir la producción de espermatozoides manteniendo niveles suficientes de testosterona para conservar las funciones hormonales normales.

La fase 2b ya ha terminado y sus desarrolladores están preparando la fase 3. Paralelamente avanzan alternativas no hormonales, entre ellas implantes capaces de bloquear temporalmente los conductos deferentes.

Nada de esto significa que vaya a aparecer mañana una “píldora masculina” en las farmacias. La propia OMS estima que los candidatos más prometedores podrían tardar todavía entre cinco y diez años en alcanzar el mercado.

Pero algo sí acaba de cambiar. Después de décadas de ensayos dispersos, por primera vez existe una definición internacional de cómo debería ser un anticonceptivo masculino suficientemente bueno para salir del laboratorio. Y los datos sugieren que, cuando finalmente llegue, habrá bastante más gente dispuesta a utilizarlo de lo que durante años se pensó.

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