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Ciencia

Ptolomeo la ubicó entre las trece estrellas más brillantes del cielo hace casi 2.000 años: ahora la ciencia confirma que no se equivocó, brilló 10 veces más durante un milenio

Durante más de cien años, los astrónomos sospecharon que los observadores de la Antigüedad habían cometido un error. Hoy Theta Eridani apenas alcanza magnitud 2,9, un brillo modesto. Pero un nuevo estudio con datos de los telescopios más avanzados del mundo llegó a una conclusión inesperada: los antiguos tenían razón, y detrás de ese fulgor perdido hay un cataclismo estelar que duró mil años
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En el año 137 d.C., Claudio Ptolomeo incluyó en su Almagesto una lista de las estrellas más luminosas del firmamento. Entre las trece que recibieron la máxima calificación, magnitud 1, figuraba Theta Eridani, también conocida como Acamar, en la constelación de Erídano.

Un siglo después, el astrónomo persa Al Sufí ratificó esa misma categoría en su Libro de las estrellas fijas, del año 964. Incluso Hiparco ya la había descrito como particularmente brillante en el año 129 antes de Cristo.

El problema es que cualquier observador actual ve algo muy distinto. Theta Eridani hoy tiene magnitud 2,9, muy lejos de las verdaderas gigantes del cielo nocturno. Como la escala de magnitudes es logarítmica, esa diferencia equivale a que la estrella era casi diez veces más brillante en la Antigüedad que ahora.

Un equipo liderado por Idel Waisberg y Boaz Katz cuantificó la discrepancia con precisión: comparando los catálogos antiguos con las mediciones modernas del satélite Hipparcos, encontraron una diferencia de 2,7 magnitudes respecto al registro de Ptolomeo, la mayor entre las 1.000 estrellas del Almagesto, y de 2,4 magnitudes respecto al de Al Sufí.

Las hipótesis descartadas una por una

Estrellas
© Olena Bohovyk – Unsplash

La explicación más repetida durante décadas era la confusión con otra estrella, Alpha Eridani o Achernar, hoy la novena más brillante del cielo. Pero Achernar era invisible desde las latitudes de Grecia, Egipto y Persia en aquella época debido a la precesión de los equinoccios, y tanto Ptolomeo como Al Sufí describieron con detalle la posición de Theta Eridani respecto a estrellas vecinas.

Tampoco se sostiene la idea de un error de transcripción, una letra griega mal copiada que convirtiera una magnitud baja en una alta. Ptolomeo menciona explícitamente a Theta Eridani como brillante en otra de sus obras, y Al Sufí, que revisó muchas magnitudes de su predecesor, mantuvo esa calificación pese a haber observado la estrella personalmente.

Quedaba la hipótesis de la extinción atmosférica: como Theta Eridani se eleva muy poco sobre el horizonte desde el hemisferio norte, su luz atraviesa una capa de atmósfera más gruesa que la debilita, y los antiguos podrían haber sobrecorregido ese efecto. Pero el análisis estadístico de los catálogos mostró que otras estrellas australes con problemas similares, como Canopo o Alfa Centauri, no fueron sobrestimadas.

Un sistema triple al borde de fusionarse

Para resolver el enigma, los investigadores estudiaron a fondo la naturaleza física de Theta Eridani. No es una sola estrella sino un sistema triple. La componente principal es a su vez una binaria muy cercana, formada por dos estrellas blancas con 2,33 y 2,19 masas solares que orbitan a apenas 12,4 millones de kilómetros de distancia, completando una vuelta cada 4,1 días.

Con datos de interferometría del Very Large Telescope Interferometer, espectroscopía de alta resolución y fotometría del satélite TESS, el equipo calculó que los radios de ambas estrellas representan entre el 74% y el 80% del tamaño de sus respectivos lóbulos de Roche, la región donde la gravedad de cada estrella puede retener materia. En el punto más cercano de su órbita, las estrellas casi llegan a tocar ese límite.

Cómo una envolvente común pudo iluminar el cielo durante un milenio

El mecanismo que proponen los autores, detallado en el artículo publicado en arXiv, combina evolución estelar y física orbital. La estrella primaria acaba de agotar el hidrógeno de su núcleo y duplicó su radio al entrar en la fase de subgigante. Los investigadores calculan que la energía necesaria para que el sistema brillara diez veces más durante mil años, unos 2×10⁴⁷ ergios, es comparable a la energía orbital actual del binario.

La hipótesis plantea que, en el pasado, la órbita era mucho más excéntrica. En su punto más cercano, la estrella primaria ya expandida llenó su lóbulo de Roche y comenzó a transferir masa hacia la secundaria. Ese proceso habría generado una envolvente común, una nube de gas caliente y opaca de muy poca masa pero muy extensa, que reprocesó la energía extraída de la órbita y emitió una radiación que hizo brillar al sistema diez veces más en el rango visible durante siglos.

La masa total expulsada durante ese milenio habría sido de apenas 0,05 masas solares. El proceso se detuvo cuando la disipación de energía redujo la excentricidad de la órbita y cesó el desbordamiento, dejando el sistema con la excentricidad residual que se observa hoy.

La huella que dejó el pasado en la rotación de las estrellas

Una de las pruebas más sugerentes a favor de esta hipótesis está en la rotación. Las estrellas del binario giran sobre sí mismas cada 2 días, más rápido que su período orbital de 4,1 días, un desajuste que los investigadores interpretan como el rastro de una órbita anterior mucho más excéntrica.

Los autores estiman que un evento de este tipo tiene una probabilidad de apenas una entre un millón durante la vida de una estrella. Que haya ocurrido en una de las mil estrellas visibles a simple vista es, según describen, un golpe de suerte astronómico. Sondeos futuros como el LSST podrían ayudar a identificar otros casos similares ocultos en los datos, aunque probablemente menos espectaculares que el de Theta Eridani.

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