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Ciencia

Perforan una de las zonas más profundas del océano y emergen criaturas nunca antes vistas para la ciencia bajo el lecho marino

Un equipo científico se adentró bajo el fondo del océano y encontró seres vivos en un lugar donde, hasta ahora, nadie esperaba encontrar un ecosistema tan complejo.
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A más de 2.500 metros de profundidad, donde la oscuridad es permanente y las condiciones parecen incompatibles con la vida, los científicos hicieron algo que parecía sencillo pero terminó revelando un mundo completamente inesperado: perforaron la corteza oceánica.

Lo que encontraron en el interior podría obligar a cambiar la forma en que entendemos algunos de los ecosistemas más extremos del planeta. Entre las cavidades ocultas bajo el lecho marino aparecieron organismos que, hasta ahora, se habían relacionado principalmente con las zonas situadas alrededor de las famosas chimeneas hidrotermales.

El hallazgo, publicado en Nature Communications, fue realizado en una región especialmente activa del océano: la Dorsal del Pacífico Oriental. Allí, la actividad volcánica modifica constantemente la corteza terrestre y genera ambientes cargados de calor y compuestos químicos.

Pero esta vez la sorpresa no estaba sobre el fondo marino, sino debajo de él.

Un volcán submarino al borde de estallar en vivo: así se monitorea el Axial Seamount desde las profundidades del Pacífico
© Unsplash – Matthew Stephenson.

Un mundo escondido dentro de la corteza oceánica

La expedición estuvo liderada por las biólogas marinas Monika Bright y Sabine Gollner, quienes trabajaron a bordo de un buque científico del Instituto Oceanográfico Schmidt. Para llegar hasta zonas inaccesibles mediante métodos convencionales utilizaron SuBastian, un vehículo robótico diseñado para explorar las profundidades.

El equipo empleó herramientas de precisión para retirar fragmentos de la corteza y observar qué había en su interior. La operación permitió acceder a pequeñas cavidades atravesadas por fluidos calientes y ricos en sustancias químicas.

Entonces apareció la sorpresa.

En esas estructuras subterráneas encontraron diferentes formas de vida, entre ellas gusanos tubícolas gigantes como Riftia pachyptila, además de caracoles y otros pequeños invertebrados capaces de desplazarse por ese ambiente.

El descubrimiento resulta especialmente llamativo porque estos organismos están adaptados a uno de los entornos más hostiles conocidos. No dependen directamente de la luz solar para obtener energía. En su lugar, mantienen una relación con bacterias capaces de producir materia orgánica a partir de compuestos químicos mediante un proceso conocido como quimiosíntesis.

Hasta ahora, la presencia de estas comunidades se había asociado principalmente con las inmediaciones de las chimeneas hidrotermales, estructuras que expulsan fluidos calientes cargados de sustancias químicas desde el interior de la Tierra.

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© Boukhatala Chamseddine – shutterstock

La nueva investigación apunta a que el ecosistema podría ser mucho más extenso y complejo de lo que mostraban las observaciones realizadas desde el fondo oceánico.

La pista que podría conectar dos mundos

La pregunta que surge ahora es cómo llegaron estos animales hasta cavidades situadas bajo la corteza. Una de las posibilidades planteadas por los investigadores apunta directamente a sus etapas más tempranas de vida.

Las larvas de estos organismos podrían desplazarse a través de los fluidos hidrotermales y aprovechar las conexiones existentes entre diferentes espacios del subsuelo. De esta manera, serían capaces de abandonar una comunidad, recorrer el interior de la corteza y establecerse en otra cavidad.

Si esta hipótesis se confirma, el descubrimiento revelaría algo mucho más importante que un simple refugio para animales extraños.

Significaría que existe una conexión biológica entre los ecosistemas que vemos sobre el lecho marino y otros que permanecen completamente ocultos bajo él. La corteza oceánica podría funcionar, en cierto modo, como una enorme red de túneles y espacios habitables que permiten la circulación y dispersión de organismos.

Además, el hallazgo amplía las posibilidades para estudiar cómo puede sobrevivir la vida en ausencia total de luz. Durante décadas, las chimeneas hidrotermales han sido consideradas uno de los mejores ejemplos de ecosistemas independientes de la energía solar. Ahora, la vida podría estar aprovechando ambientes todavía más profundos y protegidos.

Esto también despierta interés fuera de la Tierra. Los organismos capaces de prosperar mediante reacciones químicas, sin depender de la luz solar, ofrecen pistas sobre qué tipo de vida podría existir en otros mundos con condiciones extremas.

Lugares como algunas lunas heladas del sistema solar, donde podría haber océanos ocultos bajo capas de hielo, se convierten así en escenarios especialmente interesantes para la astrobiología.

Un ecosistema que apenas comienza a revelarse

El descubrimiento también plantea una advertencia. Buena parte de los océanos profundos continúa siendo prácticamente desconocida, y muchos de sus ecosistemas permanecen fuera del alcance de las exploraciones habituales.

Encontrar vida dentro de la propia corteza demuestra que observar únicamente la superficie del fondo marino puede ofrecer una imagen incompleta de lo que realmente ocurre bajo nuestros pies.

Para los investigadores, continuar explorando estos ambientes será fundamental para determinar hasta dónde se extienden estos ecosistemas, qué especies los habitan y cómo se conectan entre sí.

También será necesario evaluar su vulnerabilidad ante futuras actividades humanas. La existencia de comunidades biológicas en lugares que durante mucho tiempo se consideraron casi inhabitables demuestra que incluso las regiones más remotas del océano pueden albergar ecosistemas únicos.

A miles de metros bajo la superficie, en completa oscuridad y protegidos dentro de la corteza terrestre, la vida parece haber encontrado otra forma de abrirse camino. Y lo más desconcertante es que este mundo oculto podría ser mucho más grande de lo que los científicos imaginaban.

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