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Ciencia

Rapa Nui y Hawái están separadas por 7.000 kilómetros de océano. Un estudio del ADN acaba de revelar un vínculo inesperado entre sus primeros habitantes

Un estudio de Science encontró una sorprendente conexión genética entre Rapa Nui y Hawái, dos islas separadas por 7.000 kilómetros. El ADN de más de mil personas está revelando cómo los antiguos polinesios conquistaron el Pacífico.
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Mucho antes de que existieran las brújulas modernas, los motores o los sistemas de navegación por satélite, los pueblos polinesios ya cruzaban miles de kilómetros de océano abierto. Sus embarcaciones alcanzaron algunas de las islas más aisladas del planeta, siguiendo rutas que todavía hoy plantean numerosas preguntas a los historiadores. Ahora, una investigación genética acaba de encontrar una conexión que ayuda a reconstruir parte de aquellas travesías.

Rapa Nui y Hawái están separadas por aproximadamente 7.000 kilómetros de océano Pacífico. Sin embargo, al analizar el ADN de sus poblaciones, un equipo internacional descubrió que sus habitantes presentan una afinidad genética excepcionalmente estrecha, mucho mayor de lo que podría sugerir semejante distancia.

El hallazgo, publicado el 8 de octubre de 2026 en la revista Science, apunta a que los grupos fundadores de ambas islas procedían de una población ancestral relacionada con Mangareva, en la Polinesia Francesa. Una historia que demuestra hasta dónde llegaron las capacidades de navegación de aquellos pueblos.

El ADN encontró una conexión entre dos islas que parecían estar en extremos opuestos del mundo

Rapa Nui y Hawái están separadas por 7.000 kilómetros de océano. Un estudio del ADN acaba de revelar un vínculo inesperado entre sus primeros habitantes
El equipo, integrado por especialistas de diferentes instituciones internacionales y con participación del investigador chileno Mauricio Moraga, descubrió que las poblaciones de Rapa Nui y Hawái comparten segmentos cromosómicos heredados de antepasados comunes. © Heritage Sites.

Para reconstruir las antiguas migraciones, los investigadores analizaron información genómica de 1.050 personas pertenecientes a distintas poblaciones polinesias, incluidas comunidades de Rapa Nui, Hawái, Samoa y Tonga.

El equipo, integrado por especialistas de diferentes instituciones internacionales y con participación del investigador chileno Mauricio Moraga, descubrió que las poblaciones de Rapa Nui y Hawái comparten segmentos cromosómicos heredados de antepasados comunes. Según el estudio original publicado en Science, titulado Message in a bottleneck: Nested founder effects from French Polynesia to Rapa Nui and Hawaiʻi, los resultados son compatibles con la hipótesis de que ambas islas fueron pobladas por grupos de navegantes estrechamente emparentados, con raíces ancestrales anteriores en Mangareva.

Los autores plantean que aquellos grupos pertenecían a una tradición de navegación de grandes distancias, denominada Holomoana Nui, expresión que hace referencia a las grandes travesías oceánicas. Pero existe una distinción importante. La genética permite identificar parentescos entre poblaciones y proponer movimientos migratorios, aunque no demuestra que los mismos individuos viajaran directamente desde Rapa Nui hasta Hawái.

La Universidad de Chile, que participó en la investigación, recuerda que las conexiones detectadas reflejan ascendencia compartida, no necesariamente una ruta marítima directa entre ambas islas.

Una especie de muñeca rusa genética revela cómo se pobló el océano Pacífico

Rapa Nui y Hawái están separadas por 7.000 kilómetros de océano. Un estudio del ADN acaba de revelar un vínculo inesperado entre sus primeros habitantes
La Hōkūleʻa, una embarcación tradicional de doble casco utilizada para recuperar y preservar los conocimientos de navegación polinesia. © Polynesian Voyaging Society.

La investigación también identificó un fenómeno conocido como efecto fundador. Cuando un pequeño grupo abandona una comunidad para establecerse en otro territorio, transporta consigo solo una parte de la diversidad genética original. Si generaciones después algunos de sus descendientes vuelven a emigrar, el proceso se repite. Así, cada nueva población conserva una fracción de la diversidad anterior, como si se tratara de muñecas rusas cada vez más pequeñas.

El artículo científico de Science señala que Rapa Nui y Hawái presentan algunas de las señales más intensas de estos efectos fundadores acumulativos. Los investigadores encontraron reducciones de diversidad genética que, en determinados análisis, superan ampliamente las observadas en poblaciones europeas conocidas por su aislamiento histórico.

Los resultados complementan una investigación publicada en Nature en 2021, que ya había reconstruido parte del poblamiento secuencial de la Polinesia oriental y situado la llegada a Rapa Nui aproximadamente hacia el año 1200.

El descubrimiento también podría cambiar cómo se estudian las enfermedades hereditarias

Rapa Nui y Hawái están separadas por 7.000 kilómetros de océano. Un estudio del ADN acaba de revelar un vínculo inesperado entre sus primeros habitantes
Mangareva, en el archipiélago de las Gambier, Polinesia Francesa. Los investigadores relacionan las poblaciones fundadoras de Rapa Nui y Hawái con antepasados procedentes de esta región. © Airpano.

El trabajo no se limitó a reconstruir antiguas migraciones. Los investigadores identificaron tres variantes genéticas asociadas a enfermedades recesivas que presentan frecuencias relativamente elevadas en poblaciones estudiadas de la Polinesia Francesa.

Una de ellas afecta al gen FAN1 y está relacionada con una enfermedad renal poco frecuente. La variante apareció con una frecuencia superior al 1% en la cohorte analizada, pero no figuraba en gnomAD, una de las principales bases internacionales de variación genética.

El hallazgo expone una limitación importante de la medicina genómica: las poblaciones indígenas del Pacífico continúan estando infrarrepresentadas en numerosos estudios de referencia. Según Mauricio Moraga, investigador de la Universidad de Chile, identificar estas variantes podría mejorar el diagnóstico y el asesoramiento genético. Sin embargo, advierte que los resultados clínicos obtenidos en la Polinesia Francesa no deben extrapolarse automáticamente a la población rapanui.

El estudio aporta así dos perspectivas de una misma historia. Por un lado, revela que pueblos separados por miles de kilómetros mantienen vínculos ancestrales extraordinarios. Por otro, demuestra que aquellas migraciones siguen dejando huellas biológicas con relevancia para la salud de sus descendientes.

Durante siglos, el océano Pacífico pareció una barrera inmensa entre territorios aislados. La genética está mostrando algo diferente: para los antiguos navegantes polinesios, aquel océano también fue una red de caminos que conectó comunidades situadas en los extremos del mundo.

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