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Ciencia

Revelan un proceso biológico oculto bajo el hielo del Ártico. Bacterias desconocidas están transformando el nitrógeno y podrían cambiar el futuro del océano

Durante décadas, se creyó imposible que la vida microbiana pudiera fijar nitrógeno bajo el hielo polar. Pero un equipo internacional descubrió que ciertas bacterias del Ártico lo hacen en silencio, alimentando a las algas que sostienen toda la cadena de vida marina. El hallazgo reescribe lo que sabíamos sobre el equilibrio ecológico del Polo Norte.
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A simple vista, el Ártico parece un desierto blanco, un territorio condenado a la quietud. Pero bajo su hielo, un proceso invisible está ocurriendo sin descanso. Allí, en las aguas más frías del planeta, un grupo de bacterias desconocidas realiza un trabajo silencioso: transformar el nitrógeno del océano en alimento para las algas que sostienen la vida marina. Y ese descubrimiento podría cambiar el futuro biológico del planeta.

La vida escondida bajo el hielo

El Ártico guarda un secreto bajo el hielo. Descubren bacterias que crean fertilizante natural para las algas y podrían reconfigurar la vida marina del futuro
© Unsplash – Naja Bertolt Jensen.

Bajo la superficie blanca y aparentemente inmóvil del Océano Ártico ocurre algo que los científicos no habían visto nunca. Entre las capas de hielo, en un entorno donde el nitrógeno escasea y la luz apenas penetra, un grupo de bacterias anónimas trabaja sin descanso. Su tarea: transformar el nitrógeno gaseoso del agua en una forma aprovechable por las algas, los diminutos cimientos de toda la vida marina.

El hallazgo fue liderado por investigadores de la Universidad de Copenhague, en Dinamarca, y publicado en Communications Earth & Environment. Por primera vez, se demostró que la fijación de nitrógeno —un proceso que se creía imposible en esas condiciones extremas— ocurre incluso bajo el hielo marino del Ártico central.

La microbióloga Lisa von Friesen, autora principal del estudio, lo resumió con una frase que suena casi a rectificación científica: “Hasta ahora se creía que la fijación de nitrógeno no podía ocurrir bajo el hielo marino. Nos equivocamos.”

El milagro invisible del nitrógeno

La fijación de nitrógeno es uno de los procesos más esenciales de la vida en la Tierra. En ella, ciertas bacterias convierten el nitrógeno gaseoso (N₂) en amonio, una molécula que las algas y otras plantas microscópicas pueden utilizar para crecer.

En la mayoría de los océanos, este trabajo lo realizan cianobacterias, pero en el Ártico el papel lo asumen bacterias distintas: no cianobacterianas, adaptadas a temperaturas cercanas al punto de congelación. Estas diminutas arquitectas biológicas fueron detectadas tanto bajo el hielo como en las zonas donde el deshielo es más activo. Y cuanto más se derretía el hielo, mayor era su actividad.

Las implicaciones son profundas. Si hay más nitrógeno disponible, habrá más algas. Y si hay más algas, toda la cadena alimentaria —desde los crustáceos hasta los peces y mamíferos marinos— podría fortalecerse en una región donde el alimento suele escasear.

El hielo que fertiliza el mar

El Ártico guarda un secreto bajo el hielo. Descubren bacterias que crean fertilizante natural para las algas y podrían reconfigurar la vida marina del futuro
© Unsplash – Keith Tanner.

Los investigadores tomaron muestras durante dos expediciones científicas a bordo de los barcos IB Oden y RV Polarstern, recorriendo el mar al norte de Svalbard y el noreste de Groenlandia. En trece puntos diferentes, midieron tasas sorprendentemente altas de fijación de nitrógeno.

Esto sugiere que el Ártico no es el desierto biológico que se imaginaba, sino un ecosistema dinámico que utiliza sus propios mecanismos para sobrevivir al frío extremo. Las bacterias dependen de materia orgánica disuelta —restos de las algas que ellas mismas ayudan a nutrir—, creando un ciclo cerrado de simbiosis invisible.

A medida que el hielo se derrite por el cambio climático, este proceso podría intensificarse. Más zonas expuestas al agua significan más luz, más actividad bacteriana y, por tanto, más nitrógeno disponible. En otras palabras: el propio deshielo podría estar fertilizando el océano.

Consecuencias para el CO₂ y el clima

El descubrimiento también cambia lo que creíamos sobre el papel del Ártico en el ciclo del carbono. Las algas no solo alimentan a los ecosistemas marinos; también capturan dióxido de carbono (CO₂) de la atmósfera durante su crecimiento. Cuando mueren, parte de su biomasa se hunde al fondo del mar, atrapando el carbono y reduciendo su presencia en el aire.

El profesor Lasse Riemann, coautor del estudio, lo explicó con prudencia: “Si la producción de algas aumenta, el océano Ártico absorberá más CO₂. Pero los sistemas biológicos son complejos y es difícil hacer predicciones firmes.”

La paradoja es evidente: el mismo calentamiento global que destruye el hielo podría aumentar la capacidad del océano para absorber carbono. Pero los investigadores advierten que el equilibrio es frágil; cualquier cambio brusco en la temperatura o en la química del agua podría romperlo.

Reescribiendo el mapa del Ártico

El Ártico guarda un secreto bajo el hielo. Descubren bacterias que crean fertilizante natural para las algas y podrían reconfigurar la vida marina del futuro
© Unsplash – Bartek Luks.

El equipo científico, integrado por expertos de ocho instituciones europeas, cree que la fijación de nitrógeno debe incorporarse a los modelos climáticos y ecológicos del futuro. Hasta ahora, los cálculos sobre la productividad marina en el Ártico subestimaban el aporte de estas bacterias.

Si los resultados se confirman, el Polo Norte podría ser más fértil de lo que imaginábamos, un laboratorio biológico capaz de sostener más vida a medida que el hielo retrocede. Sin embargo, nadie sabe cuánto durará ese equilibrio ni qué pasará cuando el deshielo sea total.

El océano que respira bajo el hielo

Durante siglos, el Ártico se consideró un territorio inmóvil, condenado al silencio del hielo. Hoy sabemos que bajo esa capa helada late un proceso biológico complejo, donde microorganismos invisibles mantienen vivo un océano que respira a su propio ritmo.

Quizás el mayor descubrimiento no sea que la vida persiste bajo el hielo, sino que nunca dejó de hacerlo. Y que, en su quietud, el Ártico sigue recordándonos que incluso en los lugares más fríos del planeta, la Tierra continúa reinventándose.

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