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Ciencia

La fiebre mundial por el omega-3 acaba de llevar la pesca de krill antártico hasta su cuota máxima por segundo año seguido. En ocho meses extrajeron 620.000 toneladas de una pieza clave para ballenas, pingüinos y focas

La temporada 2026 terminó antes de tiempo después de que la flota agotara nuevamente todo el margen operativo permitido en el Atlántico antártico. La industria es cada vez más eficiente y el krill se ha convertido en materia prima valiosa para suplementos de omega-3 y acuicultura, justo cuando los científicos debaten cómo evitar que la pesca se concentre en las zonas donde también se alimentan los grandes depredadores.
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Hay un animal de apenas unos centímetros que sostiene buena parte de uno de los ecosistemas más espectaculares del planeta. El krill antártico (Euphausia superba) alimenta directamente a pingüinos, focas, peces y algunas de las mayores ballenas del mundo. También se ha convertido en un producto extraordinariamente valioso para nosotros.

La temporada pesquera de 2026 en el Área 48 del océano Austral terminó el 12 de agosto, después de alcanzar las 620.000 toneladas, el máximo operativo establecido actualmente por la Comisión para la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos (CCAMLR). Es el segundo año consecutivo en que la industria consigue agotar ese margen antes de que termine la temporada. Aker BioMarine, uno de los principales actores del sector, confirmó el cierre y señaló que la actividad de este año se extendió por las subáreas 48.1 y 48.2.

Hace solo dos años ni siquiera se acercaban al límite

La fiebre mundial por el omega-3 acaba de llevar la pesca de krill antártico hasta su cuota máxima por segundo año seguido. En ocho meses extrajeron 620.000 toneladas de una pieza clave para ballenas, pingüinos y focas
© Alfred Wegener Institute; Ulrich Freier.

El cambio ha sido rapidísimo. En 2024 se capturaron 498.350 toneladas de krill en el Área 48. En 2025 la cifra saltó hasta 624.918 toneladas, un incremento superior al 25%, y la pesquería tuvo que cerrar el 1 de agosto al alcanzar por primera vez el llamado trigger level. En 2026 volvió a ocurrir.

Detrás de ese crecimiento hay barcos factoría mucho más capaces, sistemas de pesca continua y plantas que procesan el krill prácticamente en el mismo momento en que sale del agua.

El crustáceo termina convertido en harina rica en proteínas para alimentación acuícola y aceite con EPA y DHA, dos de los ácidos grasos omega-3 más buscados por la industria de suplementos. El propio Aker BioMarine informó que sus ventas de aceite de krill crecieron un 21% interanual durante el segundo trimestre de 2026 y un 23% durante el primer semestre.

La paradoja es que las 620.000 toneladas no constituyen el límite biológico absoluto del recurso. CCAMLR calcula para el Área 48 un límite precautorio mucho mayor, pero mantiene las capturas en 620.000 toneladas mientras no exista un sistema acordado para distribuir cantidades superiores de forma segura entre áreas más pequeñas.

El problema no es solo cuánto krill se pesca, sino exactamente dónde desaparece

La fiebre mundial por el omega-3 acaba de llevar la pesca de krill antártico hasta su cuota máxima por segundo año seguido. En ocho meses extrajeron 620.000 toneladas de una pieza clave para ballenas, pingüinos y focas
© Brett Wilks.

El krill forma una biomasa enorme. CCAMLR estima cientos de millones de toneladas en todo el océano Austral y lo considera una especie clave de la cadena alimentaria antártica. Por eso 620.000 toneladas pueden parecer pequeñas a escala continental y, al mismo tiempo, resultar importantes localmente.

Pingüinos, focas y ballenas no recorren todo el océano Austral buscando alimento de manera uniforme. Durante determinadas épocas dependen de concentraciones de krill situadas cerca de colonias y zonas costeras concretas. Y precisamente ahí se encuentra una de las grandes discusiones regulatorias.

Hasta 2024 existían límites que repartían la pesca entre diferentes subáreas: por ejemplo, 155.000 toneladas en 48.1, alrededor de la península Antártica. Esa medida expiró después de que los miembros de CCAMLR no alcanzaran consenso para renovarla. Desde 2025 sigue existiendo el máximo conjunto de 620.000 toneladas, pero sin aquel reparto territorial obligatorio.

El resultado fue inmediato: en 2025 la flota pudo concentrarse mucho más en determinados puntos. Precisamente por eso CCAMLR lleva discutiendo un nuevo modelo que distribuya el esfuerzo pesquero en unidades menores.

Ahora la industria ya ha alcanzado el techo que antes parecía lejano

La fiebre mundial por el omega-3 acaba de llevar la pesca de krill antártico hasta su cuota máxima por segundo año seguido. En ocho meses extrajeron 620.000 toneladas de una pieza clave para ballenas, pingüinos y focas
© Commission for the Conservation of Antarctic Marine Living Resources.

En 2026, según Aker, los barcos operaron a lo largo de aproximadamente 1.000 kilómetros y casi el 90% de las capturas realizadas alrededor de la península Antártica ocurrieron después del 1 de abril, fuera del principal periodo reproductivo de los pingüinos. Es un dato proporcionado por la propia compañía y forma parte de las medidas con las que la industria defiende una explotación compatible con el ecosistema. Pero la presión económica no parece estar desapareciendo.

El krill ya no es únicamente alimento para animales salvajes: es proteína para piscifactorías, ingrediente funcional y una fuente premium de omega-3 para millones de consumidores. Y la temporada 2026 deja una señal difícil de ignorar: durante décadas, las 620.000 toneladas parecían un límite lejano. La flota ya ha demostrado dos años seguidos que puede alcanzarlo.

La próxima batalla ya no será simplemente cuánto krill puede extraerse de la Antártida, sino cómo impedir que una industria cada vez más rápida y eficiente termine compitiendo, en los mismos kilómetros de océano, con los animales que llevan millones de años dependiendo de él.

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