Durante 76 años hubo una respuesta sencilla para cualquiera que preguntara cuántos planetas tenía el Sistema Solar: nueve. Mercurio, Venus, Tierra, Marte, Júpiter, Saturno, Urano, Neptuno y, en el extremo más lejano, Plutón.
Todo cambió el 24 de agosto de 2006.
Ese día, la Unión Astronómica Internacional (UAI) aprobó una definición formal de planeta que exigía tres condiciones: orbitar alrededor del Sol, tener suficiente gravedad para adquirir una forma aproximadamente esférica y haber “limpiado el vecindario” de su órbita, es decir, dominar gravitatoriamente la región por la que se desplaza. Plutón cumple las dos primeras. No la tercera.
El resultado fue famoso: el Sistema Solar pasó de nueve planetas a ocho. Pero veinte años después, el periodista científico Robert Lea plantea en Space.com otra manera de mirar aquella decisión. Plutón no simplemente perdió una categoría. Ayudó a crear una completamente nueva.
El verdadero problema apareció cuando encontramos otro Plutón

La discusión no comenzó porque los astrónomos decidieran repentinamente que Plutón era demasiado pequeño.
El detonante fue Eris.
Descubierto a partir de imágenes obtenidas en 2003 y anunciado en 2005, aquel mundo transneptuniano resultó comparable en tamaño a Plutón. Si Plutón era un planeta, parecía difícil explicar por qué Eris no debía serlo también. Y detrás empezaban a aparecer más objetos similares. NASA reconoce precisamente que el descubrimiento de Eris fue uno de los acontecimientos que desencadenaron el debate que terminó en la nueva definición.
Durante la reunión de la UAI en Praga ocurrió algo todavía más curioso: la primera propuesta no eliminaba a Plutón, sino que ampliaba el Sistema Solar a 12 planetas, incluyendo Ceres, Eris y Caronte. Además, dejaba abierta la posibilidad de añadir muchos más posteriormente.
La versión que finalmente ganó fue otra. El requisito de dominar la órbita dejó ocho planetas y creó oficialmente la categoría de planeta enano.
Plutón no está solo: oficialmente ya son cinco
Hoy la NASA enumera cinco planetas enanos reconocidos oficialmente: Ceres, Plutón, Haumea, Makemake y Eris. Ceres vive en el cinturón de asteroides entre Marte y Júpiter; los otros cuatro pertenecen a las regiones exteriores del Sistema Solar. Y cinco podría ser apenas el comienzo.
La propia NASA señala que podrían existir más de 100 planetas enanos esperando ser identificados. Esa cifra ayuda a entender el dilema de 2006: bajo definiciones alternativas, una parte importante de esos objetos podría terminar incorporándose algún día a la lista de planetas.
Eso no significa que la definición actual sea indiscutible. Algunos científicos planetarios continúan cuestionando especialmente el requisito de haber limpiado la órbita y defienden clasificaciones basadas en las propiedades físicas del propio mundo. La discusión sobre qué merece llamarse planeta, por tanto, sigue abierta.
Perder una palabra no hizo a Plutón menos extraño

La reclasificación tampoco redujo el interés científico por Plutón. En julio de 2015, New Horizons pasó a solo unos 12.500 kilómetros de su superficie y reveló un mundo mucho más complejo de lo esperado: montañas de hielo, enormes llanuras, una atmósfera tenue y una actividad geológica sorprendente para un objeto tan pequeño y distante.
Ceres recibió después una exploración detallada de Dawn, mientras Haumea resultó tener una forma extremadamente alargada y hasta un anillo. Makemake posee al menos una luna y Eris continúa siendo uno de los objetos más grandes conocidos más allá de Neptuno.
Visto así, aquella votación de 2006 no redujo realmente el Sistema Solar de nueve mundos interesantes a ocho. Hizo algo bastante más extraño: convirtió al noveno planeta en el primer miembro famoso de una familia que quizá contenga más de cien.