Un gigantesco pez introducido en un embalse español podría estar detrás de uno de los cambios ecológicos más llamativos registrados en la región. Se trata del siluro europeo (Silurus glanis), una especie invasora capaz de superar los dos metros de longitud y convertirse en uno de los principales depredadores de los ecosistemas de agua dulce.
Una investigación de la Universidad de Córdoba reveló que las capturas de peces en el embalse de Iznájar, el mayor de Andalucía, se desplomaron aproximadamente un 76% entre 2008 y 2025.
El estudio, publicado en octubre de 2026 en la revista científica Fisheries Management and Ecology, señala que la expansión del siluro coincide con una transformación profunda de la actividad pesquera, aunque todavía no permite demostrar una relación causal definitiva.
Un experimento de 17 años reveló una caída alarmante
El investigador Carlos Fernández-Delgado analizó los registros de 175 concursos de pesca organizados por la Sociedad Deportiva de Pescadores de Rute entre 2008 y 2025.
Estas competiciones mantenían reglas similares: los participantes capturaban los peces, los pesaban y posteriormente los devolvían al agua. Gracias a esta metodología, los registros permitieron comparar la evolución de las capturas durante casi dos décadas.
Los resultados fueron contundentes: en 2008 se capturaban aproximadamente 4,6 kilogramos por pescador y hora, mientras que en 2025 la cifra había descendido a apenas 1,1 kilogramos.
Además, la proporción de participantes que terminaban sin capturar ningún pez aumentó del 2,7% al 39,5%.

El siluro: un depredador que podría haber cambiado las reglas
El mayor descenso se produjo entre 2008 y 2012. Después, las capturas permanecieron en niveles considerablemente inferiores, sin mostrar una recuperación sostenida.
Los investigadores analizaron posibles explicaciones, incluyendo las precipitaciones, el nivel del embalse y diferentes indicadores de calidad del agua.
Sin embargo, estas variables no explicaron satisfactoriamente la magnitud del cambio registrado.
La principal hipótesis apunta a la introducción del siluro, cuya presencia fue documentada oficialmente en Iznájar en 2011, aunque existen testimonios de pescadores que aseguran haberlo observado desde 2003. Su enorme tamaño, capacidad de depredación y posición dominante en la cadena alimentaria lo convierten en un candidato para explicar el deterioro de la pesca tradicional.
No obstante, la coincidencia temporal no demuestra por sí sola que el siluro haya provocado toda la disminución.
El problema también amenaza a las especies autóctonas
La investigación revela otro detalle: la mayoría de los peces contabilizados durante las competiciones eran carpas, una especie que tampoco es originaria de estos ecosistemas.
Aproximadamente el 91,9% de los ejemplares registrados pertenecía a esta especie, mientras que los barbos autóctonos representaban alrededor del 8%. Esto plantea un problema ecológico más amplio: la introducción de nuevas especies puede modificar comunidades que ya habían sido alteradas por invasiones anteriores.
Además, el siluro continúa expandiéndose por la cuenca del Guadalquivir, donde otros estudios advierten sobre posibles amenazas para la biodiversidad y los ecosistemas vinculados a Doñana.
Un daño ecológico que podría ser difícil de revertir
La presencia consolidada del siluro representa un desafío para las autoridades ambientales españolas. Su eliminación completa resulta especialmente complicada en grandes embalses, donde puede reproducirse y desplazarse por extensas superficies.
Por eso, los especialistas plantean medidas de control poblacional y vigilancia para limitar su expansión hacia otras zonas.
El caso de Iznájar demuestra que una especie introducida puede coincidir con transformaciones ecológicas duraderas, cuyos efectos tardan años en comprenderse.
Y deja una advertencia: cuando un gran depredador invasor consigue establecerse, recuperar el equilibrio anterior puede convertirse en una tarea extremadamente difícil.