Tener hijos no parece afectar de la misma manera a madres y padres. Un estudio realizado en España encontró que la maternidad se relaciona con cambios importantes en distintos indicadores de salud, especialmente en la actividad física, mientras que entre los hombres las diferencias entre padres y quienes no tienen hijos son mucho menores.
Convertirse en padre o madre implica cambios profundos en la vida cotidiana. Pero esos cambios no parecen repartirse de forma igualitaria.
Un equipo encabezado por Anna Barbuscia, investigadora de la Universidad del País Vasco y de Ikerbasque, analizó cómo convivir con hijos menores se relaciona con la salud física y mental de hombres y mujeres en España. Para hacerlo utilizaron datos de las Encuestas Europeas de Salud en España de 2015 y 2020, con información de más de 19.000 personas de entre 18 y 55 años.
En los padres cambia muy poco
Los investigadores estudiaron indicadores como síntomas depresivos, percepción del estado general de salud, actividad física, consumo de alcohol y tabaquismo. El resultado más llamativo fue la diferencia entre hombres y mujeres.
Entre los hombres, tener hijos, su número o su edad apenas se relacionó con cambios importantes en la mayoría de los indicadores analizados. En las mujeres, en cambio, aparecieron diferencias claras dependiendo tanto de si tenían hijos como de la edad y cantidad de estos.
Los autores interpretan esta desigualdad en relación con factores biológicos, pero también sociales, especialmente con el reparto desigual de las tareas de cuidado y domésticas.

Las madres hacen mucho menos ejercicio
La actividad física es uno de los puntos donde la diferencia resulta especialmente evidente. En términos generales, los hombres ya practicaban ejercicio con mayor frecuencia que las mujeres. Pero la distancia aumentaba después de tener hijos.
Las mujeres sin hijos presentaban una probabilidad de realizar actividad física regular cercana al 30%, mientras que entre las madres con niños pequeños descendía aproximadamente hasta el 16%. Entre los hombres, por el contrario, convertirse en padre modificaba mucho menos esta tendencia.
Según los investigadores, una posible explicación es sencilla: cuidar de los hijos reduce el tiempo disponible para realizar actividades destinadas al propio bienestar, y esa pérdida de tiempo recae especialmente sobre las mujeres.
También aparecen diferencias en salud mental
El estudio encontró además variaciones en los síntomas depresivos.
Las mujeres con un solo hijo mostraron probabilidades más elevadas de presentar estos síntomas, cercanas al 20%, frente a cifras de alrededor del 13% entre mujeres sin hijos o con dos o más descendientes.
La edad también parecía influir: entre las madres, los síntomas depresivos aumentaban conforme crecía la edad del hijo menor y alcanzaban los valores más elevados entre quienes convivían con adolescentes. Entre los hombres, nuevamente, los cambios eran mucho menores.

No significa que la maternidad sea la causa
Hay una limitación importante. El estudio es transversal, es decir, compara personas en un momento determinado y no sigue su salud antes y después de convertirse en padres.
Por tanto, los investigadores no pueden afirmar que tener hijos cause directamente esos cambios. El trabajo muestra asociaciones entre la estructura familiar y la salud, no una relación de causa y efecto.
La corresponsabilidad también es una cuestión de salud
Para los autores, los resultados tienen implicaciones que van más allá de la familia. Si las madres disponen sistemáticamente de menos tiempo para hacer ejercicio, descansar o cuidar su propia salud, las políticas de conciliación deberían contemplar también esa dimensión.
El estudio, publicado en Journal of Family Studies, plantea así una conclusión clara: la experiencia de tener hijos puede estar asociada a consecuencias de salud muy diferentes para hombres y mujeres.
La corresponsabilidad, por tanto, no solo afecta al reparto de tareas. También puede convertirse en una cuestión de salud.