Durante décadas, los científicos observaron cómo una enorme masa de agua que nace cerca de la Antártida se volvía progresivamente menos salada. Era un proceso relacionado con el hielo marino que se forma durante el invierno austral y se derrite cuando regresan las temperaturas más cálidas. Sin embargo, algo comenzó a cambiar alrededor de 2016. La cantidad de hielo marino disminuyó de forma drástica y, contra lo que podría parecer intuitivo, algunas aguas del océano Austral comenzaron a volverse más saladas y densas.
Ahora, una investigación publicada en Nature Climate Change confirma que la pérdida de hielo marino está modificando una parte fundamental del sistema de circulación oceánica del hemisferio sur. Y sus consecuencias podrían extenderse mucho más allá de la Antártida.
El hielo de la Antártida está desapareciendo y el océano responde de una forma inesperada
Cada invierno, enormes extensiones del océano Austral se congelan. Cuando llega el verano, buena parte de ese hielo se derrite y libera agua dulce, reduciendo la salinidad del agua circundante.
Durante aproximadamente dos décadas, este proceso contribuyó a que una masa oceánica conocida como Agua Intermedia Antártica, o AAIW, se volviera menos salada. Pero, según el estudio original publicado el 28 de octubre, esa tendencia se invirtió después de 2015.

Los investigadores encontraron que la reducción de la superficie congelada también disminuyó la cantidad de agua dulce liberada durante el verano. Como consecuencia, el agua intermedia empezó a hacerse más salada. El cambio puede parecer pequeño, pero afecta a una masa oceánica gigantesca que conecta las regiones polares con zonas mucho más cercanas al ecuador.
Una masa de agua fundamental para el planeta está cambiando rápidamente
El equipo científico estuvo integrado por investigadores del Instituto Indio de Ciencia y las universidades de Melbourne y Southampton. Para estudiar el fenómeno utilizaron información de satélites y mediciones de temperatura y salinidad obtenidas mediante el programa internacional Argo, una red de aproximadamente 4.000 flotadores robóticos que recorren los océanos. Según la Universidad de Southampton, las observaciones muestran que, entre 2016 y 2024, el Agua Intermedia Antártica se volvió más salada, densa y profunda.
Los investigadores calcularon un aumento de salinidad de aproximadamente 0,0048 gramos por kilogramo de agua por década. Aunque la cifra resulte diminuta, su importancia radica en la extensión del fenómeno y en la función que cumple esta masa de agua.
El Agua Intermedia Antártica participa en el transporte de calor, oxígeno, carbono y agua dulce entre diferentes regiones oceánicas. Por eso, cualquier modificación sostenida de sus propiedades puede alterar el funcionamiento de la circulación global.

El descubrimiento podría cambiar las previsiones sobre el calentamiento de los océanos
Una de las principales preocupaciones es que el aumento de densidad modifique la distribución vertical del agua oceánica. Esa distribución influye en cómo se transporta y almacena el calor, además de regular el intercambio de sustancias entre diferentes profundidades. La Universidad de Melbourne advierte que estos cambios podrían indicar que algunos modelos climáticos subestiman la evolución futura del calentamiento oceánico y del nivel del mar.
Los científicos también destacaron la velocidad con la que ocurrió la transformación. Cambios comparables en las propiedades de estas aguas se han asociado anteriormente con grandes transiciones climáticas naturales que transcurrieron durante miles de años. Sin embargo, la inversión observada recientemente ocurrió en aproximadamente una década. Eso no significa que el océano vaya a experimentar un colapso inmediato ni que las consecuencias estén completamente determinadas.
El estudio proporciona evidencia de un cambio físico importante, pero todavía será necesario investigar cómo evolucionará durante las próximas décadas. Lo que resulta evidente es que la pérdida del hielo antártico no afecta únicamente a la superficie visible del continente. También está modificando aguas que circulan a cientos de metros de profundidad y que ayudan a regular el clima de todo el planeta.