Reconstrucción de la cara de John Bellingham cuando fue ejecutado en 1812
Photo: Queen Mary Forensic Museum

Uno de los objetos m√°s extra√Īos del Museo Queen Mary de Patolog√≠a en Londres es un cr√°neo humano con la inscricpci√≥n ‚Äú159 Bellingham‚ÄĚ. Se trata de la calavera de uno de los asesinos m√°s populares de Inglaterra en el siglo XIX. Hoy, gracias a las t√©cnicas de reconstrucci√≥n facial, sabemos c√≥mo era su rostro real.

No es que Bellingham protagonizara ning√ļn reguero de muertes como el de Jack el Destripador, pero tiene en su haber el dudoso m√©rito de haber sido el √ļnico en asesinar con √©xito a un primer ministro brit√°nico. El 11 de mayo de 1812, este hombre de negocios en bancarrota dispar√≥ a Spencer Perceval en su propia oficina del Palacio de Wensmister. Solo cuatro d√≠as m√°s tarde el magnicida fue ejecutado en la horca.

Ilustración de la época que muestra el asesinato del primer ministro
Image: St. Neots Museum

En aquella época era costumbre estudiar los cadáveres de estos asesinos para que al menos aportaran algo a la ciencia. Esa es la razón por la que sus restos terminaron en el Museo Queen Mary, donde todavía se pueden visitar.

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El museo ha encargado recientemente al artista Hew Morrison una reconstrucción del rostro de Bellingham. El trabajo es bastante más complejo que poner trozos de masilla sobre un cráneo. Las medidas de elementos como la cavidad nasal o los huecos oculares son los que sirven para calcular la posición y características de los ojos, las cejas o la nariz.

Photo: Queen Mary Forensic Museum

Cuando, como en este caso, faltan dientes se calcula la posición y grosor del labio superior midiendo el grosor del esmalte dental. Normalmente los artistas forenses como Morrison estudian los antecedentes familiares del modelo así como sus características etnográficas. Para esa tarea se analizaron miles de rostros de hombres británicos de la misma edad y características que Bellingham.

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Aunque era culpable de un asesinato, Morrison no quiso dotar a su reconstrucción de ninguna expresión torva o amenazante y ha optado por una completamente neutral. El peinado y la indumentaria son los característicos de la época. Todo el proceso es un fascinante ejercicio que combina arte y ciencia. [Queen Mary University of London]